Una intervención artística convierte a Elon Musk en símbolo del “neofeudalismo” global

Una intervención artística convierte a Elon Musk en símbolo del “neofeudalismo” global
Coincidiendo con la celebración del Foro Económico Mundial de Davos 2026, Oxfam Intermón ha presentado una intervención artística realizada junto al artista Eugenio Merino para denunciar la creciente concentración de poder económico y político en manos de una élite global.

La obra consiste en la superposición de una máscara hiperrealista de Elon Musk —actualmente la persona más rica del planeta según Forbes, con una fortuna que supera los 700.000 millones de dólares— sobre el rostro de la estatua de Carlos V. El gesto transforma la figura del monarca en una metáfora visual del “nuevo orden neofeudal”.

La organización subraya que esta acción se enmarca en un contexto de récord histórico de riqueza acumulada por los milmillonarios. Según su último informe, en 2025 el patrimonio conjunto de estas grandes fortunas alcanzó los 18,3 billones de dólares, creciendo tres veces más rápido que la media de los últimos cinco años.

Oxfam Intermón defiende que esta acumulación no solo representa poder económico, sino también un aumento directo de la influencia política, hasta el punto de constituir “una amenaza para la salud de las democracias”.

Un diálogo entre dos formas de poder absoluto

La intervención propone un paralelismo entre la autoridad de los monarcas del pasado y la concentración extrema de riqueza en la actualidad. Según Oxfam Intermón, las antiguas estructuras de dominación basadas en el control militar, económico y dinástico han dejado paso a nuevas formas de mega poder individual y corporativo, articulado a través del dominio de los recursos, los datos, los medios de comunicación y las instituciones democráticas.

“La extrema concentración de riqueza ya no es una abstracción económica: se traduce en poder político real”, advierte Franc Cortada, director de Oxfam Intermón.

“Lo estamos viendo en directo, la habilidad del dinero para convertirse en poder político. Mientras unos pocos acumulan fortunas sin precedentes, la mayoría ve erosionados sus derechos, su poder adquisitivo y su capacidad de decisión”, añade.

El informe Contra el imperio de los más ricos complementa esta denuncia. En él, la organización destaca que los milmillonarios tienen 4.000 veces más probabilidades de ocupar cargos políticos que una persona corriente y que los países con mayores niveles de desigualdad presentan siete veces más probabilidades de experimentar retrocesos democráticos.

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Arte como instrumento de denuncia

Para Eugenio Merino, la intervención busca evidenciar una continuidad histórica entre los antiguos regímenes de dominación y los actuales sistemas de poder económico. “Los monumentos son sistemas de divulgación simbólica que sirven para legitimar el poder”, explica el artista.

Añade que, siguiendo reflexiones como las de Yannis Varoufakis o Cédric Durand, el capitalismo contemporáneo adopta rasgos de “tecnofeudalismo”, donde nuevos “señores” controlan territorios digitales y gobiernan desde el mercado, la tecnología y los datos. “Esta intervención propone mirar de frente esa continuidad histórica y preguntarnos quién gobierna realmente nuestras democracias”, sostiene.

Oxfam Intermón insiste en que la desigualdad no es un fenómeno inevitable, sino el resultado de decisiones políticas que tienden a favorecer a quienes ya concentran poder y riqueza, debilitando así el bien común y las instituciones democráticas.

España: riqueza récord y pérdida de poder adquisitivo

La organización destaca que esta reflexión adquiere especial relevancia en el contexto español. En 2025, los 33 milmillonarios del país sumaron un máximo histórico de riqueza, creciendo cuatro veces más rápido que la media de los últimos cinco años, mientras los salarios volvieron a perder poder adquisitivo. Actualmente, estos 33 grandes patrimonios acumulan más riqueza que el 39% de la población española.

“La gente no llega a fin de mes, sin embargo, al gran capital nunca le ha ido tan bien”, subraya Cortada. “Esta contradicción es el caldo de cultivo perfecto para la desafección democrática y los discursos autoritarios. Por eso es urgente poner límites al poder de los superricos”.