El trabajo a la luz de la Navidad

El trabajo a la luz de la Navidad
Foto | Tyler Rutherford (unsplash)
En la revolución de Marx se plateó la tensión entre patronos y obreros, denunciando la explotación que sufría el proletariado.

En 1891 León XIII publicó la significativa encíclica Rerum novarum defendiendo «no solo el derecho a exigir un salario, sino para hacer de este el servicio que quiere». Era lo mínimo que se podía pedir en aquellas fechas. Pero después hemos corrido el peligro de quedarnos ahí, valorando el trabajo humano solo por el salario recibido.

En los últimos años, las personas venimos tomando conciencia de nuestra dignidad y derechos fundamentales Por eso pedimos un trabajo digno. Para ello son imprescindibles condiciones humanas de trabajo. Es cuestión que, al menos en gran parte, depende de las condiciones laborales. Como cristianos, unidos a todos los que sinceramente busquen esas mejoras imprescindibles, debemos seguir reclamando y haciendo lo posible por la continua reforma laboral.

Pero a luz de la Navidad, hay que dar un paso más para valorar el trabajo humano: somos lugartenientes del Creador y con nuestro trabajo estamos desarrollando la creación Navidad, quiere decir la encarnación de ese misterio que llamamos Dios en nuestra condición humana. En nuestro trabajo estamos encarnando y continuando la presencia y la obra del Creador.

Así lo celebra el himno litúrgico: «Quien diga que Dios ha muerto, que salga a la luz y vea. Si el mundo es o no tarea de un Dios que sigue despierto. Ya no es su sitio el desierto ni en la montaña se esconde. Decid, si preguntan dónde, que Dios está –sin mortaja– en donde un hombre trabaja y un corazón le responde».

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