Diez años después de los Papeles de Panamá, la riqueza en paraísos fiscales sigue creciendo

Diez años después de los Papeles de Panamá, la riqueza en paraísos fiscales sigue creciendo
Una década después de la histórica filtración de los Papeles de Panamá, lejos de reducirse, la riqueza acumulada en jurisdicciones con una fiscalidad nula o mínima continúa en ascenso. En 2023, el volumen de activos trasladados en estos territorios alcanzó 13,25 billones de dólares, el equivalente al 12,48% del PIB mundial.

Según las últimas estimaciones, el 0,1% más rico del planeta concentra en torno al 80% de esta riqueza extraterritorial no gravada —unos 2,84 billones de dólares—, mientras que un núcleo todavía más exclusivo, el 0,01% de mayores fortunas, acapara la mitad de ese monto, alrededor de 1,77 billones de dólares.

Pese al impacto mediático y político de aquella investigación internacional, que involucró a unos 400 periodistas, los superricos siguen aprovechando complejas redes de sociedades opacas y paraísos fiscales para evadir o eludir impuestos, ocultando activos que escapan a cualquier control público. Actualmente, estos fondos representan entre el 2% y el 4% del PIB mundial, un nivel que expertos consideran “alarmantemente elevado”.

Intemón Oxfam recuerda que la evasión fiscal de las grandes fortunas no es sólo un problema técnico, sino un desafío democrático de primer orden, que otorga una capacidad de maniobra e influencia a un grupo reducido de personas enorme.

Del avance a la relajación normativa

Tras la filtración, la implantación del Intercambio Automático de Información (AEOI)  permitió que parte de este patrimonio comenzara a aflorar. Sin embargo, con el paso del tiempo, varios países han ido relajando las exigencias de transparencia.

Oxfam Intermón calcula que en 2024 la riqueza oculta en paraísos fiscales —en cuentas no declaradas y libres de impuestos— ascendió a 3,55 billones de dólares, una cifra superior al PIB de Francia y más del doble del PIB combinado de los 44 países menos desarrollados.

Christian Hallum, responsable de Justicia Fiscal de Oxfam Internacional, advierte de que no se trata únicamente de “sofisticados mecanismos de ingeniería contable”. Para Hallum, estas herramientas otorgan a una minoría “un enorme poder ejercido con total impunidad”. Cuando multimillonarios esconden billones en paraísos fiscales, “deciden situarse al margen del sistema y por encima de las obligaciones que rigen para el resto”.

Las consecuencias, afirma, son directas: servicios públicos infradotados, más desigualdad y un mayor peso fiscal sobre las personas corrientes. “Vemos hospitales y escuelas sin recursos, un tejido social desgarrado y un sistema hecho a medida para enriquecer a unos pocos”.

Un sistema global aún incompleto

A marzo de 2025, 126 países y jurisdicciones se han adherido al Estándar Común de Reporte (CRS), que vertebra el AEOI. Sin embargo, muchos países de ingresos bajos y medios —los más perjudicados por la evasión fiscal— continúan excluidos de esta red.

El avance es, por tanto, desigual. Los países del Sur Global, pese a su urgente necesidad de recursos, siguen fuera del funcionamiento pleno del sistema que ha permitido detectar parte de la riqueza oculta.

La organización insta a los gobiernos a tomar medidas urgentes para frenar la erosión fiscal. Para ello propone reforzar la equidad e inclusividad en las negociaciones de la futura Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cooperación Fiscal Internacional, con foco en la tributación a los superricos y el fin de los paraísos fiscales.

También reclama el fortalecimiento de las autoridades fiscales y los mecanismos de transparencia, creando incluso un registro global de activos. Igualmente, insiste en garantizar que el 1% más rico pague tipos efectivos más altos sobre todas sus rentas, aplicando impuestos a la riqueza extrema,  con el objetivo de reducir su capacidad de desestabilización y paliar las grandes brechas que corroen las sociedades.

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