Fermín, memoria que resucita

Fermín, memoria que resucita

Padre-Madre de la vida,
hoy pronunciamos el nombre de Fermín
como quien nombra una historia sembrada:
militancia, ternura, fidelidad en lo pequeño,
lucha callada que se hizo Evangelio.

“Tú eres luz de las naciones”… (Isaías 49, 1-6)
y en su vida encendida
esa luz caminó por barrios y trabajos,
por conflictos y esperanzas,
abriendo caminos donde otros no veían.

“Mi boca contará tu salvación”… (Salmo 70)
y su vida la contó sin discursos,
en gestos compartidos,
en comunidad sostenida,
en Iglesia vivida con verdad,
también entre contradicciones.

Hoy, Señor,
nos duele su ausencia,
nos pesa el silencio de su voz,
nos abraza el llanto de Llum,
de su familia, de sus compañeras y compañeros.
Haz de nuestro dolor
amor compartido.

“Adonde yo voy, me seguirás”… (Juan 13, 21-33; 36-38)
y en esa promesa
descansa su entrega,
se abre su Pascua,
se cumple su camino.

Porque morir, lo sabemos,
no es caer en la nada,
sino sembrarse en Ti,
como grano que se entrega
para dar fruto.

Fermín vivió muriendo cada día:
dándose, desgastándose,
haciendo de la vida don.
Y hoy su muerte
no es final,
es nacimiento en tu abrazo.

Recíbelo,
junto a tantos hombres y mujeres
caídos en el campo de honor del trabajo,
de la lucha,
de la dignidad defendida.

Y a nosotros,
déjanos su memoria viva:
para seguir militando,
para seguir esperando,
para seguir creyendo
que el Amor no muere,
que la Vida se abre paso,
que la Resurrección
ya está latiendo.
Amén.