Invierno en Galicia. Oración por María Belén

Invierno en Galicia. Oración por María Belén

Señor de las noches largas
y de las casas con frío,
hoy Galicia amanece más oscura:
María Belén ha sido arrancada
de su vida,
de su casa,
de su cuerpo.

La tierra húmeda de Mos
guarda su nombre
como una herida abierta.
No fue el invierno quien la mató,
ni la lluvia,
ni la tristeza:
fue la violencia
que se disfraza de amor
y entra en casa
con cuchillo en mano.

En estos días de catarros y cansancio,
cuando la noche se adelanta
y el ánimo se encoge,
encendemos candelas
no para adornar la sombra,
sino para denunciarla.
Que la luz del Niño presentado en el templo
no sea consuelo barato,
sino juicio
sobre toda oscuridad que mata.

Bendecimos hoy cordones de San Blas:
no cadenas que atan,
sino lazos de vida;
frutas y dulces
no para tapar la herida,
sino para recordar
que la salud es cuidado compartido
y el cuerpo de las mujeres
no es territorio de nadie.

Y cuando la tristeza nos invade
—Santa Águeda herida otra vez—
salimos a la noche
con palos golpeando la tierra,
como hace este pueblo antiguo,
para despertar a la vida dormida.
¡Despertemos!
Que resuene el suelo,
que tiemble el silencio cómplice,
que se levanten las casas
contra el miedo.

Rosalía de Castro nos presta su ironía lúcida:
ella ya vio matrimonios como jaulas,
amores que prometían cielo
y daban infierno,
morales que reían
mientras las mujeres callaban.
Con humor triste,
con palabra afilada,
nos enseñó a no confundir resignación con virtud.

Por María Belén,
por las que no están en ningún registro,
por las que viven con miedo
aunque nadie lo haya denunciado,
haznos sembradores de vida, Señor.
Que nuestras manos no bendigan la costumbre,
sino la justicia.
Que nuestras voces no canten para olvidar,
sino para cambiar la historia.

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Y que esta noche de invierno,
entre candelas, cordones y cantos,
Galicia despierte
y no vuelva a llamar amor
a lo que mata.

Amén.