La sinodalidad se abre paso en la Iglesia local como camino de misión, conversión y compromiso con la sociedad

La sinodalidad se abre paso en la Iglesia local como camino de misión, conversión y compromiso con la sociedad
Una jornada de formación en Castellón sitúa el proceso sinodal en discernir, desde la realidad, cómo servir mejor a la dignidad de las personas y a la construcción del bien común

La sinodalidad, más que una cuestión interna u organizativa de la Iglesia, es un camino orientado a la misión, al servicio de la vida concreta de las personas, especialmente de las más vulnerables, a quienes peor lo están pasando, y de la transformación de la sociedad. Esta es la clave central que marcó el encuentro de formación celebrado el sábado 28 de marzo en Castellón, organizado por la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de Segorbe-Castellón.

La reflexión dinamizada por el militante hoacista, Paco Porcar, insistió en que el proceso sinodal solo avanza cuando la Iglesia se sitúa ante la realidad y se pregunta, comunitariamente, qué puede y debe hacer para que la dignidad de todas las personas sea reconocida, cuidada y respetada.

En palabras del propio Documento final del Sínodo, “el compromiso por la defensa de la vida y los derechos de la persona, por el orden justo de la sociedad, por la dignidad del trabajo, por una economía justa y solidaria (…) forman parte de la misión evangelizadora que la Iglesia está llamada a vivir y encarnar en la historia” (n. 151).

Iglesia en salida, corresponsable y diversa

El núcleo de la propuesta sinodal pasa por una conversión profunda y dejar atrás dinámicas centradas en la propia organización para situar en el centro la misión evangelizadora. Se trata de abrir espacios de escucha y discernimiento sobre lo que ocurre en la sociedad y en la vida de las personas.

Esta orientación enlaza con la llamada a una “sinodalidad en salida”, que pone en el centro a las personas empobrecidas y a quienes quedan al margen, como criterio de autenticidad evangélica. Una Iglesia que camina junta, pero no hacia dentro, sino hacia fuera: hacia las periferias sociales, laborales y existenciales.

En este sentido, la sinodalidad implica una responsabilidad compartida de todo el Pueblo de Dios y exige una conversión tanto personal como comunitaria. Cada persona  cristiana está llamada a aportar desde su realidad y experiencia, superando visiones cerradas o excluyentes.

El proceso no está exento de tensiones. Como se planteó en la jornada, “lo de caminar juntos se complica” cuando existen miradas distintas sobre la Iglesia y el mundo. Sin embargo, esa diversidad no es un obstáculo, sino una riqueza que, acogida desde la escucha y el discernimiento, puede abrir caminos nuevos.

Escuchar la vida, discernir en común… comprometerse

Uno de los acentos que más se subrayó en el encuentro fue la centralidad del discernimiento comunitario, como una práctica espiritual que permite leer la realidad a la luz del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia (DSI).

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La sinodalidad se concreta así en procesos de escucha -a Dios, a los demás y a la realidad– que orientan la acción hacia el bien común. Esto supone reconocer que la vida de las personas, sus sufrimientos, sus condiciones laborales y sus esperanzas forman parte del lugar donde la Iglesia está llamada a anunciar y hacer presente la buena noticia.

La jornada destacó que la misión no se limita a los espacios eclesiales sino que, sobre todo, se despliega en la vida cotidiana: en el trabajo, en la familia, en el compromiso social y político. Es ahí donde las personas cristianas están llamados a encarnar el Evangelio y a contribuir a una sociedad más justa.

En este sentido, la sinodalidad se presenta como un impulso para acompañar y sostener ese compromiso, reconociéndolo como acción eclesial comunitaria.

Un proceso abierto en las Iglesias locales

El encuentro se enmarca en la fase actual del Sínodo, centrada en su aplicación en las Iglesias locales y en su concreción real. La jornada, celebrada en los salones de la parroquia de Santa María de Castellón, quiso precisamente contribuir a este proceso, ayudando a conocer el Documento final del Sínodo y a iniciar caminos concretos de vivencia sinodal, para avanzar, con paciencia, esperanza y perseverancia, en una Iglesia que mantiene abiertas sus puertas y sus ventanas, dispuesta a dejarse renovar por el Espíritu para servir mejor a la dignidad de todas las personas y al bien común.

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