¡Larga vida a las cosas!

¡Larga vida a las cosas!
Foto | Millor que Nou
«¡Es tan corto el amor y tan largo el olvido!», escribió Neruda. Traducido a los objetos, ¡es tan breve el uso y tal largo el desuso! Con sus daños colaterales (contaminación, abuso de materiales, sobreabundancia de basura, vulneración de los derechos laborales de quienes los fabrican…), que hace que el precio que aparece en la etiqueta sea falso.

Desde hace un tiempo, un término se abre paso contra «normalidades» aberrantes: «alargascencia». Bonito no es, pero sí una palabra de resistencia, nacida para agere contra –que decía aquel– a otra, no más bonita, pero mucho más dañina: obsolescencia, con sus modalidades habituales: la planificada (fabricar objetos para que duren lo menos posible y así estimular la compra) y la percibida, que nos impele a encontrar desechable lo que adquirimos hace tal vez solo semanas porque nos cansamos, porque hay en el mercado otro modelo con más prestaciones, más brillante y, sobre todo, más nuevo; todo ello con el pertinaz empujón de la publicidad.

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