La tierra es de quien la trabaja

La tierra de Amira (2025)
Dirección: Roberto Jiménez Bozada
Guion: Pedro García Ríos, Rodrigo Martín
Intérpretes: Mina El Hammani, Manuel Morón, Pilar Gómez, Jorge de Juan, Joaquín Núñez
Emisión: En salas
La película cuenta la relación que se produce entre una joven migrante indocumentada llamada Amira, Justino (mayor que ella y viudo) y su hermana, que la tratan y acogen con respeto y humanidad.
La relación entre Amira y Justino evoluciona a lo largo de la película desde el distanciamiento inicial en el que Justino la acoge por presión de su hermana (quien ha de aludir a la difunta esposa del viudo Justino, diciéndole que ella la hubiera acogido en su casa) a la cercanía que se va dando conforme se desarrolla la acción. Culmina con un sentido y fuerte abrazo cuando Amira se dispone a iniciar una nueva etapa en su vida. Parecen un padre y una hija que se despiden. Se han creado lazos de afecto y fraternidad entre ellos.
“Los pobres siempre pierden” se lamenta la protagonista cuando ve que las cosas no han salido como ella pretendía. Ella ha venido a España para ayudar económicamente a su familia en Marruecos, con dos hermanas más pequeñas, pues su padre está enfermo sin poder trabajar. Se ve cómo envía dinero en un momento determinado a su madre. Por eso, cuando sufre un accidente por atropellamiento, su preocupación no es tanto su secuela física, sino recuperarse cuanto antes, para poder trabajar y ganar dinero que enviar a casa.
Antagónica a la actitud de Justino es la de Ramiro, agricultor terrateniente que quiere comprar tierras no regables para convertirlas en tales, a pesar de la carestía de agua. Su objetivo es el máximo rendimiento económico. Él es quien contrata a personas migrantes con permiso de trabajo por un precio irrisorio y a los que no lo tienen les paga menos aún, como es el caso de Amira.
Justino tiene principios como “la tierra es de quien la trabaja”. En la película se reflejan las condiciones laborales abusivas sobre las personas migrantes, que reciben un trato casi de esclavos; acoso sexual a las trabajadoras migrantes, explotación laboral. Pero también aparecen valores como el respeto a la dignidad del migrante, la agricultura respetuosa con el planeta Tierra, la humanidad hacia el necesitado; la solidaridad y ponerse en el lugar del otro.
La recomiendo, sin dudas. Lástima que no sea una película “comercial” y solo haya estado una semana en cartelera.
Con una ya larga trayectoria como guionista y productor de cortos, largos y series, el sevillano Roberto Jiménez (1980) señala que La tierra de Amira es una apuesta por entendernos, por conocernos y por respetarnos; explora la diferencia entre las personas no como elemento disruptivo o disgregador, sino como punto de confluencia desde el que construir con lo opuesto para enriquecernos como individuos, pero también como sociedad. Vivimos tiempos de radicalización, de extremos, de polarización: o estás con unos o estás con otros. No hay espacio para el diálogo sereno y constructivo.
Todo parece diseñado para que nos dividamos y enfrentemos. Y, en este complicado contexto, La tierra de Amira es una película que tiende puentes entre jóvenes y viejos; entre la España vaciada, que intenta sobrevivir, y la urbana, que no la conoce ni la comprende; entre una agricultura ancestral condenada a la desaparición y quienes intentan mantenerse firmes para conservar las viejas semillas heredadas; entre culturas y religiones que se venden como antagónicas sin razón alguna; entre aquellos y aquellas que llegan a España buscando la esperanza y quienes los necesitamos para apuntalar el futuro”.
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