Miquel Ramos, periodista: «La extrema derecha se sirve del miedo, del odio y de la mentira para provocar la fractura social»

Miquel Ramos suele decir que «el fascismo no se debate, se combate», pero siempre desde una base intelectual muy sólida y un conocimiento de la evolución de los grupos de extrema derecha en la actualidad. Este investigador especializado en la extrema derecha cree que primero hay que conocerla para poder contrarrestar su influencia.
¿Qué factores clave han servido para que la extrema derecha se haya convertido en «sentido común» y haya impuesto su marco ideológico?
La extrema derecha lleva muchos años elaborando estrategias para su batalla cultural, es decir, para la conquista del sentido común y de los consensos, y derribar aquellos que tienen que ver con derechos, libertades y del propio sentido de la democracia. Empieza en los años setenta, después de mayo del 68 en Francia. Una serie de intelectuales de extrema derecha, reunidos en torno a lo que se llamó la nueva derecha francesa, la «Nouvelle Droite», que empieza a teorizar sobre cómo la izquierda habría conquistado la hegemonía cultural a raíz de las luchas del feminismo, los derechos LGTBI y un cierto progresismo.
Empiezan a aplicar, de alguna manera, una serie de cambios en su ideología, que después de todo procede del nazismo y el fascismo, para tratar de competir con los consensos progresistas. Cambian el lenguaje, las formas, la simbología, y han continuado este proceso hasta la actualidad.
Pero ha sido ahora, cincuenta años después, cuando están cosechando éxitos tan notables y peligrosos. Es un éxito, sin duda, de toda esta teoría y de toda esa «batalla cultural» que llaman y que se ha dado en cada contexto de una manera diferente por las diferentes extremas derechas. Ha sido un proceso bien pensado, bien diseñado y bien articulado.
¿Qué papel han jugado en la normalización de los discursos de odio y su ascenso al poder los medios de comunicación y las propias formaciones políticas democráticas?
Ha pasado con la complicidad de algunos medios de comunicación, de las redes sociales o incluso de algunos políticos que no son de extrema derecha, pero que han ido, poco a poco, aceptándola como una opción respetable más. O, peor aún, comprando algunos de sus marcos, algunas de sus recetas en materia migratoria, en materia de derechos y de seguridad.
¿Cómo se organizan y coordinan los grupos de extrema derecha en España y cuál es su relación con Vox?, ¿cuáles son sus apoyos, cómo se financian dentro y fuera del país?
Más allá de los partidos, hay otras estructuras, como centros de pensamiento, grupos, fundaciones, algunas de marcado carácter ultraconservador, muy centradas en los derechos sexuales y reproductivos, en lo que ellos llaman cultura woke, o incluso en el revisionismo histórico. Estoy pensando en FAES, estoy pensando en la Red Política de Valores de Mayor Oreja y en toda la red internacional a través de la cual se articulan todos estos grupos. Están más allá de la política y lo que hacen es tratar de influir en la política y ocupar puestos de poder. Esto es uno de los espectros más importantes dentro de la extrema derecha global, aunque no se presenten a las elecciones.
Vox ha normalizado la extrema derecha en España después de muchos años de ausencia a nivel institucional desde el franquismo y desde la transición, cuando Fuerza Nueva obtuvo algunos diputados. No había logrado llegar a las instituciones más allá de algunas concejalías. Existe otra extrema derecha, algunas con mayor o menor relación con Vox, pero directamente no enfrentadas, con otro tipo de público.
Vox ha abierto la ventana
de Overton, que ha hecho razonables
algunas ideas que hace muchos años
se creían impensables
Al haber normalizado esas ideas, Vox ha abierto la ventana de Overton, que ha hecho razonables algunas ideas que hace muchos años se creían impensables. Hablo de racismo, machismo, homofobia, institucionalización del odio, que es básicamente la base de toda su ideología: el desprecio a la igualdad, a las políticas redistributivas, a la solidaridad, a los valores progresistas. Intentan ocupar otros espacios dentro del espectro de la derecha radical, de diferentes formas. Estamos viendo que resurgen los nostálgicos, los falangistas, etcétera. Por una parte, los neonazis también entienden que lo que ellos defienden de alguna manera también lo está defendiendo Vox. Por lo tanto, han surgido grupos como Núcleo Nacional y otros partidos y organizaciones que seguían, durante muchos años, en la más absoluta marginalidad. Entienden que es su momento y están intentando repescar las rémoras que van junto al gran depredador, lo que van dejando los demás. Su relación, a nivel orgánico o no, a veces es difícil de establecer, porque cada uno tiene su chiringuito. Pero hay relación y hay sintonía entre todos ellos, sin duda.
Se ha interpretado que el ascenso de Hernández Quero, en detrimento de figuras muy conocidas, e incluso las críticas a Ayuso por su idea de convertir Madrid en nuevo Little Miami trata de atraer el voto obrero hacia Vox, ¿qué evolución estratégica e ideológica puede esperarse de este partido político?
Vox está intentando atender uno de los principales problemas que afronta la sociedad española actualmente, que es la vivienda, pero de manera «estética». Solo hay que ver lo que votan en el Congreso de los Diputados y en las instituciones. No se caracterizan, precisamente, por tratar de ofrecer una solución real a un problema estructural propio del capitalismo: la acumulación de riqueza, la especulación, la intervención de los fondos buitre y la poca intervención del Estado a la hora de regular lo que debería ser un derecho.
