El 90% de los delitos de odio no se denuncia en España: el silencio se acentúa en entornos como el trabajo

Solo el 10,76% de las víctimas de delitos de odio denuncia en España, según un estudio de la Oficina Nacional de Lucha contra los Delitos de Odio. La investigación señala la desconfianza institucional, la normalización de las agresiones y la opción por evitar el conflicto, especialmente en ámbitos como el laboral, como factores clave de este silencio
Apenas una de cada diez víctimas de delitos de odio en España presenta denuncia. Así lo recoge el estudio Infradenuncia de los Delitos de Odio en España: ¿Por qué es tan alta?, elaborado por la Oficina Nacional de Lucha contra los Delitos de Odio (ONDOD), junto a la Universidad Pontificia Comillas y la Universidad de Salamanca.
Basado en una encuesta a cerca de 800 personas entre diciembre de 2020 y marzo de 2021, el informe sitúa la infradenuncia en el 89,24%, una de las tasas más elevadas a nivel internacional. “El silencio de las víctimas no significa ausencia de odio, sino una sensación sostenida de vulnerabilidad que las instituciones deben aprender a reconocer y atender”, destacan los autores.
El estudio subraya que este fenómeno no solo impide dimensionar el alcance real de los delitos de odio, sino que limita la capacidad de respuesta del sistema de justicia.
La normalización de las agresiones y la evitación del conflicto
Uno de los principales factores que explican la infradenuncia es la normalización de las agresiones menos intensas. Insultos, gestos ofensivos o situaciones discriminatorias tienden a ser asumidas y gestionadas en el ámbito privado, sin recurrir a las instituciones.
Según el informe, “las agresiones que comprometen directamente la integridad física se perciben como situaciones límite”, mientras que los incidentes de menor intensidad se diluyen en la vida cotidiana y reducen significativamente la denuncia.
En este contexto, el estudio identifica también que la relación con el agresor influye decisivamente. Cuando se trata de un vecino o un familiar, la denuncia aumenta, mientras que en entornos como el trabajo o los estudios prácticamente desaparece.
La investigación lo atribuye a “estrategias evitativas” por parte de las víctimas, que buscan no generar conflicto en ámbitos donde se desarrolla su vida diaria.
Jóvenes, vulnerabilidad social y cultura del silencio
El análisis detecta perfiles especialmente afectados por la infradenuncia. Entre ellos destacan las personas jóvenes, que denuncian menos debido a una “cultura del silencio” marcada por la desconfianza hacia la autoridad, el miedo a la exposición pública o la percepción de que sus experiencias no serán tomadas en serio.
Frente a ello, el estudio observa que las personas en situación de desempleo o los jubilados presentan tasas de denuncia más elevadas. El informe lo atribuye a varios factores: disponen de más tiempo para realizar los trámites, cuentan con una mayor experiencia y menor temor y, además, al tratarse de colectivos vulnerables socialmente, perciben la denuncia como un último recurso para garantizar sus derechos.
También las víctimas recurrentes presentan menores tasas de denuncia. Lejos de acudir más a las autoridades, tienden a normalizar el abuso tras episodios repetidos, desarrollando procesos de desensibilización o resignación.
A ello se suma el desconocimiento de los propios derechos. Un porcentaje significativo de víctimas no identifica los hechos sufridos como delito de odio ni sabe que están tipificados en el artículo 510 del Código Penal. “Si la víctima no reconoce la gravedad legal de lo ocurrido, es improbable que decida activar un mecanismo formal de protección”, advierte el informe.
Limitaciones del estudio y colectivos infrarrepresentados
La investigación reconoce algunas limitaciones en su muestra. Entre ellas, la baja representación de personas migrantes, uno de los colectivos más afectados por los delitos de odio. Por ello, el informe subraya la necesidad de reforzar futuras investigaciones que permitan acceder a estas poblaciones, especialmente aquellas con barreras lingüísticas o menor acceso a los canales institucionales de denuncia.
Entre sus recomendaciones, la investigación plantea reforzar la formación de las fuerzas de seguridad, mejorar la coordinación con organizaciones sociales, habilitar vías de denuncia alternativas, incluidas opciones anónimas, y desarrollar iniciativas específicas dirigidas a jóvenes y víctimas reincidentes.
El estudio concluye que la infradenuncia de los delitos de odio en España está estrechamente vinculada a la desconfianza institucional, la vulnerabilidad social y la normalización de estas conductas, lo que exige una respuesta pública que vaya más allá del ámbito penal.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



