La diócesis de Getafe se pregunta cómo avanzar hacia una pastoral del trabajo comunitaria y significativa en estos tiempos

La diócesis de Getafe se pregunta cómo avanzar hacia una pastoral del trabajo comunitaria y significativa en estos tiempos
La segunda sesión del encuentro formativo “1891 Rerum Novarum – Dilexit te 2025: de León XIII a León XIV”, organizado por la Vicaría para la Pastoral Caritativa y la Acción Social y la Escuela de Doctrina Social de la Iglesia de la diócesis de Getafe, profundizó en los desafíos actuales para aplicar los principios clásicos de la Doctrina Social de la Iglesia.

La sesión volvió a estar dirigida por el teólogo Fernando Díaz Abajo, exconsiliario general de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC), quien pasó a trazar las constantes entre la encíclica que inauguró el pensamiento social sistemático del Pueblo de Dios y el documento que, por ahora, cierra el magisterio eclesial. Posteriormente, planteó las interpelaciones a la comunidad allí reunida sobre los retos que presenta el trabajo en la actualidad.

A pesar del siglo largo transcurrido, los “paralelismos sorprendentes” entre Rerum novarum (1891) y la exhortación Dilexit te, firmada por León XIV que muestran claves que siguen siendo válidas ante los nuevos fenómenos laborales, tecnológicos y ambientales.

Los principios que, como no puede ser de otra manera, se mantienen atraviesan cinco áreas fundamentales: la búsqueda el bien común, la propiedad privada, el papel del Estado y su orientación hacia la justicia social, la primacía del trabajo sobre capital y la defensa del medio físico en el que se desarrolla la vida, que con Francisco amplía su sentido a la casa común

Pero también, igualmente lógico, aparecen diferencias, en realidad en los acentos y urgencias. Mientras la tradición clásica articula un enfoque doctrinal y social fuertemente apoyado en el patrimonio bíblico-patrístico, Francisco ya propuso un carácter estilo más misionero, kerigmático y orientado a procesos, donde “todo está conectado”, destacando el protagonismo de toda la comunidad y el papel de los movimientos populares.

Su reflexión desembocó en una batería de propuestas para “humanizar las relaciones laborales” y evangelizar el mundo obrero, alineadas con los principios de dignidad, justicia, participación y cuidado de la creación.

Entre ellas, Díaz Abajo destacó la necesidad de que los salarios generados a través del empleo garanticen la suficiencia vital y las jornadas laborales se adecúen a las necesidades personales; familiares y sociales, con el horizonte de lograr la igualdad efectiva entre mujeres y hombres, pero también entre nativos y extranjeros; y que se establezcan cauces para la participación de los trabajadores en decisiones empresariales y el desarrollo de modelos cooperativos.

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En nuestra época, con sus particularidades, además, demanda la evaluación ética del uso de algoritmos en la organización del trabajo y limitar la vigilancia digital; de apostar decididamente por la transición ecológica justa con formación, empleo alternativo y planes de descarbonización. También, como no, atender con los recursos preventivos y el desarrollo de la ciencia, la seguridad laboral, incluido la mental.

En el turno de las propuestas operativas, el debate se centró en cómo animar comunitariamente la pastoral del trabajo en las parroquias, en contacto con los movimientos populares para llevar a la vida y misión de la Iglesia esta doctrina social.

La tarea pendiente sigue siendo, ayer cómo hoy, acompañar a los hombres y mujeres del mundo del trabajo y ambientes empobrecidos en sus alegrías y sus penas y facilitar su encuentro con Jesucristo, camino, verdad y vida.

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