Un 8M contra la brecha que excluye a las mujeres

Un 8M contra la brecha que excluye a las mujeres

En este 8 de marzo de 2026, Día Internacional de la Mujer, la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente quiere advertir de que no habrá una sociedad justa mientras los avances tecnológicos sigan perpetuando la desigualdad y la exclusión de las mujeres.

La brecha digital se ha convertido en un potente acelerador de todas las demás desigualdades, perpetuando e incluso agravando la precariedad. La implantación de las nuevas tecnologías, con frecuencia, no tiene en cuenta las dificultades a las que se enfrentan los hogares más vulnerables, donde la persona sustentadora principal suele ser una mujer. No disponer de tiempo ni de recursos para adquirir las competencias necesarias las condena a la exclusión digital y, con ella, a nuevas formas de empobrecimiento.

La participación de las mujeres en el desarrollo de plataformas digitales y de la inteligencia artificial –cada vez más presentes en todos los ámbitos de nuestra vida y en numerosos trabajos– sigue siendo mínima. Los desarrolladores son, en su mayoría, hombres blancos, lo que introduce un sesgo estructural muy peligroso, tanto para las mujeres como para el conjunto de la sociedad. La desigualdad adopta así formas nuevas, más sofisticadas, pero igualmente injustas.

«Debemos asegurarnos de que, al satisfacer necesidades más sofisticadas, no descuidemos las fundamentales. (…) La mala gestión genera y aumenta las desigualdades con el pretexto del progreso. Y al no tener como centro la dignidad humana, el sistema también fracasa en términos de justicia», afirmaba León XIV en el V Encuentro Mundial de Movimientos Populares.

Desde la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) queremos seguir acompañando la lucha por la dignidad del trabajo y visibilizando aquellas realidades en las que el trabajo es causa de sufrimiento e incluso de muerte, en lugar de una oportunidad de crecimiento personal y social. El trabajo humano decente —clave esencial de toda la cuestión social— sigue siendo un elemento fundamental en el camino de recuperación y sanación de la dignidad herida de toda persona empobrecida (cfr. Dilexi te, 115).

Cada día constatamos cómo la exclusión social sigue marcando la vida de muchas familias, manteniéndolas al margen de los avances de la sociedad. Frente a esta realidad, creemos firmemente que un trabajo decente es la mejor vía para hacer posible una vida digna para todas las personas.

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El Papa nos invita, en su primera exhortación, a ser una Iglesia que acompaña a las personas en sus dolores, en sus alegrías, en sus luchas y en sus esperanzas. Un año más, seguimos comprometidas y comprometidos con la tarea de visibilizar la injusticia en el mundo del trabajo y de impulsar un cambio de mentalidad que haga posible la transformación social necesaria para garantizar un trabajo decente que permita vivir con dignidad.

En este sentido, conviene recordar las palabras del papa Francisco en Fratelli tutti: «Hemos crecido en muchos aspectos, aunque somos analfabetos en acompañar, cuidar y sostener a los más frágiles y débiles de nuestras sociedades desarrolladas» (n. 64).

Como Iglesia, no podemos permanecer indiferentes. Por ello, en este 8 de marzo, Iglesia por el Trabajo Decente afirma con rotundidad:

  • Que el trabajo digno es un derecho inalienable y una expresión concreta del amor cristiano.
  • Que la tecnología debe estar al servicio de la vida y de la igualdad.
  • Que es urgente transformar las estructuras laborales injustas que afectan de manera particular a las mujeres.
  • Que la participación de todas y todos es el camino imprescindible de transformación social.
  • Que la Iglesia debe seguir encarnada en el mundo del trabajo.

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Artículo publicado originalmente en la revista ¡Tú!

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