Una mirada al uso de energéticos en Honduras desde un círculo de palabra

Una mirada al uso de energéticos en Honduras desde un círculo de palabra

Se trata de nombrar la realidad para poder cambiarla. Para sembrar sobre las opresiones las palabras que las hagan evidentes. Imposibles de enmascarar.

Capítulo a capítulo el libro Maneras de vivir de Araceli Caballero, nos obliga a replantearnos las verdades que habitamos. El pasado 21 de febrero, 26 mamás y dos papás que forman parte del Programa Paso a paso, en su interacción lectora con el quinto capítulo titulado “Calentarse”; concluyeron un proceso de lectura que se repartió en tres sesiones, donde cuestionaron las maneras de estar y convivir en este mundo en relación al uso de energéticos.

En un mundo cooptado por élites cada vez más reducidas, el dominio que consiguen sobre nuestros accesos a derechos en lugares como la Rivera Hernández de San Pedro Sula, Honduras, son percibidos y experimentados como privilegios.

Cuestionar la pobreza energética, esa que como otras ha sido implantada por la fuerza, llevó a estas líderesas de familias a reconocer que “…tenemos problemas como falta de educación y esa es una forma de pobreza”. Pobreza que no depende de las voluntades y esfuerzos diarios, sino del control que tienen los dueños de los recursos materiales que afectan nuestro tiempo, el climatológico y el cronológico, e incluso perjudican nuestras maneras de relacionarnos.

¿Calentarse o enfriarse? En una ciudad donde la mayor parte del año el sol reverbera sobre el asfalto y los árboles sobreviven a temperaturas mayores de 35° centígrados, se experimentan frentes fríos que entumecen hasta los huesos, porque no hay maneras materiales de defenderse de ellos.

La frialdad de los datos se impuso ese sábado de conclusiones: sólo en 2025, en Honduras murieron 2,635 personas por golpes de calor; el impuesto a la energía eléctrica aumentó un 4.5% este año y las importaciones de combustibles minerales y relacionados provenientes desde EEUU -nuestro principal proveedor-, alcanzaron los 2.35 mil millones de dólares sólo en 2024. Y los comentarios se tiñeron de desesperanza. “Vivimos en el país de la corrupción. No es justo que las empresas que deben años de servicio de energía eléctrica no reciban cortes de luz”, comentó Sonia, abuela de 58 años.

En nuestra jornada colectiva del Círculo Popular de Lectura (CPL), abordamos esta comprensión lectora con una metodología de Teatro Foro. Organizadas en tres grupos, nuestras mayoritariamente mujeres, plantearon problemáticas locales a partir de cinco preguntas, surgidas previamente del escudriñamiento en común. Entre las preguntas destacó: ¿qué podemos hacer para no depender tanto de las grandes compañías eléctricas?

La capacidad analítica y para asumir sus consecuencias personales y comunitarias, llevaron a este valiente grupo a reconocer que ha habido un acomodamiento o un cese de la indignación cuando discutieron que “…nos enfocamos en el capitalismo y el consumismo, pero no sembramos árboles. Dependemos de las energías para la salud, para cubrir necesidades en las casas, para entretenernos y para trabajar, pero poco queremos denunciar la corrupción porque las autoridades están coludidas.”

Aceptaciones como estas son más que reflexiones: son caminos para la acción, son la posibilidad de encausar la “rabia justa” por lugares donde no nos hemos permitido transitar. “Tal vez podemos hacer una campaña para no cortar árboles ni quemar basura debajo de esos árboles. Tal vez así podemos salir a recibir aire fresco. Podríamos hacer alguna actividad para comprar una planta solar y no depender tanto de esas compañías energéticas”, pronunciaron Marli y Paty, madres residentes de la comunidad.

Darnos el permiso para compartir las lecturas, cuestionar y además hacerlo en comunidad, es desbaratar la ideología de la imposibilidad. Porque como decía Paulo Freire: “No podemos existir sin interrogarnos sobre el mañana… sin interrogarnos sobre cómo hacer concreto el inédito viable que nos exige que luchemos por él”.

Así se construye el mañana en la Rivera Hernández.