El CIS alerta de una sociedad que espera cambios, pero teme perder trabajo, vínculos y derechos

La ciudadanía española afronta la próxima década con la expectativa de cambios profundos, pero sin confianza en que estos se traduzcan en una mejora de las condiciones de vida, especialmente en el ámbito del trabajo
Así lo refleja la Encuesta sobre Tendencias Sociales (V) del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), realizada y publicada los últimos días de diciembre de 2025, que sitúa la precarización del empleo, el aumento de la desigualdad y el debilitamiento de los vínculos sociales como los principales temores de la población ante el futuro.
Casi siete de cada diez personas entrevistadas (69%) consideran que en los próximos diez años habrá “muchos” o “bastantes” cambios sociales y económicos. Sin embargo, la valoración de esos cambios aparece claramente dividida: un 35,3% cree que serán positivos o muy positivos, frente a un 36,6% que los considera negativos o muy negativos, mientras un 12,8% los juzga indiferentes. El estudio dibuja así una sociedad consciente de la transformación en curso, pero sin un horizonte compartido de progreso social.
El trabajo, principal foco de inseguridad
El trabajo ocupa un lugar central en la percepción de riesgo. Más de la mitad de la población (55,1%) cree que el aumento de robots y sistemas automáticos de trabajo provocará un incremento del paro, frente a solo un 12% que confía en que la automatización genere más puestos de trabajo. Además, el 83,7% anticipa que dentro de diez años habrá más robots sustituyendo a trabajadores y trabajadoras.
Cuando se pregunta directamente por la evolución del empleo en España, el diagnóstico es igualmente preocupante: el 45,3% considera que habrá más paro o falta de trabajo, mientras que el 70,4% prevé un aumento de las diferencias sociales y económicas. La encuesta refleja un temor extendido a que los cambios tecnológicos y productivos se traduzcan en más precariedad y desigualdad, afectando de manera directa a la vida cotidiana de las personas trabajadoras.
La desconfianza no se limita al empleo. Solo el 16,4% cree que en diez años habrá más personas realizadas o que disfruten con su trabajo, frente a un 45,1% que piensa que serán menos. El trabajo aparece así asociado al desgaste y la inseguridad, más que a la realización personal o al desarrollo humano.
Este dato resulta especialmente significativo en un contexto de intensificación de los ritmos productivos, digitalización acelerada y pérdida de control de las personas sobre sus condiciones laborales.
Un Estado que proteja frente a la incertidumbre
En este escenario, la ciudadanía encuestada muestra un respaldo mayoritario a la intervención pública. El 68,6% considera que el Estado debe intervenir en la economía, frente a un 24,3% que apuesta por dejarla en manos de la iniciativa privada. Entre quienes defienden la intervención estatal, casi ocho de cada diez (79,1%) apuestan por que el Estado actúe en sectores estratégicos y marque orientaciones generales.
El dato apunta a una demanda social clara de más protección, más regulación y más capacidad pública para garantizar derechos, especialmente ante los riesgos derivados de la precarización del trabajo y el aumento de la desigualdad.
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Desconfianza política y fatiga institucional
La encuesta también constata una persistente desconfianza hacia las principales instituciones políticas. Los partidos políticos obtienen una media de confianza de 3,49 puntos sobre 10, seguidos de los sindicatos (3,70) y del Gobierno de España (3,84). En contraste, la Constitución de 1978 alcanza una valoración media de 6,40 puntos, la más alta del conjunto.
La proyección a cinco años refuerza esta fatiga: el 48,9% cree que tendrá menos confianza en los partidos políticos y el 37,4% anticipa una pérdida de confianza en el Gobierno, lo que refleja una democracia funcional, pero con una fuerte erosión de la credibilidad de sus actores.
Soledad, cuidados y debilitamiento de los vínculos
Más allá del empleo y la política, el estudio alerta de un deterioro de los lazos sociales. El 79,4% cree que aumentará la soledad y el aislamiento, mientras que el 54,9% considera que habrá menos relación con la familia. También se prevé un descenso de la natalidad (68,5%) y una reducción de los cuidados familiares a las personas mayores (56,9%).
Estos datos dibujan un escenario de fragilidad social, donde la falta de tiempo, la inseguridad laboral y la mercantilización de los cuidados amenazan la cohesión comunitaria y la vida familiar.
Un mundo más desigual y conflictivo
La mirada global tampoco es optimista. Casi la mitad de la población (49,8%) cree que en el mundo habrá más guerras y conflictos internacionales, mientras que el 64,4% anticipa un aumento de las desigualdades entre países pobres y ricos.
Además, el 69,2% prevé un incremento de las migraciones forzadas, y solo el 15,5% confía en que la ONU desempeñe un papel más activo y eficaz.
Un diagnóstico que interpela
En conjunto, la Encuesta sobre Tendencias Sociales del CIS ofrece un diagnóstico claro, donde el futuro se percibe como incierto y socialmente más duro, especialmente para quienes viven del trabajo, esto es: la mayoría del país. La expectativa de cambio es elevada, pero la confianza en que ese cambio mejore las condiciones de vida es limitada.
Los datos interpelan de manera directa a las políticas públicas, al diálogo social y a la organización del trabajo, situando en el centro la necesidad de proteger el trabajo decente, reducir la desigualdad y reforzar los cuidados y los vínculos sociales como pilares del bien común.

Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



