Cáritas reclama que la vivienda deje de ser un factor de exclusión

Cáritas reclama que la vivienda deje de ser un factor de exclusión
La secretaria general de Cáritas Española, María González Dyne, defendió este miércoles que la vivienda debe abordarse como un derecho esencial de la persona y no como un bien sujeto a las reglas del mercado, en la presentación del informe “La vivienda imposible: Del alquiler inaccesible al realquiler de supervivencia”, elaborado por la Fundación Foessa.

González Dyne defendió “la lógica del bien común” frente a la lógica del mercado ordinario en la que el acceso a un derecho básico termina por depender de “la capacidad económica de la persona”.

A las puertas de una huelga general inédita, como la del 11N, y unas elecciones generales decisivas para el futuro del país, la portavoz de la principal red de atención humanitaria de la Iglesia hizo un llamamiento a los responsables políticos a mantener “una conversación serena basada en la realidad de las personas”, para afrontar la crisis de la vivienda.

En este sentido, defendió un modelo que garantice este derecho como un elemento de dignidad y cohesión social, de modo que la vivienda “deje de ser un factor de exclusión y se convierta en una garantía de dignidad, de igualdad de oportunidades y de cohesión social”.

A partir de análisis de los datos y tendencias recogidos por la fundación FOESSA, así como los testimonios extraídos por la propia Cáritas en el acompañamiento a la población más vulnerable,  González Dyne denunció que “la crisis actual de acceso y mantenimiento de la vivienda representa una barrera estructural para millones de personas”.

La frontera entre la inclusión y la exclusión

El sociólogo del comité técnico de la Fundación FOESSA, Thomas Ubrich, presente en una rueda de prensa que comenzó con un recuerdo a las víctimas del trágico accidente ferroviarios ocurrido esta mañana en Toledo, alertó de que “la vivienda está marcando cada vez una frontera más clara entre inclusión y exclusión”.

De hecho, una de cada cuatro personas atendidas por Cáritas, 266.435 personas, habían recurrido al realquiler de habitaciones como “solución habitacional”, lo que explicó Ubrich tiene un efecto en el equilibro personal y familiar innegable.

“Quien vive en una habitación no solo pierde metros cuadrados, sino arraigo”, denunció. Se trata de “soluciones habitacionales de supervivencia que no podemos normalizar”. “Cuando tienes que pagar hasta 500 euros por una habitación es muy difícil poder cubrir el resto de gastos de un hogar y menos aún ahorrar”, añadió.

Las personas sin capacidad económico se ven obligadas a recurrir al subarriendo irregular de habitaciones, sin seguridad jurídica ni estabilidad, en ocasiones en muy malas condiciones. Las dificultades de acceso a la vivienda afectan especialmente a hogares jóvenes, monoparentales, personas migrantes, hogares con baja intensidad laboral y con ingresos insuficientes o variables.

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El acceso en propiedad todavía resulta más difícil para la población vulnerable. Siete de cada diez personas inquilinas no pueden acceder a la financiación requerida para comprar, según el estudio.

Los autores del informe han calculado en 40.756 euros el ahorro previo para poder afrontar la entrada de una hipoteca y unos ingresos mensuales mínimos de 2.438 euros para hacer frente a los pagos. Con estos requisitos, el 69,5%  de la población que vive en alquiler queda por debajo del umbral de ingresos necesario para acceder a la compra de una vivienda.

Es más, el informe revela que el 50,6% de las personas que actualmente viven de alquiler no dispondría de ingresos suficientes para acceder hoy al mercado arrendatario.

No basta con aumentar la oferta

En el escenario actual, conviene este estudio, “la solución al problema de la vivienda no pasa únicamente por aumentar la oferta residencial”, sino que hace falta, remarcó Ubrich, impulsar una vivienda “efectiva, asequible y socialmente orientada”, capaz de dar respuesta a quienes hoy quedan excluidos tanto del mercado de compra como del alquiler convencional.

Para ello, la entidad plantea reforzar instrumentos como el alquiler social, promover fórmulas de financiación responsables y corregir la escasez de oferta en las zonas más tensionadas, pero también un mayor protagonismo de las administraciones públicas en las políticas de vivienda y la implicación tanto del sector privado como del Tercer Sector.

Después de todo, como recordó González Dyne, la vivienda es mucho más que un espacio físico con cuatro paredes, “es el lugar donde se despliega el hogar”.

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