La bondad

Escribo estas líneas un 13 de noviembre, fecha en la que se celebra el Día Mundial de la Bondad, una invitación global a practicar lo que considero es un «arte invisible de alumbrar el mundo».
Podemos definirla como la inclinación o tendencia natural del ser humano a hacer el bien. Atendiendo a su etimología latina, proviene del término bonus, que significa «bueno» y del sufijo –tat que equivale a «cualidad» y suele asociarse a otros valores como la humildad, la generosidad y la paciencia.
La bondad es ese milagro humilde y anónimo que sostiene el universo. Y se parece al agua que humedece la tierra reseca del alma humana y los desiertos del mundo. Es el manantial oculto donde una sociedad desesperada puede beber y encontrar esperanza.
La bondad no se nota… hasta que falta.
Ser bondadoso es ser, de algún modo, custodio silencioso de la belleza profunda de nuestra identidad esencial. Sí, es nuestra bondad la que mejor nos define, la que nos muestra nuestras entretelas divinas y la que nos revela cuando la mostramos, como epifanía, como manifestación y reflejo de una «bondad mayor» y de la que somos parte.
Quien ejerce la bondad es un sembrador del espíritu: esparce semillas sin esperar cosecha y riega los suelos resecos de la convivencia a base de comprensión, entrega amorosa y ternura.
Es un misterio sagrado y eterno que multiplica su sustancia y su potencia cuando se encarna en los gestos cotidianos: hay bondad en ser puente para el otro y madera tendida sobre el abismo de las diferencias; hay bondad en la boca que calla una verdad que heriría, y bondad en el oído que recoge las penas ajenas como si fueran propias. Hay bondad en la mano abierta que recibe con agradecimiento y en la que se ofrece con humildad.
La bondad es la nota más alta, elevada y hermosa del latido de nuestro corazón.
Es la fuerza menos bruta que puede cambiar el mundo.
«La gente buena saca lo bueno de las otras personas» y así la bondad se reproduce por contagio, como el perfume de una flor abierta en el jardín de la convivencia.
Como dijo alguien, «la bondad es el arte sutil de hacer del mundo un lugar más habitable, más hermoso y, sobre todo, más humano». •

Maestro. Formador. Escritor
Autor de “Dos minutos”



