La migración escucha las campanas de Extremadura contra la despoblación

La migración escucha las campanas de Extremadura contra la despoblación

La realidad de la “Extremadura vaciada” es un desafío que interpela no solo a las instituciones políticas, sino a toda la sociedad. La despoblación ha generado un impacto evidente en la vida económica y social de la región, con pueblos que languidecen ante la falta de nuevas generaciones, de dinamismo y de fuerza laboral. Ante esta situación, los migrantes no son una carga, sino una oportunidad para revitalizar Extremadura y convertirla en una tierra de acogida y crecimiento.

La llamada de los Obispos y la urgencia de actuar

En su carta pastoral sobre la despoblación, los obispos de Extremadura nos invitan a reflexionar sobre la necesidad de revitalizar nuestros pueblos y recuperar la vida comunitaria. Como señala el Evangelio, “Era forastero y me acogisteis” (Mateo 25,35). Acoger no significa solo dar refugio, sino integrar, reconocer y valorar el aporte de cada persona. La migración debe verse como una respuesta posible y esperanzadora ante la despoblación, una oportunidad para fortalecer el tejido social y económico.

Migrantes: actores del cambio, no carga fiscal.

A menudo, el discurso sobre la migración se centra en el concepto de asistencia, pero los migrantes desean ser parte de la solución y no una carga fiscal. En la historia de la humanidad, los movimientos migratorios han sido motores de desarrollo. Hoy en día, en Extremadura, la llegada de nuevas familias puede significar la reapertura de escuelas, el rescate de oficios en peligro de extinción y el rejuvenecimiento de un mercado laboral que necesita mano de obra.

San Pablo nos recuerda que “ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3,28). Esto nos llama a construir una sociedad donde todos tengan un papel, independientemente de su origen.

Propuestas concretas para la Junta de Extremadura

Para convertir esta visión en realidad, es fundamental que la Junta de Extremadura no solo considere la migración como un fenómeno demográfico, sino como una estrategia de desarrollo. Algunas acciones clave podrían ser:

Impulso de programas de repoblación inclusiva: Tomando ejemplo de modelos exitosos en otras regiones de España, implementar proyectos donde se facilite el acceso a vivienda, empleo y educación a familias migrantes que deseen establecerse en pueblos con baja densidad poblacional.

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Fomento del emprendimiento rural: Crear incentivos y apoyo financiero para que los migrantes puedan desarrollar pequeños negocios, generando empleo y dinamizando la economía local.

Fortalecimiento de la integración cultural y social: Espacios de encuentro donde migrantes y locales puedan compartir experiencias, fomentando la convivencia y el sentido de comunidad.

Incentivos para el arraigo familiar: Facilitar la reagrupación familiar para que la migración no sea solo temporal, sino un proyecto de vida a largo plazo en Extremadura.

Aprovechamiento de los programas nacionales y europeos de repoblación: Extremadura debe fortalecer su adhesión a iniciativas ya en marcha, como el programa de “Nuevos Vecinos” en otras comunidades, o los incentivos para el asentamiento de población en zonas rurales.

La esperanza de una Extremadura renacida

La despoblación no es un destino inevitable. Puede ser enfrentada con visión y voluntad. La migración es una fuente de renovación, una posibilidad de crecimiento mutuo donde la población local y los nuevos pobladores construyan juntos un futuro mejor.

La Escritura nos recuerda: “Cuando el extranjero resida con ustedes en su tierra, no lo oprimirán. Al contrario, lo tratarán como a uno de ustedes, y lo amarás como a ti mismo” (Levítico 19,33-34).

Ayer, todas las campanas de las Iglesias de Extremadura resonaron al unísono, no solo como un llamado de atención, sino como un signo de acogida y esperanza. Un eco profético que nos recuerda que esta tierra aún tiene mucho por dar, por recibir y por transformar.

Es momento de que Extremadura abrace esta oportunidad, no solo con políticas, sino con el corazón abierto a una nueva etapa de esperanza y vida. Que cada acción refleje el anhelo de una tierra que no muere, sino que se transforma con la fuerza de quienes la habitan y la sueñan.

Que nuestra voz se alce en favor de la integración, de la dignidad y de la justicia. La migración es una historia de encuentro, y Extremadura tiene la oportunidad de escribir uno de sus capítulos más hermosos.

Paz y Bien.