Román Bilbao: El cartero de Dios que instalaba faros en la niebla

Román Bilbao: El cartero de Dios que instalaba faros en la niebla

La Iglesia de Bizkaia despide al presbítero diocesano Román Bilbao Arrospide, fallecido en Bilbao a los 84 años, cuya vida sacerdotal estuvo profundamente unida al mundo del trabajo y a la Pastoral Obrera. Nacido en Basauri en 1941 y ordenado en 1966, sirvió en comunidades como Arrigorriaga, Sestao y Barakaldo, donde dejó una huella cercana y comprometida. Vicario episcopal y, durante más de dos décadas, consiliario de Pastoral Obrera, de la HOAC y de Acción Católica, su ministerio encarnó una fidelidad discreta y una clara opción por las personas trabajadoras. Su funeral se celebrará el viernes 13 en la parroquia de San Pedro de Basauri.

Origen y rasgos personales: Entre el hierro y el silencio

Román nació en Basauri, en un paisaje de grasa, tornillos y herramientas. Creció en el taller mecánico de sus padres en El Kalero, aprendiendo de su padre que la materia siempre espera un destino y un servicio. De su madre, Martina, heredó el pan partido y la mesa abierta. Aquel niño que corría entre yunques y chispas terminó por enamorarse de los faros: de esa capacidad de poner luz delante del camino y dar ojos a lo que avanza en la noche.

Su vida estuvo marcada por una paradoja fecunda: la sordera. Como bien apunta Casilda, “la falta de audición se iba a la comunicación escrita”. Esa limitación física no fue una barrera, sino un lugar de escucha profunda y discernimiento. Román no oía el ruido del mundo, pero tenía el oído del corazón despierto para escuchar el clamor del pueblo trabajador que otros ignoraban.

Señor, gracias por Román, que aprendió la luz entre metales. En el silencio oyó una fragua más honda: la del Reino. Allí entendió que el Evangelio calienta mejor cuando toca manos obreras y se sienta a la mesa del salario corto.

Hitos vitales y pastorales: Un camino de encarnación

Desde el colegio Santiago Apóstol al seminario de Derio, Román fue perfilando sus amores: por Jesucristo y el proyecto del Reino, el mundo obrero y los empobrecidos, por la Iglesia, la HOAC y la iglesia diocesana. En el seminario formó parte de los grupos de “Jesús Obrero”, semilla de lo que sería una vida entregada a la clase trabajadora. Su ministerio no fue de despacho, sino de barrio y barro: desde su primer destino en Buia, pasando por Sestao y Barakaldo, hasta su servicio como Vicario de la Margen Izquierda y Encartaciones.

Txomin Perales lo define con precisión: “Era una persona que funcionaba por objetivos, con poco margen a la improvisación, persistente en la tarea apostólica”. Como Vicario, recorrió las vicarías impulsando planes de evangelización con entusiasmo y creatividad, siempre con la mirada limpia y la confianza puesta en el Espíritu.

Militancia y servicio: El “cartero” de Rovirosa y Malagón

Maite Valdivieso recuerda que a Román se le identificaba siempre con su hacer: “Siempre vendiendo el último libro, el último folleto”. Fue un gran difusor, un “cartero de Dios” al estilo de Guillermo Rovirosa, llevando noticias del proyecto de Jesús al mundo obrero. Siguiendo la estela de Tomás Malagón, supo “hacer calderilla” de los conceptos complejos para que el pueblo pudiera entenderlos y rezarlos.

Impulsó lo organizado: la Juventud Obrera Cristiana (JOC), la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), la Pastoral Obrera, pero también grupos bíblicos, scouts y movimientos de adultos (HELDUAK, Geideak, Grupos Bíblicos, equipos de Pastoral Obrera….).

Su capacidad de síntesis se volcaba en esos “cuadernillos” que todos recordamos, donde desgranaba desde la Doctrina Social de la Iglesia hasta la reforma del papa Francisco. Como dice Casilda con cariño: “¡Con qué facilidad nos sacaba un resumen de cualquier libro! A veces le decía: nos robas toda la fuerza del Espíritu”.

Compromiso social: Memoria y lucha en la Margen Izquierda

Su fe estaba encarnada en los conflictos de su tiempo. Román no fue ajeno a la huelga de Bandas (refugio de la multicopista donde se informaba de la huelga), a la resistencia de Euskalduna, a las crisis de Altos Hornos o a la Marcha del Hierro. Su compromiso se tradujo en gestos concretos, como su empeño personal en el monumento al mundo obrero en Sestao.

Clarita Zabalo, militante de Sestao, relata: “Desde que llegó, la vida discurrió entre el Patronato y San Miguel, atentos a las huelgas y cierres de empresas. Román nos acompañó, nos animó y nos invitó a la HOAC. Gracias por las Aulas Sociales y por estar siempre atento a la vida”.

Estuvo en la brecha de la Iniciativa Legislativa Popular por la Renta de Garantía de Ingresos y en la reflexión sobre la violencia de ETA, buscando siempre la reconciliación y la justicia.

Testimonios de una vida entregada

La huella de Román es coral. Rosi y Maite recuerdan su última despedida: “Le cogimos las manos dándole gracias por todo lo que nos ha aportado. Nos fuimos con la sensación de que no le volveríamos a ver, agradeciendo tanto vivido a su lado”.

Destaco su carácter persistente, incluso en el deterioro de la enfermedad, donde estuvo cuidado por su hermano Koldo y sus amigos del alma: Axpe, Zúñiga, Txelis y Javi. “Nos regalaron la acción de gracias encarnada”.

