«Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo»

Lectura del Evangelio según san Juan (31, 29-34)
Al día siguiente, Juan vio a Jesús, que se acercaba a él, y dijo:
–Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A este me refería yo cuando dije: «Detrás de mí viene uno que es superior a mí, porque existía antes que yo». Yo mismo no lo conocía; pero la razón por la cual yo bautizo con agua es para que él se manifieste a Israel.
Juan dio testimonio diciendo:
–Yo he visto que el Espíritu bajaba desde el cielo como una paloma y permanecía sobre él. Yo mismo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: «Aquel sobre quien veas que baja el Espíritu y permanece sobre él, ese es quien bautizará con Espíritu Santo».
Y como lo he visto, doy testimonio de que este es el Hijo de Dios.
Comentario
Cuando Juan habla de mundo, no está hablando de la tierra que amamos, ese gran regalo de Dios, no habla tampoco de lo que nos puede resultar alegre, divertido, lo que nos hace la vida agradable… no tiene nada que ver con eso, como si fuera algo malo y desagradable a Dios…
El mundo, para Juan, es otra cosa, es este mundo tal cual nosotros los seres humanos lo hemos organizado, donde unos pocos tienen todo y la mayoría casi nada, donde unos pueden vivir a todo tren, en países donde el bienestar y el confort es lo más importante mientras otros gritan y se agarran desesperados a las alambradas de nuestras fronteras y contemplan cómo comemos uvas y derrochamos y ellos mueren como moscas de frío, mueren en nuestros mares o pasan hambre y miserias en territorios más cercanos que lejanos.
La justificación de genocidios de forma alarmante y la indiferencia del mundo «civilizado». Pueblos víctimas de guerras que fomentamos en un comercio de armas terriblemente cruel e hipócrita. El mundo donde se marcan diferencias raciales o de género. Mundo donde las desigualdades sociales se han normalizado tanto que no son noticia y se puede competir en listas como la Forbes, donde las desigualdades son evidentemente escandalosas. Un mundo donde la crispación y la violencia, de cualquier tipo, se quiere normalizar. Es el mundo donde la diversión y la comodidad y el consumo de unos pocos se hace sobre el hambre de muchas personas, de la mayoría…
El testimonio de Juan el Bautista tiene varios elementos a tener en cuenta:
– Señala a Jesús como el Cordero de Dios. Y no lo tenemos que entender desde la perspectiva expiacionista, que paga un rescate por todos; ni el siervo sufriente… es el Cordero Pascual, símbolo clarísimo para el pueblo de Israel de la liberación, de la salida de la esclavitud. Para Juan, Cristo es la liberación. Su propuesta de vida tiene, si la asumimos, la capacidad de cambiar el mundo, porque sus valores tienen que ver con el amor, la solidaridad, la entrega, la generosidad, la deferencia hacia los más empobrecidos y marginados de la sociedad… la igualdad entre los seres humanos, la justicia.
– Es el que quita el pecado del mundo. No habla de los pecados individuales, nos habla de «la mentalidad», de la cultura que se nos impregna, esa cultura con los valores de este mundo. Jesús con su forma de vida hace una propuesta distinta: nos ofrece otra mentalidad. Jesús nos propone valores que humanizan. Entrar en la dinámica del reino es salirnos de la cultura del pecado del mundo. Este pecado que consagra al capital, a la empresa y al mercado como dioses (trinidad) que se adoran y que están por encima de las personas. Un mundo de matones plutócratas, donde se consagra la mentira, y la manipulación de las personas entra de la forma más sofisticada para dirigir conciencias y controlar voluntades con el control de la inteligencia artificial y las redes sociales… y esto es pecado, de verdad. Hay tarea: «quitar el pecado del mundo»: «Las estructuras de injusticia deben ser reconocidas y destruidas con la fuerza del bien, a través de un cambio de mentalidad…» (Dilexi te, 97).
– Jesús es el hombre sobre el que se ha posado el Espíritu de Dios, el aliento de Dios, que crea y da vida por amor… «Y todo era bueno», nos dice el Génesis. Toda la fuerza de Dios en Jesús se convierte en principio transformador para esta tierra, donde el «mundo de Juan» es sustituido por el reino de Dios. Es un nuevo relato de nacimiento que encamina a la misión, que es toda una buena noticia.
– Y es el que bautiza con el Espíritu, Jesús nos transmite la vida de Dios, Dios entra en la historia, en Jesús, porque somos importantes para Dios, no es que la divinidad se rebaja, no, Dios nos dignifica en Jesús de Nazaret, por medio de Jesús recibimos la Vida Divina. Dios se hace humanidad para que la humanidad viva la vida en Dios, y vivir la vida de Dios nos humaniza más.
– Y el Bautizador testimonia a Jesús como el «Hijo de Dios», aquel en quien se nos manifiesta el Rostro de la Divinidad, tal como también se había adelantado ya en el prólogo: «A Dios nadie lo vio jamás; el Hijo único, que es Dios y que está en el seno del Padre, nos lo ha dado a conocer». Toda pregunta que nos hagamos sobre Dios, la respuesta es Jesús. No tenemos que mirar al cielo donde la mirada se pierde en el infinito, no miramos a los filósofos para que nos digan cómo y quién es Dios: miramos a Jesús, él transparenta el rostro de Dios y por Él, con Él y en Él llamamos a Dios Abba… Padre.
Y la clave sigue siendo el Espíritu que nos invita a vivir la vida de Dios, que nos fortalece contra la mentalidad del mundo. La fuerza de Dios, que nos inspira en cada momento para ir escribiendo nuestro evangelio, para ir poniendo nuestros pequeños pies en las huellas que el Maestro, el Hijo de Dios, dejó y que nosotros pisamos y caminamos en un paisaje distinto, en estos tiempos distintos, donde el reino de Dios, la buena noticia tiene que hacerse carne, liberación, perdón, solidaridad…
Hoy, más que nunca, necesitamos acercarnos al Espíritu de Dios, ese personaje que anima la vida de la Iglesia y que tenemos un poco abandonado los cristianos… es tiempo del Espíritu, estamos en el tiempo del Espíritu. Hoy, más que nunca, tenemos que recuperar el sacramento de la Confirmación, recibir de forma consciente, el Espíritu para que él nos transmita la vida de Cristo y como Juan demos testimonio de Él, Él es propuesta de liberación para los hombres y mujeres de hoy. Es el remedio ante los valores y mentalidades deshumanizantes de este «mundo».
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Consiliario general de la HOAC
Cura en Gran Canaria. Diócesis de Canarias
Ordenado el 5 de noviembre 1984 por Ramón Echarren Ystúriz
Nací el 26 de septiembre de 1955



