La asamblea global de personas cristianas LTBIQ+ llama a construir Iglesias inclusivas

La 5.ª Asamblea de la Red Global de Católicos Arcoíris (GNRC) concluyó en Madrid con un firme llamamiento a renovar las Iglesias a través de la inclusión y el respeto a los derechos humanos, en coherencia con la dignidad humana que proclama el Evangelio.
En este foro, que reunió a más de 160 participantes de más de 35 grupos LGTBIQ+ procedentes de África, Asia, Australia, Europa, América Latina y América del Norte, se emitió un comunicado conjunto que reitera el compromiso de avanzar hacia una comunidad eclesial más acogedora, transformadora y fiel al Evangelio.
Organizada bajo el lema “Caminar juntos/as/es: retos arcoíris después del Sínodo”, esta quinta asamblea, coordinada junto con las asociaciones españolas Chrismhom e Ichthys, se ha convertido en el encuentro más numeroso en la historia de la GNRC.
Durante los días de reunión, los asistentes participaron en momentos profundos de oración, diálogo, celebración y reflexión, celebrando además el décimo aniversario de la red.
La ponencia central titulada “Emaús después del sínodo plantearon”, sirvió para destacar que el Pueblo de Dios está en proceso “con todas sus vicisitudes, de subidas, de bajadas, de luces, de sombras, de decepciones, de gozos”, pero con “el hilo conductor de la esperanza”, en palabras de María Luisa Berzosa.
La otra ponente, participante igualmente en el sínodo de la sinodalidad, Cristina Inogés, reconoció la importancia de “adentrarse en el camino”, incluso a pesar de la frustración, “siempre y cuando estemos dispuestos a aceptar el diálogo, la escucha, el encuentro con quien se acerca, lo que nos ayuda a entender que no vale más la seguridad conocida que arriesgarse y que debemos estar dispuestos a volver a Jerusalén, el sitio de muerte, pero también el sitio de vida para todos”.
Especial relevancia tuvo la celebración compartida en los jardines madrileños de la ermita de la Virgen del Puerto, en Madrid, donde se leyó una carta del cardenal José Cobo, dirigida a los participantes, en la que expresó su deseo de reforzar “una Iglesia donde nos escuchemos unos a otros, de puertas abiertas, acogedora y fraterna, capaz de caminar desde el respeto, la compasión y la delicadeza”.
Cobo reconoció en esta misiva que “nunca haremos suficiente para alcanzar la calidad y la calidez de las acogidas de Jesús. En sus encuentros, Cristo sabía desvelar la humanidad de cada persona, descubría incluso las heridas y el sufrimiento, pasando a segundo plano cualquier otra consideración”.
Igualmente, señalaba que “con independencia de la complejidad de las situaciones y de nuestro mundo, la centralidad de la persona y su dignidad debería ser normativo para todos los cristianos”, por lo que asume que “las comunidades cristianas, también en camino y deseosos de evitar todo tipo de discriminaciones injustas y procesos que nos deshumanizan, además de la acogida, debemos promover una cultura del diálogo, del acompañamiento y la efectiva inclusión de quien desea caminar en la iglesia”.
Terminaba su mensaje recordando que “estamos abriendo puertas nuevas y nuevas actitudes pastorales que posibiliten el entendimiento, y nos haga a todos sentirnos caminantes de esperanza”, además de desear a los participantes “una fecunda asamblea y un diálogo iluminado por el Espíritu Santo”.
El comunicado final de la asamblea recoge una renovada invitación a “seguir trabajando juntas, juntos y juntes por una Iglesia más inclusiva, justa y centrada en el Evangelio”, a través de la creación de vínculos de fraternidad, apoyo y esperanza entre comunidades de distintos continentes, y el diálogo sincero, la diversidad enriquecedora y la fuerza transformadora de la oración compartida.
Compromiso con la sinodalidad y la igualdad
Como parte de sus resoluciones, los participantes reafirmaron su respaldo al proceso sinodal en curso en la Iglesia católica, y se comprometieron a seguir impulsando estructuras inclusivas, atención pastoral adecuada y participación auténtica de personas y familias LGTBIQ+ en todos los niveles de la vida eclesial.
Desde el inicio de la asamblea, los copresidentes Marianne Duddy-Burke y Christopher Vella han insistido en que “los derechos LGTBI son derechos humanos y cualquier cristiano debería entender, y defender, eso”.
“Con gratitud y esperanza”, se lee en el comunicado final, “nos volvemos a comprometer con esta misión, confiando en que lo que hemos vivido juntas, juntos y juntes en Madrid será semilla de nuevas iniciativas, colaboraciones y testimonios. Conjuntamente, fortaleceremos nuestra fe y nuestro servicio a la comunidad cristiana LGTBIQ+ global, contribuyendo a construir una Iglesia que encarne los valores de la sinodalidad, la escucha, la justicia y el amor”.

Redactor jefe de Noticias Obreras