“In Memoriam” de Martín Zamora Borobio

In memoriam elaborada a partir de la homilía en sus exequias realizada por Gabriel-Ángel Rodríguez Millán, administrador diocesano, en la parroquia de Nuestra señora del Espino de Soria el 14 de enero de 2026
Martín Zamora Borobio fue un sacerdote de presencia cercana, trabajo constante y fidelidad sostenida en el tiempo. Quienes lo conocieron lo recuerdan como un hombre querido “no por haber buscado aplausos, sino por su cercanía, por su trabajo constante y por su corazón de pastor”.
Nació el 14 de agosto de 1942 en Tajahuerce. Se formó en el Seminario de El Burgo de Osma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde fue ordenado sacerdote en 1967. Desde entonces, su vida ministerial quedó marcada por un “sí mantenido en el tiempo”, vivido con disponibilidad real y concreta: “estar cuando y donde hacía falta, seguir adelante mientras tuvo fuerzas y servir hasta el final, sin cálculos ni reservas”.
De carácter afable y templado, su manera de estar serenaba y facilitaba el encuentro. Escuchaba sin prisa y acompañaba con calma, ayudando a ordenar inquietudes y a sostener procesos personales y comunitarios. Esa actitud definió su forma de pastorear.
Mantuvo una vinculación constante con la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y con el mundo del trabajo hasta sus últimos días. Vivió la convicción de que “la fe no puede desentenderse de la dignidad del trabajo, de la justicia, de los derechos de las personas, de las heridas sociales”. Fue un hombre de diálogo, capaz de hablar con claridad y con respeto.
Su primer destino pastoral fue como coadjutor en la Parroquia de Nuestra Señora del Espino, en Soria. Después sirvió en la zona de Ólvega, en Medinaceli y parroquias cercanas, y en distintos pueblos de tierras adnamantinas durante la década de los setenta.
Un momento decisivo de su trayectoria fue su etapa misionera en Campeche, México. Allí aprendió que “la Iglesia es una familia más grande que nuestras fronteras y que el Evangelio crece cuando se comparte”. A su regreso, continuó su servicio en la diócesis como coadjutor de la parroquia de El Salvador y como Delegado de misiones.
Entre 1991 y 2005 fue capellán del Centro Penitenciario de Soria. Ese servicio lo retrata como un sacerdote dispuesto a estar en los lugares donde la vida es más frágil, convencido de que “el Evangelio es, ante todo, buena noticia para los heridos”.
En sus últimos años fue pastor de varios pueblos en torno a Buitrago de Soria y, más recientemente, de las parroquias de Sotillo de Rincón, Valdeavellano de Tera y otras del Valle. Su ministerio se midió en “kilómetros”, en “casas visitadas” y en “sacramentos celebrados con frío y en acompañamiento, aun con pocos fieles”.
Vivió sus últimos años en la Casa diocesana, donde fue atendido y cuidado con respeto y cariño, entendiendo que “cuidar así es también Evangelio”.
Su vida puede resumirse en una afirmación sencilla: “No fue la suya una vida guardada, sino ofrecida”. Esa es la imagen que deja Martín Zamora Borobio: la de un pastor que caminó paso a paso con su gente, sostuvo comunidades pequeñas, tendió puentes con el mundo del trabajo y ofreció su vida en fidelidad al servicio recibido.
Descanse en paz y ¡hasta mañana en el Altar!

Redacción de Noticias Obreras.



