Las nuevas «cosas nuevas»

Nada de lo acontecido en el V Encuentro de Movimientos Populares podemos calificarlo de casualidad o improvisación, pero tampoco afirmar que todo estuviera calculado y protocolizado.
La única conclusión posible ante todo lo sucedido es reconocer que el Espíritu batió sus alas y desplegó toda su creatividad, inspirando a quienes participaron, con símbolos tan sutiles como significativos como el ubicar la sede del encuentro en el Spin Time, edificio ocupado en un barrio de Roma, que alberga a 400 personas de 27 países y a diferentes organizaciones; o la «peregrinación» de este espacio social y comunitario al Vaticano, es decir, desde las periferias al centro, representando, de esta forma, que no cejarán en su empeño de que la Iglesia acoja y escuche los reclamos de sus movimientos y la lucha por la justicia ante las situaciones de discriminación y marginación a las que el sistema les tiene sometidos.
Una vez más las y los preferidos de Dios nos dan ejemplo de valentía y esperanza, saliendo a la calle, haciéndose oír y sin miedo a ser visibles para el mundo.
Esta audacia fue uno de los elementos que León XIV destacó en el mensaje que dirigió a estos movimientos. Les reconoció que su grito no era puro lamento, sino que iba acompañado de un compromiso, que ofrecían soluciones, se implicaban en la realidad para encontrar vías solidarias en pro de combatir el individualismo y la indiferencia.
Desde las periferias, dijo, las cosas se ven de forma diferente y les invitó a mirar, desde ahí, las «cosas nuevas» que el progreso nos va trayendo. Porque los múltiples avances habidos en tan pocos años aún no han erradicado ni la pobreza ni la exclusión, al contrario, han provocado nuevas adicciones, aumentado las desigualdades, un mayor abismo entre ricos y pobres, una grave crisis climática… y, al final, toda esta avanzadilla tecnológica que nos ha vuelto hiperconectados e informados no beneficia a todos por igual. Su impacto desigual, según el lado del mundo al que se pertenezca, deja patente su sesgo discriminatorio generando un mayor empobrecimiento. Lo que es progreso para unas personas, para otras se convierte en una mayor desigualdad.
Esta ambigüedad de las cosas nuevas provoca desprotección y vulnerabilidad a las personas, una mayor explotación de unos pueblos sobre otros; y la esquilmación de los recursos naturales para poder costear el mal llamado progreso.
Para abordar esta situación, el papa hizo una llamada a enfrentarla con un garante ético que ponga freno a tanta deshumanización; invitó a los movimientos populares a que continuaran en su compromiso comunitario, a colmar el vacío de valores existentes «poniendo en marcha procesos de justicia y solidaridad que se extiendan por toda la sociedad». Les animó a seguir plantando la bandera de Tierra, Techo y Trabajo, pues son derechos sagrados por los que vale la pena luchar. Les alentó a continuar por el camino de solidaridad que han emprendido, ya que sus iniciativas se transformarán en nuevas políticas y derechos sociales; que su legítima y necesaria búsqueda siembra semillas de amor que harán que el mundo vaya recuperando su humanidad.
Pero si hay algo que dejó claro, desde el principio en su mensaje fue que él, y con él toda la Iglesia, está con ellos, que les apoya y quiere acompañarles en esta senda, que el estandarte que han levantado «merece un capítulo entero en el pensamiento socialcristiano sobre los excluidos del mundo de hoy». Dicho de otra forma, los movimientos populares están haciendo Doctrina Social de la Iglesia, actualizan el Evangelio desde las periferias, con sus vidas comprometidas posibilitan la construcción del reino aquí y ahora; abren camino a la esperanza, plantan cara al sistema diciéndole que no tiene la última palabra, que la Resurrección ilumina los rincones más oscuros y que no importa si hay que volver a empezar, porque «siempre será desde los últimos» (1).
Una vez más las y los preferidos
de Dios nos dan ejemplo de valentía
y esperanza, saliendo a la calle,
haciéndose oír y sin miedo
a ser visibles para el mundo
Este encuentro ha ratificado la trayectoria que comenzó el papa Francisco, pero, además, ha arrancado un compromiso por parte de la Iglesia de acompañar el trabajo y los reclamos de estos movimientos, no solo acogiéndoles para que se encuentren, sino impulsando a que continúen en su justa lucha por la justicia y sus exigencias de tierra, techo y trabajo.
Debemos interpretar todo esto, no como una mera continuidad de lo ya iniciado, sino como un aval de lo que vendrá, una garantía de escucha a quienes se les quita la voz constantemente, quienes no cuentan en las estadísticas, a quienes se descarta por el sitio del mundo donde han nacido o debido a que el trabajo que realizan se considera indigno porque recogen basura, venden por las calles o se ensucian las manos cuando siembran.
Porque si esta Iglesia quiere ser verdaderamente profética debe estar del lado y al lado de los movimientos populares, acompañando en sus reclamos de justicia, de paz, tierra, techo y trabajo, sin aspavientos, ni poniéndose medallas, sino discreta, pero visiblemente, no para que el mundo la vea, sino para que las personas que conforman esos movimientos tengan la certeza de que está ahí, que las acoge, las escucha, que las defenderá ante un sistema que los descarta e invisibiliza.
Por su parte, los movimientos deben continuar peregrinando desde las periferias al centro sea cual sea el centro: el Vaticano, los Gobiernos, la comunidad internacional, hacerse oír, que se les vean, que no se esconden y que no esperan sentados a que unas leyes les reconozcan unos derechos que ya tienen por el simple hecho de ser personas, sino que los pelean cada día llevándolos a metas más altas porque «el bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día. No es posible conformarse con lo que ya se ha conseguido en el pasado e instalarse, y disfrutarlo como si esa situación nos llevara a desconocer que todavía muchos hermanos nuestros sufren situaciones de injusticia que nos reclaman a todos» (2). •
1 Papa Francisco, Fratelli tutti, 235.
2 Ídem 11.

Militante de la HOAC de Canarias



