Trabajadores cristianos de Córdoba llaman a cuidar las ocupaciones más precarias

“Cuidar el trabajo, cuidar la vida” significa también defender los derechos laborales de las personas con empleos más precarios, como el trabajo doméstico o la ayuda a domicilio, ocupados en gran parte por migrantes.
La precariedad laboral que se convierte, sin remedio, en precariedad vital, afecta con especial intensidad a actividades relacionadas con los cuidados, como la ayuda a domicilio o el trabajo doméstico en los que encuentran una salida laboral cada vez más personas de otros países que tratan de abrirse paso en España.
El sector de precariedad de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de Córdoba organizó un taller para tratar de dar respuesta las inquietudes y necesidades de personas trabajadoras cercanas, en la parroquia Nuestra Señora de Linares en el barrio obrero de la Fuensanta.
Tras un primer encuentro sobre “Precariedad laboral y vital”, celebrado el pasado noviembre, la organización de trabajadores y trabajadoras cristianas cordobesa entendió que debía continuar fomentando la participación y el intercambio de experiencias entre trabajadores más vulnerables.
“El taller me ha parecido extraordinario, nos abre puertas para dar pasitos y nos da información para poder actuar en nuestros empleos”, comentaba Loli, una de las asistentes al acto, empleada de la ayuda a domicilio.
“Nos ha ayudado a ver las discriminaciones laborales que pueden pasarnos desapercibidas”, añadía Domi, quien trata de adaptarse a nuestro país y echar una mano a otras personas migrantes como ella.
Esta segunda sesión trataba de informar sobre la normativa de extranjería y los derechos laborales y, en la medida de lo posible, atender las dudas y problemas de las personas asistentes.
La secretaria general de Hábitat de CCOO de Córdoba, Esperanza Sánchez Martín, fue la encargada de presentar los aspectos más relevantes de la normativa laboral, mientras que el abogado y miembro de la Delegación Diocesana de Migraciones, Antonio Jesús Serrano, abordó la legislación sobre migraciones.
Las personas migrantes se enfrentan a diario a dificultades para acceder o mantener la documentación en regla, conseguir la reagrupación familiar, escolarizar a sus hijos, obtener la tarjeta sanitaria o convalidar sus títulos académicos… En el ámbito laboral, no lo tienen más fácil. No solo hay un profundo desconocimiento de los derechos y deberes, sino que todavía hoy en día se dan prácticas abusivas en empresas y empleadores.
Aunque durante la pandemia, muchas de las actividades económicas de cuidados fueron catalogadas como “esenciales”, lo cierto es que queda mucho camino recorrer para lograr el reconocimiento social y la valorización monetaria que la atención a domicilio de personas dependientes merecen, sin ir más lejos.
Una continua carrera de obstáculos
En mayor medida, personas migrantes acaban encontrando ocupación en los sectores más precarizados y vulnerables, como el servicio doméstico o la agricultura, en los que no siempre se respetan la normativa sobre contratación, bajas médicas, descansos o salarios…
“Gracias a la ayuda de profesionales, entendemos mejor las situaciones que vivimos y podemos valorar las opciones que tenemos de actuar”, admitía Loli, que estuvo año y medio trabajando sin contrato como empleada doméstica hasta que por fin le dieron de alta.
“Tengo 64 años y me quedan años para llegar al mínimo de cotización para acceder a la pensión, por lo que pedí a la familia que me hicieran contrato”, especificaba.
“Pero caí enferma por una bronquitis, me ahogaba y no podía más. A la vuelta, unas semanas después, me despidieron. De un día para otro me quedé sin empleo”.
Aunque “sabía lo de los días de antelación y algo del finiquito, ante esta situación no sabía bien qué hacer, a dónde ir… Me daba pena, la persona a la que cuidaba era buena conmigo y ni siquiera me pude despedir de ella”, admitía.
Su compañera Domi, con 20 años de experiencia como trabajadora de la Justicia en República Dominicana, además de licenciada en psicología clínica, quiere homologar su título en España para poder trabajar aquí, también con personas migrantes que después de todo tienen que adaptarse a un país extraño, aprender a convivir con los autóctonos y que en ocasiones acaban con baja autoestima…
Con todo, planteaba que “no siempre hay armonía ni unión entre nosotras mismas, hasta se puede decir que en ocasiones se da también la discriminación”.
Por ahora, ha trabajado para una empresa de cuidados y para familias, en algunos casos trabajando por generosidad, mientras intentaba resolver los trámites administrativos. Ve útil recabar la información, conocer mejor las leyes, para poder orientar a otras personas y hacer entender que, efectivamente “la unión hace la fuerza”.
Militantes hoacistas de la diócesis que llevan tiempo reflexionando sobre la flexibilidad, precariedad y malas condiciones de empleo, se habían planteado cómo acercarse a personas que viven esas situaciones para poder acompañarlas, caminar junto a ellas y ser partícipes de sus preocupaciones y luchas.
El taller no solo ha contribuido a conocer mejor las condiciones de trabajo de los empleos más precarizados, sino también a alentar la participación y el protagonismo de las personas afectadas.

Militante de la HOAC de Córdoba y miembro de AVAELA