Jaén celebra el 8M con gestos por el trabajo digno y la igualdad de las mujeres en la Iglesia

La ciudad de Jaén vivió durante el fin de semana varios gestos públicos de fe y compromiso con motivo del Día Internacional de las Mujeres. Movimientos y colectivos eclesiales convocaron actos que pusieron en el centro la dignidad de las mujeres, la defensa del trabajo decente y la reivindicación de una mayor igualdad dentro de la Iglesia
La iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente (ITD) en Jaén (integrada por Cáritas Diocesana, CONFER, HOAC Jaén, Pastoral del Trabajo, Acción Católica General, Pastoral de Migraciones, Pastoral Penitenciaria, Pastoral Gitana y Pastoral de Infancia y Juventud) celebró en la tarde del 7 de marzo un gesto público y una Eucaristía en la parroquia San Juan Bosco con el lema “Ante la exclusión, trabajo decente”.
El acto comenzó en el parque María Auxiliadora con un gesto simbólico en torno a un cántaro vacío, que representaba la realidad de muchas mujeres para quienes el trabajo sigue marcado por la precariedad, la desigualdad o la exclusión.
Al inicio del acto, el delegado de Pastoral del Trabajo, Bartolomé Mateos, recordó que se había convocado en la calle porque “la fe se celebra en la vida real y el trabajo ocurre en lo público”, y explicó que el cántaro vacío simboliza la sed de justicia y dignidad de tantas mujeres trabajadoras.
Seis mujeres de diferentes pastorales sostuvieron carteles con mensajes que denunciaban la exclusión laboral, la brecha tecnológica, la indiferencia ante la precariedad o la necesidad de construir en la Iglesia espacios de igualdad y corresponsabilidad. Tras cada frase, las personas presentes respondían juntas: “Ante la exclusión, trabajo decente”.
Mientras tanto, una mujer iba vertiendo agua en el cántaro, gesto que simbolizaba la esperanza y el compromiso colectivo por transformar esa realidad. El acto concluyó con la lectura del manifiesto de la iniciativa Iglesia por el Trabajo Decente y un breve silencio antes de entrar en el templo para celebrar la Eucaristía.
Durante la celebración, inspirada en el Evangelio del encuentro de Jesús con la mujer samaritana, el párroco salesiano Juan Carlos Macías recordó que ese pasaje muestra a una mujer extranjera con la que Jesús dialoga a solas, algo sorprendente para su tiempo, y que ese encuentro revela la dignidad de toda persona.
El sacerdote subrayó que el trabajo también debe ser un espacio donde se reconozca la dignidad humana y llamó a dignificar especialmente a quienes viven situaciones de precariedad laboral. “La Iglesia por el Trabajo Decente comparte la sed legítima de tantas personas por un trabajo digno y quiere contribuir a construir el Reino de Dios también en el mundo laboral”, afirmó.
Durante la celebración se recordó también que las nuevas tecnologías están transformando el mundo laboral y que muchas mujeres quedan fuera de estas oportunidades por falta de acceso a dispositivos, conexión o formación digital. Según datos del informe FOESSA citados en el manifiesto, un tercio de los hogares vulnerables (muchos encabezados por mujeres) vive en un “apagón digital”, lo que limita el acceso al empleo, a la formación o a trámites básicos.

“Este es mi cuerpo”: mujeres creyentes ante la catedral
Al día siguiente, el 8 de marzo, la Plaza de Santa María, frente a la catedral de Jaén, acogió otro gesto público convocado por la Revuelta de Mujeres en la Iglesia, con el lema “Este es mi cuerpo”.
El acto quiso situar en el centro aquello que durante siglos ha sido silenciado o invisibilizado: los cuerpos de las mujeres creyentes, su palabra, su experiencia de Dios y su compromiso con una Iglesia más justa e igualitaria.
Durante el encuentro resonó el lema que articula este movimiento: “Hasta que la igualdad se haga costumbre”. Las participantes recordaron también el clamor de mujeres empobrecidas, migrantes, precarizadas o víctimas de violencia y de guerras que siguen golpeando especialmente a sus cuerpos y sus vidas.
Uno de los momentos más significativos fue el gesto del pan compartido. Una hogaza fue colocada en el centro del encuentro como símbolo de los cuerpos de las mujeres que sostienen la vida cotidiana, se entregan en el trabajo y continúan alimentando la comunidad. El pan fue partido y repartido mientras resonaba la afirmación colectiva: “Este es mi cuerpo. Estos son nuestros cuerpos.”
El manifiesto leído durante el acto reivindicó la presencia real de las mujeres en la toma de decisiones eclesiales, su acceso a todos los ministerios, su participación plena en la reflexión teológica y en la transmisión de la fe, así como una comprensión más amplia y liberadora de la sexualidad y de la imagen de Dios.
La Revuelta de Mujeres en la Iglesia recordó que este clamor no es aislado. 35 ciudades de España se sumaron a actos similares para afirmar que ser creyentes y feministas no es una contradicción, sino una vocación profundamente evangélica.
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Redacción de Noticias Obreras.



