“Si cruzas esa puerta…”

El 25 de marzo de 2026, un trabajador de 41 años falleció en la empresa Desarrollos en Madera Olatek, en el polígono de Gojain (Legutio, Álava), al caerle encima el serrín que descargaba. Días antes, el 19 de marzo, un transportista de 58 años de la empresa Barco Motor SA, murió tras sufrir un accidente no traumático mientras se encontraba en su camión. Además, el lunes en Hernani, en la empresa Cominter, un trabajador de una ETT con menos de una semana en el puesto resultó gravemente herido al caerle un objeto de 200 kilos.
En castellano decimos: no te vayas.
Pero hoy, Señor de la vida,
en los tajos, en los polígonos, en la noche del turno,
decimos en voz baja y herida:
“Si cruzas esa puerta”,
—la del camión detenido en silencio,
la del serrín que cae como una losa en Gojain,
la del peso injusto que aplasta en Hernani—
“déjanos al menos tu sombra.”
Déjanos tu sombra, hermano,
para no acostumbrarnos.
Tu sombra de 41 años
mezclada con el polvo de la madera.
Tu sombra de 58 años
apagándose dentro de una cabina solitaria.
Tu sombra reciente, casi sin nombre,
aplastada en su primera semana de trabajo.
Déjanos tu sombra,
para engañar al silencio
que a veces compran las prisas,
las subcontratas,
las leyes que no se cumplen,
los ojos que miran hacia otro lado.
Déjanos tu sombra,
como semilla de lucha,
como grito que no se archiva,
como memoria obrera
que no firma la resignación.
Porque no basta llorarte.
Porque no basta contarte.
Porque no basta decir “otro más”.
Que tu sombra se haga presencia:
en la prevención que llega a tiempo,
en la mano que detiene el riesgo,
en la empresa que cuida la vida,
en la ley que protege de verdad,
en la solidaridad que no abandona.
Hoy, como María en Nazaret,
ante lo incomprensible,
también nosotros decimos temblando:
“hágase…”
pero no hágase el silencio,
no hágase la costumbre,
no hágase la muerte evitable.
Hágase, Señor,
tu justicia en los tajos.
Hágase tu cuidado en cada turno.
Hágase tu Reino
donde nadie tenga que cruzar esa puerta solo.
Y si alguien la cruza,
que nunca nos deje sin su sombra.
Que su sombra nos empuje
a estar cerca,
a romper el silencio,
a defender la vida.
Porque cada accidente laboral
grita tu nombre crucificado,
y nos llama —hoy, aquí—
a bajarte de la cruz.

Consiliario de la HOAC de Bilbao



