Escuchar a las mujeres que sostienen la vida en nuestros pueblos

El 8M pone nuestra mirada en la realidad de las mujeres, entrelazando reivindicación y celebración, esperanzas y luchas, anhelos, sufrimientos, silencios y gritos. Recordamos datos y situaciones que tantas veces normalizamos. Surgen llamadas a romper muros y superar brechas. Invitaciones a recordar, reconocer y visibilizar.
En la diócesis de Bilbao, durante siete ediciones, se ha venido realizando un acto de reconocimiento a ocho mujeres por su testimonio y su aportación a la sociedad y a la Iglesia. El curso pasado, en el marco del 75 aniversario de la diócesis, se valoró que era el momento de dar un giro: generar una “onda expansiva”, multiplicar su impacto y su alcance. La propuesta animaba a poner la mirada en el entorno cercano: en las mujeres de nuestros barrios y pueblos, de nuestras parroquias y unidades pastorales. Invitaba a realizar gestos y actos concretos y a hacernos eco de esta realidad en la celebración del domingo.
Además de facilitar apoyos y recursos, se propuso organizar un acto conjunto entre la Vicaría II y Pastoral Obrera para visibilizar la realidad de las mujeres trabajadoras en el ámbito rural. Así nació el encuentro celebrado el 5 de marzo en Balmaseda, en la comarca de Enkarterri (Bizkaia).
¿Por qué esta vicaría? Porque se trata de una zona rural que ha vivido profundas transformaciones laborales, sociales y eclesiales. Las mujeres han sido protagonistas de ese cambio. Del trabajo en el campo, muchas se incorporaron posteriormente a la fábrica con el surgimiento de diversas empresas. En esta zona hubo industrias emblemáticas que en su momento fueron punteras, pero muchas han cerrado y la deslocalización se ha vivido con fuerza.
Hoy permanecen algunas explotaciones agrícolas y ganaderas, mientras el tejido industrial ha cambiado y el sector servicios ha ganado peso. El fenómeno de la emigración, que en otros momentos marcó la historia de la comarca, hoy tiene nuevos rostros, vinculados sobre todo a la ganadería y al trabajo de cuidados. Al mismo tiempo, la pregunta por el futuro de la comarca y de las personas jóvenes está muy presente. El cartel que convocaba el encuentro quería reflejar ese tránsito: la huella que las mujeres han dejado y siguen dejando en este territorio.
Queríamos escucharlas. Acercarnos a sus vidas. Preguntarnos qué dicen a nuestro presente desde su experiencia y cómo ven el futuro pensando en las nuevas generaciones, en la comarca y en la Iglesia. Mujeres que han afrontado grandes cambios en sus vidas y han sabido responder desde la cotidianidad, conciliando vida familiar, laboral, social y eclesial en entornos pequeños, donde la cercanía y las redes vecinales fortalecen el sentido de comunidad.
Nos pusimos manos a la obra. Varias circunstancias facilitaron el trabajo conjunto y la organización del encuentro: la tarea compartida de la Mesa de agentes de pastoral de la vicaría en la que participan sacerdotes, laicos y laicas de los equipos ministeriales de las unidades pastorales, el equipo de HOAC de la zona, la existencia de una Mesa del laicado y la presencia activa de Cáritas.
Se constituyó una pequeña comisión dinamizadora que, junto con el vicario territorial, fue dando contenido al encuentro, tejiendo lazos e implicando a otras personas de la comunidad cristiana y del tejido asociativo, especialmente en Balmaseda. En el acto estuvieron presentes el alcalde, Alfonso San Vicente, y Elena Santamarina, concejala de Acción Social e Igualdad. Sergio Buiza, vicario territorial, y Arantza Madrazo, responsable de Anuncio y Catequesis de la zona, facilitaron el desarrollo del acto.
¿Cómo recoger la realidad de vida de las mujeres de la comarca? ¿Cómo poner voz y rostro concretos? Se trataba de escuchar, reconocer y agradecer.
Marisol, Teresa, Ana y Aurelia ofrecieron su testimonio. Ellas mismas señalaban que cualquiera de las mujeres que estaban sentadas entre el público podría haber ocupado su lugar en la mesa redonda, momento central del acto, dinamizado por Elena Unzueta, directora de Cáritas de la zona.
Marisol, de Gordexola, comenzó a trabajar joven en Garsa. Más tarde se dedicó al cuidado de la casa y volvió a incorporarse al mundo laboral en el servicio de ayuda a domicilio. Tras jubilarse, es voluntaria de Cáritas y participa activamente en la parroquia. Nos relató décadas de entrega silenciosa, “porque era lo que tocaba”.
Ana, psicóloga de Sopuerta, habló de su implicación en la vida comunitaria y social convencida de que el entorno rural aporta una gran riqueza personal. Señaló también los nuevos retos en el mundo laboral, la tecnología y cómo las brechas siguen presentes.
Aurelia, vecina de Zalla y oriunda de Zamora, militante de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), puso en marcha un negocio familiar: una autoescuela. Hoy, ya jubilada, es responsable de liturgia en su parroquia. En su intervención subrayó la necesidad de transformar tanto la sociedad como la Iglesia.
Teresa, de origen mexicano, compagina su trabajo temporal en la Diputación con su labor de catequista en Karrantza. Aportó la mirada de quien ha conocido distintas realidades y puso en valor el trabajo de cuidados y la necesidad de su reconocimiento.
El coro Abesti Lagunak, de Karrantza, formado por mujeres del valle, acompañó el encuentro con la música. En un primer momento ayudó a tomar conciencia de tantos comportamientos y actitudes machistas asumidos con naturalidad. Tras la mesa redonda, el canto se convirtió también en denuncia de la violencia machista y en expresión de la lucha de las mujeres por su dignidad.
Este coro impulsa además la convocatoria “Lunes sin sol”, que cada mes denuncia la violencia de género y muestra su solidaridad con las víctimas.
Nuestro obispo, Mons. Joseba Segura, subrayó al inicio del encuentro el sentido profundo de la iniciativa: “Este acto no quiere ser un homenaje de escaparate. Hoy venimos a escucharos. A las que habéis sostenido la parroquia cuando faltaban manos. A las que habéis organizado, acompañado, cuidado, propuesto. A las que quizá nunca habéis hablado en público, pero habéis sido y seguís siendo altavoz de esperanza en este entorno”.
Al mismo tiempo, recordó la situación de tantas mujeres en el mundo: “Queremos celebrar y recordar a otras mujeres del mundo donde ni siquiera pueden reunirse como hoy lo hacemos aquí”. Y añadió una llamada de atención sobre la violencia que sufren: “En lugares de conflicto donde las guerras tienen rostro de mujer y de niñas. Y también muy cerca, donde la violencia sigue siendo un arma”.

La entrega de una lámina del diácono permanente y pintor Natxo Etxebarria, vecino de Balmaseda, simbolizó el reconocimiento y agradecimiento.
El acto concluyó saliendo a la calle tras la pancarta con el lema de la jornada y con un minuto de silencio cargado de sentido. Bajo la lluvia, se escucharon las voces de esperanza y de lucha de tantas mujeres.
Junto a la reivindicación, quedó también el compromiso de seguir construyendo, desde la vida cotidiana de nuestros pueblos y comunidades cristianas, relaciones de igualdad.
Seguimos caminando.

Militante de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC). Responsable de la Pastoral Obrera de la diócesis de Bilbao y miembro del Consejo Asesor de Pastoral del Trabajo de la Conferencia Episcopal Española.



