Una encuesta a trabajadores y trabajadoras del Vaticano revela malestar laboral

Una encuesta a trabajadores y trabajadoras del Vaticano revela malestar laboral
FOTO | Asamblea de Asociación de Empleados Laicos del Vaticano
La Asociación de Empleados Laicos del Vaticano (ADLV) ha hecho públicos los resultados de una encuesta interna que refleja desconfianza hacia la dirección y falta de reconocimiento profesional entre los empleados de la Santa Sede. Como respuesta, la Oficina del Trabajo de la Sede Apostólica (ULSA), presidida por monseñor Marco Sprizzi, ha defendido un modelo basado en el “diálogo, la escucha y la colaboración” reconociendo que existen aspectos que deben ser mejorados

La organización, formalmente reconocida por la Santa Sede en 1993 como órgano de representación y cuya secretaria general es Paola Monaco, realizó la consulta entre el 15 de diciembre y el 7 de enero entre trabajadores de distintos dicasterios y organismos vaticanos. Al cuestionario respondieron 250 personas, en su mayoría asociadas a la ADLV.

Tres de cada cuatro encuestados consideran que los trabajadores y las trabajadoras no están adecuadamente ubicados, valorados ni motivados, y una proporción similar percibe una desconexión entre la dirección y los empleados.

Para el 71,6%, los responsables no han sido seleccionados con criterios de transparencia ni mediante un recorrido curricular claro, mientras que el 26% señala que no es posible dialogar de manera libre y sincera con sus superiores.

La asociación subraya una percepción generalizada de escasa valoración del mérito y la experiencia acumulada. Más del 56% denuncia haber sufrido situaciones de injusticia o trato vejatorio por parte de sus responsables, un aspecto que la ADLV considera especialmente preocupante, aun cuando en el ordenamiento vaticano no esté tipificado el acoso laboral como delito.

En relación con la promoción interna, el 73% de los participantes afirma que existe un bloqueo en el avance por niveles funcionales y recuerda la suspensión del bienio, una medida que muchos califican de injusta y para la que todavía se espera una reparación.

La encuesta recoge además una valoración crítica de las reformas laborales de la última década: el 68% considera que no han supuesto ventajas concretas y más del 79% estima que no se invierte lo suficiente en la formación del personal.

En el apartado de representación, la mayoría de los empleados señala a la propia ADLV como primer interlocutor en caso de conflicto –no existen sindicatos ni derecho a la huelga– y valora el diálogo con los jefes de dicasterio como una vía eficaz para resolver los problemas laborales. el único organismo de representación de los empleados de la Santa Sede

La ULSA relativiza los datos

Como respuesta a la publicación de la encuesta, Vatican News difundió una entrevista con monseñor Marco Sprizzi, presidente de la Oficina del Trabajo de la Sede Apostólica (ULSA), en la que aborda los resultados del sondeo y defiende el papel de este organismo en la regulación de las relaciones laborales en la Santa Sede.

Sprizzi subraya que, desde un punto de vista técnico, la consulta se realizó sobre una muestra reducida y que “afecta a menos del 5 % de los empleados”. Aun así, afirma que la Oficina se toma en serio todas las voces y que su labor consiste en examinar las denuncias “a la luz del derecho y de la Doctrina Social de la Iglesia”, trasladándolas a las administraciones implicadas mediante espacios de mediación y diálogo.

“Diálogo, escucha, colaboración, en lugar de conflicto, competencia y reivindicación”, resume al describir la línea de actuación de la ULSA. El presidente de la Oficina define a la ADLV como un actor “importante y constructivo” y asegura que existen canales abiertos de mediación con los responsables de los dicasterios y del Governatorato, el organismo que ejerce las funciones de gobierno municipal en la Ciudad del Vaticano.

Sobre el descontento reflejado en la encuesta, Sprizzi afirma que no percibe un malestar generalizado aunque reconoce que existen aspectos que deben ser mejorados, como la adecuación de los niveles salariales a las tareas desempeñadas, y admite que en algunos casos los ajustes se han retrasado por limitaciones de recursos o para evitar la pérdida de puestos de trabajo.

En relación con las denuncias de acoso laboral, Sprizzi asegura que “personalmente, no tengo conocimiento de ningún caso de acoso laboral”. Y señala que existen mecanismos legales para presentar denuncias cuando se vulneran los derechos y subraya que, si se verificaran situaciones de abuso, “el primero en intervenir sería el Santo Padre”.

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