El trabajo que sostiene la vida sigue atrapado en la precariedad y la invisibilidad

Las trabajadoras del hogar vuelven a denunciar este 30 de marzo, en su día internacional, la persistencia de jornadas abusivas, economía sumergida y falta de derechos efectivos, especialmente entre las internas y las mujeres migrantes, pese a los avances legales de los últimos años
“Muchas compañeras viven secuestradas por una jornada que no termina nunca”. La denuncia, lanzada por la Plataforma Salmantina de Entidades por el Empleo y la Mesa de Empleadas de Hogar, pone el foco en una de las realidades más duras del sector: el trabajo en régimen interno.
Quienes cuidan a personas dependientes lo hacen con frecuencia “en total soledad, bajo un aislamiento que impide el ejercicio básico de los derechos”, subrayan. La convivencia en el propio domicilio de trabajo y la falta de límites claros entre tiempo laboral y personal “desdibuja peligrosamente la línea entre la vida y la explotación”.
Por ello, reclaman jornadas definidas, descansos reales y supervisión efectiva, advirtiendo de que la precariedad sigue encontrando refugio en el ámbito doméstico, lejos del control público.
Del abuso a la dignidad posible
Los testimonios de las propias trabajadoras muestran tanto la crudeza como la posibilidad de cambio.
María, llegada desde Colombia en 2017, reconoce que “es posible tener condiciones dignas”, aunque recuerda etapas marcadas por la explotación: “Muchas veces fue por falta de información y por el miedo a denunciar”. Hoy trabaja con contrato y salario conforme a la normativa: “La relación con la familia está basada en el respeto, la dignidad y un trato cercano”.
También Luz Gloria, tras dos años como interna “sin descanso y con 800 euros”, ha logrado mejorar su situación: “Ahora tengo papeles, salario digno y tiempo para mí”. Su experiencia confirma que la regularización y el cumplimiento de derechos no son una excepción imposible, sino una realidad alcanzable.
En esta línea, también las personas empleadoras que apuestan por la formalización destacan su impacto positivo. “Estamos encantados con su trabajo […] y gracias a este proceso, su familia podrá traer a sus hijos pequeños”, explica una mujer que regularizó la situación de la trabajadora que cuida a su madre.

Avances que no llegan a todas
El sector ha experimentado avances importantes en los últimos años, como el acceso a la prestación por desempleo o la regulación en materia de prevención de riesgos laborales. Sin embargo, estos logros conviven con una realidad marcada por la precariedad.
Según datos recientes, cerca de 370.000 personas están dadas de alta en el sistema especial de empleo de hogar, aunque las organizaciones sociales advierten de que la cifra real es muy superior debido a la economía sumergida. Se trata, además, del sector con las retribuciones más bajas y con una elevada parcialidad involuntaria.
Desde la HOAC de Córdoba, su presidenta, Soledad Crespo, advierte que “se abre un espacio necesario de reflexión sobre los avances […] y los importantes retos que aún permanecen sin resolver” . Entre ellos, señala la persistencia de la informalidad, el desconocimiento de derechos y la falta de regularización, factores que siguen facilitando situaciones de abuso.
Migración y desigualdad: el rostro del cuidado
El trabajo del hogar en España tiene un marcado rostro migrante. Aproximadamente el 60% de las trabajadoras son mujeres extranjeras, muchas en situación de vulnerabilidad administrativa.
Esta realidad configura lo que algunos análisis describen como una “segmentación étnica” del empleo: son las mujeres migrantes quienes asumen los cuidados que ni el Estado ni el mercado garantizan.
Soledad Crespo alerta de que esta dinámica “traslada el problema a otras mujeres, generando un círculo de desigualdad y precariedad” . Muchas de ellas comienzan su itinerario “directamente del aeropuerto al hogar donde empiezan a trabajar”, a menudo como internas y en condiciones de gran vulnerabilidad.
El cuidado, en el centro: una interpelación social y ética
Este 30 de marzo también plantea considerar el valor social del cuidado. “El trabajo de los cuidados (…) sostiene el día a día de nuestras sociedades”, subraya Crespo , insistiendo en la urgencia de situarlo en el centro de las políticas públicas y de la vida social.
En la misma línea, el director del departamento de Pastoral del Trabajo de la Conferencia Episcopal Española, Antonio Aranda, advierte de que este sector constituye “una de las columnas más robustas y, a la vez, más frágiles de nuestra estructura social”.
Desde la Doctrina Social de la Iglesia, el trabajo doméstico no puede reducirse a un servicio invisible. Es, en palabras del magisterio, una expresión de dignidad y de “amor social”, que interpela directamente a la organización de la economía y a la vida cotidiana.
“No pedimos privilegios, pedimos igualdad”
Las movilizaciones celebradas estos días, como la “marcha de delantales”, han vuelto a hacer visible una realidad que sostiene silenciosamente el funcionamiento de la sociedad.
“Somos la pieza invisible que sostiene el engranaje de la sociedad. Sin nuestro trabajo, el mundo se detiene”, proclamaron las trabajadoras.
“En este Día Internacional no pedimos privilegios, pedimos igualdad”, exhortaron. Una reivindicación que va más allá del ámbito laboral y alcanza a toda la sociedad: reconocer, dignificar y garantizar derechos a quienes, cada día, cuidan de la vida de los demás.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