Es un gesto cosmético y retórico el haber puesto a Hernández Quero, con un discurso supuestamente obrerista, pero siempre, como toda medida social que plantea la extrema derecha, para su utilización como arma arrojadiza, instalando un enemigo, que es la migración.
Para ellos, el problema de vivienda es la inmigración; no es la especulación de los extranjeros o españoles. No se creen la posición soberanista, es una pose. Los fondos buitre no tienen patria alguna y son meras estructuras capitalistas que saquean lo que pueden, donde pueden. Ni mucho menos la extrema derecha va a ir contra los intereses de la clase dominante, contra las oligarquías, porque precisamente la extrema derecha, si en algo se ha caracterizado, y en España, sobre todo, ha sido siempre su sintonía total con las élites. Tampoco contra las leyes que favorecen la acumulación de capital por parte de una minoría. Es pura cosmética.
Van a intentarlo en el plano retórico, pero siempre con adornos racistas, obviamente, para hacer creer que aquí hay que competir por los recursos y por los derechos, y que el problema del acceso a la vivienda es la inmigración y los extranjeros. No han venido a cuestionar el capitalismo; todo lo contrario, han venido a afianzarlo.
¿Cómo utiliza la derecha radical y sin complejos la identidad católica para sus fines?
La instrumentalización de la religión en el caso español, en concreto por parte de la extrema derecha, viene desde siempre, desde el franquismo, por la relación que tuvo Franco con la fe, a su manera, obviamente, y con la institucionalización de una fe entendida en el sentido más fundamentalista, además metida hasta el tuétano en toda la gestión política del país durante la dictadura.
No podemos obviar que existe una cantidad importante de personas católicas o cristianas que tienen ideas opuestas a la extrema derecha y que no comparten muchos de sus planteamientos. Lo que pasa es que sí, es verdad, la extrema derecha utiliza la fe, el cristianismo, el catolicismo en concreto, para tratar de reducir la identidad española, digamos, a unas coordenadas muy estrechas; es decir, los que gritan «España cristiana y nunca musulmana» tratan de negar que España es un país diverso, donde pueden convivir diferentes religiones y diferentes maneras de entender el mundo, igual que diferentes maneras de amar, diferentes maneras de sentirse español o lo que quiera sentirse cada uno.
Es importante la creación de
comunidades y de comunidad frente
al odio para desactivar todos estos
intentos de dividir a la clase trabajadora
y a la sociedad
Se usa la fe como arma arrojadiza para negar esa diversidad y para secuestrarla, como si ellos hablaran en nombre de todos los católicos, en nombre de la cristiandad. Esto flaco favor hace a las personas cristianas, muchas de las cuales no se sienten representadas por ideas de extrema derecha, todo lo contrario. La extrema derecha utiliza la religión de una manera muy perversa, porque, además, si vamos al corazón de muchas de las enseñanzas o de la doctrina religiosa cristiana, está totalmente alejada de lo que predica la extrema derecha y de los valores que encarna, absolutamente insolidarios, egoístas, racistas, individualistas, etcétera.
¿Qué soluciones le parecen con más futuro para frenar el autoritarismo de extrema derecha, que se ha convertido en una epidemia global que conquista cada vez más poder en todo el mundo: el cordón sanitario, la confrontación directa, la reformulación del pacto social…?
No hay ninguna fórmula mágica para vencer a la extrema derecha. Además, estamos en un momento político en el que está adquiriendo cada vez más poder, está ocupando cada vez más espacio y está apelando cada vez a más gente. Es muy importante que cada uno entienda hasta dónde puede llegar, cuál es su papel y qué puede hacer contra la extrema derecha. Es importante la creación de comunidades y de comunidad frente al odio para desactivar todos estos intentos de dividir a la clase trabajadora y a la sociedad por cuestiones raciales, religiosas, culturales, identitarias, etcétera.
La extrema derecha siempre va a buscar la fractura social, siempre va a buscar el enfrentamiento, siempre se va a servir del miedo, del odio y de la mentira. Por eso, el uso de las redes sociales es puro material inflamable que contribuye muy bien a esparcir este veneno. No hay una fórmula mágica para vencerlos, pero sí que debemos saber quiénes son, cómo actúan, cuáles son sus estrategias, sus mentiras y, sobre todo, que son muy hábiles a la hora de instaurar los marcos de los debates.
Hay que saber entrar en determinados debates. No hay que evitar los debates, lo que hay que hacer es enmarcarlos en otras coordenadas y evitar que sean ellos los que pongan las reglas del juego a la hora de hablar de un problema, ya sea el tema de la vivienda, la inmigración, los derechos sociales, la precariedad, las pensiones o cualquier otro tema. Por tanto, es muy importante saber combatir las mentiras y el odio de la extrema derecha.
Pero, primero de todo, debemos conocerla, debemos saber cómo actúa. Para eso, hay muchísima gente que está investigando, hablando de ellos y destripando un poco todas estas estrategias precisamente para que tengamos herramientas para combatirla. •
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