Ni lobos ni verdugos: humanidad rota en la playa

Ni lobos ni verdugos: humanidad rota en la playa
Foto | Marcos Moreno (Europa Press)

De todos es sabido que ocurrió el 31 de julio; unas 70.000 personas cruzaron la frontera entre España y Marruecos al día siguiente, el 90% regresaron voluntariamente a pie, la mayoría ciudadanos marroquíes, jóvenes y familias de localidades cercanas a la frontera, otros fueron devueltos de urgencia mediante los acuerdos con Marruecos.

Unas 5.000 personas aún permanecen en la ciudad, son personas migrantes, de origen subsahariano, de países en conflicto o crisis extrema, como Mali, Senegal, Guinea o Sudán, la mitad de los menores también de marruecos, en su mayoría niñas, no se les puede aplicar la devolución automática.

Muchos de ellos han iniciado trámites de solicitud de asilo y protección internacional, que paraliza legalmente cualquier expulsión. A todas estas, y parece que se nos olvida, murieron 140 personas no permitiendo a las familias recuperar los cuerpos, desatando una profunda indignación debido a la negativa del Gobierno de Marruecos. Los fallecidos eran en su inmensa mayoría hombres jóvenes, adolescentes y adultos jóvenes de entre 18 y 25 años, marroquíes y subsaharianos 

Entre los que quedaron en Ceuta hay un grupo importante de menores de edad marroquíes no acompañados, unos 2.500, las leyes internacionales y españolas prohíben su devolución, si no se garantiza antes su reagrupación o tutela segura. 

Este jueves vemos en televisión como un grupo no muy numerosos de ciudadanos, “supuestamente ceutíes”, se sientan en el suelo para impedir el paso de furgonetas de Cruz Roja que lleva ayuda humanitaria, comida, agua y ropa a las personas migrantes que están en la playa… curiosamente entre las banderas españolas, camisetas con los símbolos del ejército, etc.

Una chica porta un cartel que dice “Cristianos y musulmanes unidos”. ¿Unidos? ¿Unidos para qué? ¿para impedir la llegada de comida a los que tienen hambre? Pues no son cristianos, seguro que no, y me atrevo decir que tampoco musulmanes. El amor hacia los demás, dar de comer al hambriento y de beber al sediento ”fui extranjero y me acogisteis” decía Jesús: eso es ser cristiano.

Todo eso nos recordó el papa León en su reciente visita a España, de eso hablo en Arguineguín, Tenerife y en el aplaudido discurso en el congreso de los diputados “¿Quién ha llorado por la muerte de estos hermanos y hermanas? Hemos perdido el sentido de la responsabilidad fraterna. La cultura del bienestar nos hace insensibles a los gritos de los demás” decía el papa Francisco. Y nos repetía los cuatro pilares de acción obligatoria: Acoger, proteger, promover e integrar.

No solo se quedaron en esa acción, sino que además algunos desalmados, faltos de todo, quemaron los pocos refugios que tenían estas personas y los acorralaron en la playa protegidos por la policía. El pueblo agrede al pueblo y el hombre es un lobo para el hombre, nada de ideas y humanidad, atacan también a periodistas y comercios que venden comida o agua a las personas migrantes.

No olvidemos que en Ceuta permanecen actualmente 1.500 menores de edad no acompañados, unas 700 son niñas. Se pretende desde hace días llevar a la península a 500 niñas de forma urgente, a las diferentes comunidades autónomas, serian 30 a cada comunidad, pero prácticamente todas dicen no poder, algunas alegan tener sus centros saturados ¿Dónde la solidaridad? Son niñas menores.

La verdadera integridad se demuestra cuando permitimos que actúen la ley, la justicia y el orden, sin que nos convirtamos en jueces y verdugos de quienes ya cargan con un gran sufrimiento. Nuestra mayor responsabilidad es tender puentes de comprensión, asegurando que las normas sirvan para proteger la dignidad de todos y no para profundizar las heridas de los más vulnerables.

Actuemos pensando de forma humana en las personas y en las necesidades que tienen. Detrás existe un ser humano que merece respeto, consuelo y apoyo real. Solo cuando miramos al otro con el corazón y respondemos con solidaridad, logramos sanar el tejido social y construir un mundo verdaderamente justo.

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