Paloma Becerra, presidenta general, y la Comisión Permanente de la HOAC se unen en este agradecimiento: “Damos gracias por su entrega generosa y continuada al mundo obrero y la Iglesia. Rogamos por toda la HOAC de Bilbao” –nos dice–. “Le pedimos al Padre que nos siga regalando militantes y consiliarios entregados al trabajo por el Reino desde la HOAC”

Fondo espiritual: Todo está cumplido

Román Bilbao ha alcanzado la meta. Se ha ido un hombre austero, un “machaca” del Evangelio que entendió que anunciar a Jesucristo implicaba compartir las luchas del pueblo. En su etapa final, marcada por la enfermedad y el decrecimiento, vivió su propia pasión con la misma dignidad con la que defendió la de los obreros.

Oración final: Gracias, Señor liberador, por su vida gastada a tu manera, sin vitrinas, pero llena de faros. Gracias por su terquedad de Evangelio y su fe trabajada como metal noble. Que ahora, al entrar en tu casa, encuentre la luz sin relevo, el taller sin desgaste y la Palabra sin ruido. Y que nosotros, recordando su camino, no escondamos la lámpara ni neguemos la sal. Amén.

“Todo está cumplido”. Eskerrik asko, Román. ¡Hasta mañana en el Altar!

Oración de acción de gracias

Padre bueno,
Dios de Jesús,
Dios del trabajo y de la historia,
hoy ponemos ante Ti la vida de Román,
no para explicarla,
sino para agradecerla.

Gracias por aquel niño de Basauri,
crecido entre grasa, tornillos y herramientas,
aprendiendo que todo sirve
si se pone al servicio de la vida,
que el hierro también puede dar luz
cuando se le colocan faros….
Sus orígenes sencillos le enseñaron
a mirar el mundo sin privilegios
y a recocerse hermano entre hermanos.

Incluso, gracias por su sordera,
que no fue ausencia,
sino otra manera de escuchar,
escucha honda, atenta,
capaz de captar lo esencial,
de leer gestos, procesos y silencios,
y así encarnarse en el mundo obrero.

Desde ahí aprendió a gobernar sirviendo,
a liderar sin imponerse,
a intuir caminos pastorales
cuando otros solo veían dificultades.

Gracias por su camino hacia el Evangelio,
nacido en la Iglesia
y probado en el mundo obrero,
por su fe en Jesucristo
vivida sin refugios,
con los pies en la fábrica,
en el barrio,
en la asamblea diocesana y en la parroquia.

Gracias por Buia, por Sestao, Barakaldo,
por la Margen Izquierda y las Encartaciones,
por su presencia en las huelgas, la reconversión,
en las heridas abiertas del pueblo,
por cada vez que eligió acompañar
en lugar de pasar de largo.

Gracias por su presencia -ya en el seminario-
en los grupos de Jesús Obrero,
por su cercanía a la revista Yunque
y su colaboración con la editorial ZIX,
sembrando pensamiento creyente,
palabra comprometida
y formación para la acción.

Gracias por su enorme aportación
a la catequesis y a la liturgia,
por las misas de niños de catequesis,
los grupos de confirmación,
por tantos cuadernillos de profundización
y divulgación de la fe,
por ayudarnos a entender
el Evangelio
y la Doctrina Social de la Iglesia
con lenguaje sencillo
y hondura evangélica.
Ese hacer “calderilla” lo complejo
y ponerlo al alcance de todos.

Gracias por el impulso a la HOAC,
a la JOC, a la Pastoral Obrera,
por creer que anunciar a Jesús
es compartir vida, luchas y esperanzas,
por levantar de nuevo lo organizado
cuando parecía agotado,
por su persistencia evangélica.

Gracias por su implicación valiente
en los hitos de lucha y solidaridad
de nuestro pueblo:
la huelga de Bandas, Euskalduna,
la reconversión industrial,
la Marcha de Hierro a Madrid,
el Patronato de Sestao,
la Iniciativa Legislativa Popular -hoy RGI-,
donde la fe se hizo compromiso público
y defensa concreta de la dignidad humana.

Gracias por su manera de ser pastor,
acompañante y animador,
por su capacidad de amistad,
por Axpe, Zuñiga, Txelis, Javi,
por Maite, Clarita, Rosi ….
-por tu propio persona-
y por tantos nombres propios
que hoy laten en esta oración.

Gracias por quienes le cuidaron
cuando el cuerpo se fue apagando,
por ese amor silencioso
que nos recordó que una vida entregada
vale la pena hasta el final.

Recíbelo ahora, Padre,
como recibes a los tuyos,
en la Vida plena que no se acaba,
junto a Guillermo Rovirosa,
cartero fiel de tu Reino,
y Tomás Malagón,
consiliario humilde y servidor,
a quienes Román conoció, admiró
y de quienes aprendió
a no aburguesar el Evangelio.

Y a nosotros,
militantes, creyentes, Iglesia en camino,
concédenos la gracia
de no archivar su memoria,
sino de continuar su testimonio,
con la misma fe encarnada,
la misma pasión por la dignidad humana
y la misma confianza en tu Espíritu.

Con Jesús, hoy decimos:
Todo está cumplido.
En tus manos, Padre,
ponemos la vida de Román
y la nuestra.

Y con las palabras que tantas veces rezó,
que marcaron su fe y su militancia,
oramos juntos:

Señor Jesús,
obrero de Nazaret,
que conociste el trabajo duro
y la vida sencilla,
haznos fieles a la causa del Reino,
servidores humildes de los pobres,
constructores de justicia y fraternidad.

Que sepamos vivir y luchar
sin prisa y sin pausa,
con fe encarnada en la historia,
hasta que el mundo obrero
sea casa de dignidad
y de esperanza.

Amén.