La religión sin trascendencia de Žižek

La religión sin trascendencia de Žižek

Ateísmo cristiano. Cómo ser un verdadero materialista
Slavoj Žižek
Páginas 376
Editorial Akal
Madrid, 2025

Este libro no desmerece el prestigio de su autor, aunque su ambición sea enorme sentar los principios de un sistema filosófico propio, a partir de su apuesta ineludible por el materialismo y el psicoanálisis.

Slavoj Žižek pasa por ser un filósofo incómodo, un brillante polemista y un intelectual sumamente atento en su tiempo. El contenido de sus obras suele ser desigual y sus muchos detractores, tanto como seguidores, le afean la falta de estructuración de su discurso y su tendencia a pasearse por todo tipo de asuntos sin llegar resolverlos del todo.

Hay pasajes de gran brillantez que iluminan aspectos muchas veces olvidados de las grandes cuestiones, de los debates políticos en marcha y de los abismales retos de futuro.

En concreto, defiende su “ateísmo cristiano”, desechando por el camino el agnosticismo budista y la mistificación de la IA, para reafirmar su materialismo radical, con la diferencia de que no reduce la realidad a lo dado, sino que acepta las rupturas y los excesos, la problemática alteridad.

Hasta utiliza la mecánica cuántica para advertirnos de que el ámbito de la física también escapa al control del Otro, tan engañado, en este sentido, como los seres humanos.

Para quienes no estamos tan familiarizados con Žižek, que se confiesa un comunista heterodoxo partidario del psicoanálisis, sus elucubraciones resultan, a veces, difíciles de seguir, la verdad, y sobre todo de comprender en toda su amplitud. Tal es su gusto por la paradoja filosófica que a uno le parece que puede estar diciendo lo uno y lo contrario, aunque ciertamente su genio se despliega en los matices.

Es ya famosa su aseveración de que, para ser un auténtico ateo, y asumir la ausencia total de garantía trascendente, hace falta pasar por la experiencia cristiana. A este primer momento, le sigue de modo inevitable la conclusión de que no hay más plano para la lucha por la justicia que el terrenal. De este modo, el verdadero proyecto emancipador, en realidad, requiere de única teología política viable a la altura, que es la intención que ha llevado a esta autor a embarcarse en este proyecto.

Sin embargo, su discurso vuelve una y otra vez a cargar contra la izquierda woke, la Rusia de Putin, la autodestrucción de occidente, el tecnofeudalismo y sale en defensa del proyecto ilustrado de Occidente, ajustado a la imperfecta esencia humana.

Žižek, muy consciente de las sombras presentes en la naturaleza humana, así como de las limitaciones de los ideales políticos, no despacha de primeras el acervo cristiano, como es tan habitual en la izquierda, sino que trata de comprender su trascendencia. Dios es mucho más que la idea de Dios, al fin y al cabo.

Como materialista radical, no deja de ser un ateo confeso, y siguiendo a Hegel interpreta la muerte de Dios en la cruz como paso para enfrentar al ser humano al abismo de su libertad. “Dios nos da la libertad, saliendo de escena”, pero Cristo regresa como Espíritu Santo, “que no es más que la comunidad igualitaria de creyentes”, escribe.

Muy coherente con su estilo y su personaje, no ahorra críticas a la Iglesia como institución, más bien todo lo contrario, para pasar a defender que la única iglesia verdadera, al fin y al cabo, sería ese partido comunista ideal y revolucionario,

En su empeño por construir su propia teoría reabre el debate sobre la religión en la izquierda materialista, más allá de la simple descalificación. Pero queda la impresión de que su acercamiento sigue siendo plenamente funcional a su posición de partida.