No claudicar ante el mal

El ataque de Estados Unidos (EEUU) contra Venezuela y las constantes amenazas a otros países son un síntoma más de cómo el mal, ya sin máscaras, se ha extendido en nuestro mundo. Es solo el caso más reciente porque, por citar otros dos ejemplos entre muchos, también lo son la agresión de Rusia contra Ucrania y, de forma aún más extrema, el genocidio perpetrado por Israel en Gaza, patrocinado asimismo por la Administración de Trump, con la tibieza y la complicidad de no pocos gobiernos. Un mal con múltiples dimensiones que constituye una amenaza radical para la humanidad.
Es una muestra evidente de lo enormemente peligrosas que son la extensión de la extrema derecha neofascista, el autoritarismo que desprecia de hecho la democracia, la quiebra sistemática de los derechos humanos, las políticas imperialistas que destruyen el multilateralismo, la cooperación y la soberanía de los pueblos para repartirse el mundo, así como la extensión del militarismo y la industria de la muerte que representa el negocio de las armas.
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Comisión Permanente de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC).



