Un 8M marcado por la guerra y el auge de la extrema derecha

Las calles del país se tiñeron de morado en la celebración de un 8M en el que, a las reivindicaciones ya clásicas, por la igualdad laboral y contra la violencia machista, se han unido las proclamas contra la guerra y el avance de la extrema derecha.
Las movilizaciones, celebradas en más de 120 localidades, como no podía ser de otra manera, han servido también para expresar el rechazo a la guerra una semana después del ataque de Estados Unidos e Israel a Irán y el genocidio en Gaza.
En ciudades como Valladolid, Jaén, Bilbao o Santander el grito de “No a la guerra” se convirtió en uno de los ejes centrales de las protestas. En Jaén, las feministas subrayaron que “el militarismo y el autoritarismo caminan de la mano del patriarcado”, denunciando también la persistente falta de acceso real al derecho al aborto en la provincia.
Bilbao y San Sebastián reunieron a miles de personas bajo el lema “Contra el imperialismo, lucha feminista”, en unas marchas donde el movimiento feminista vasco conectó la liberación de las mujeres con la resistencia frente al fascismo y las crisis globales. En Bilbao, la organización cifró en 15.000 personas la participación, en una de las movilizaciones más multitudinarias del día.
En Barcelona, la manifestación principal reunió a unas 22.000 personas, según la Assemblea 8M, en un recorrido multitudinario y festivo que avanzó desde los Jardinets de Gràcia hasta el Arc de Triomf, pasando por paseo de Gràcia, plaza Catalunya y Ronda Sant Pere. Con el lema “Davant l’imperialisme colonial i feixista, lluita transfeminista”, la convocatoria situó el foco en el avance de los movimientos reaccionarios a escala global y su impacto directo sobre los derechos políticos, sociales y laborales de mujeres, lesbianas, personas trans, no binarias y otras disidencias sexuales y de género.
En Valencia, el centro de la ciudad volvió a teñirse de violeta con la manifestación convocada por el Moviment Feminista de Valencia, que recorrió este domingo las principales arterias urbanas para mostrar su “rechazo frontal” a la violencia y a la anulación de derechos que sufren niñas y mujeres “por el simple hecho de serlo”. Bajo el lema “Democràcia sense feminisme = Barbarie”, la convocatoria denunció también las guerras como “expresión máxima del patriarcado y del sistema de dominación”, defendiendo que un mundo en conflicto permanente “nunca podrá ser un mundo de igualdad”.
La marcha, que partió a las 17:30 horas desde la Porta de la Mar, atravesó la calle Colón, Xàtiva, Marqués de Sotelo, la plaza del Ayuntamiento y la calle San Vicente Mártir hasta llegar a la plaza de la Reina, donde está prevista la lectura de un manifiesto en defensa de la igualdad real, la justicia social y la libertad de las mujeres. El ambiente, combativo y plural, reunió a colectivos intergeneracionales entre consignas contra las violencias machistas, las discriminaciones y el auge autoritario.
A la misma hora, València acogió una segunda protesta, convocada por la Assemblea Feminista de València, que arrancó a las 17:00 horas frente al CIE de Zapadores con el lema “Contra l’ofensiva imperialista i colonial, els transfeminismes defensem la vida”. Este recorrido, más vinculado a las luchas antirracistas y anticoloniales, avanzó hacia la plaza de la Virgen, visibilizando la conexión entre las agresiones a los derechos de las mujeres y las opresiones que se ejercen sobre personas migrantes, racializadas y disidencias de género.
Madrid: masiva participación y tensiones
En Madrid, las calles del centro se desbordaron desde el mediodía. El Paseo del Prado volvió a teñirse de morado en la convocatoria de la Comisión 8M, bajo el lema “Somos más. En todas partes”, con presencia destacada de colectivos antirracistas y del movimiento de solidaridad con Palestina.
La marcha transcurrió en paralelo a un pequeño grupo antifeminista que recorrió el mismo paseo escoltado por la policía, con consignas contra las leyes de violencia de género.
En la marcha del Movimiento Feminista de Madrid, menos numerosa, proclamaban, además, insistieron destacar su clara postura contra la prostitución contra la ley trans o los vientres de alquiler.
La Comisión 8M cifró en 160.000 las asistentes, mientras que la Delegación del Gobierno rebajó el dato hasta 24.000, a la que sumó otras 10.000 más de la marcha del movimiento feminista.
Asturias y Galicia: masividad y ruralidad
Asturias celebró un 8M especialmente significativo al trasladar su marcha central al Oriente asturiano, en un gesto de reconocimiento a las mujeres del medio rural. Villaviciosa vivió una manifestación multitudinaria en la que se corearon consignas como “Asturies será la tumba del machismo” y donde las organizadoras destacaron que el feminismo sigue siendo un “dique de contención frente al nuevo fascismo”.
En Galicia, decenas de miles de mujeres salieron a las calles en manifestaciones unitarias por todo el territorio, reivindicando un feminismo inclusivo que situó a las mujeres trans como bandera y colocó la lucha contra el miedo y el fascismo en el centro de sus discursos.
Andalucía, Castilla-La Mancha y la España interior
En Andalucía, las marchas en todas las provincias pusieron el foco en el avance de la extrema derecha, el imperialismo y los discursos de odio. En Sevilla, miles de personas recorrieron la ciudad con el mensaje de que “solo desde la unidad y la diversidad” se puede frenar los retrocesos.
Las marchas en las capitales de provincia andaluzas sumaron una concurrencia de 37.000 personas, según datos de la Delegación del Gobierno en Andalucía.
En Las Pedroñeras (Cuenca) el 8M se celebró con un tono comunitario: concierto, homenaje a mujeres de la localidad y una manifestación que concluyó en el monumento a la mujer, donde las asistentes escenificaron la corresponsabilidad en cuidados colocando un delantal al hombre del conjunto escultórico.
La violencia y la escalada de ataques ultraderechistas también marcaron el contexto de la jornada. La Universidad Complutense de Madrid denunció que un grupo de 30 encapuchados irrumpió la víspera del 8M para arrancar carteles feministas y colocar propaganda falangista, causando daños en espacios estudiantiles.
Un 8M que muestra fuerza, pero también vulnerabilidades
El 8M volvió a evidenciar que miles de mujeres no pueden marchar por motivos laborales, económicos, legales o por las violencias que atraviesan sus vidas: presas, trabajadoras esenciales, mujeres migrantes sin papeles o mujeres con diversidad funcional siguen estando fuera de las calles pese a ser destinatarias directas de muchas de las reivindicaciones feministas.
Aunque la división del feminismo continúa desde hace un lustro en algunas de las grandes ciudades españolas (Madrid, Barcelona, Sevilla) por cuestiones como la ley trans o el modelo legal para abordar la prostitución, las marchas (la mayoría han comenzado alrededor de las 12h) han compartido planteamientos en un 2026 marcado por la guerra en Irán, que se suma a la de Ucrania o al genocidio en Palestina.
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