Segundo viernes solidario de Cuaresma: “En cada migrante rechazado es Cristo quien llama a la puerta de la comunidad”

Segundo viernes solidario de Cuaresma: “En cada migrante rechazado es Cristo quien llama a la puerta de la comunidad”
La acogida, el acompañamiento y la defensa de los derechos de las personas migrantes son una “manifestación de amor a los pobres y un deber de justicia”, subraya el material del segundo viernes solidario de Cuaresma convocado por la Coordinadora de Movimientos de Acción Católica de la diócesis de Segorbe-Castellón

Este 6 de marzo se celebra el segundo de los “Cinco viernes solidarios de Cuaresma”, dedicado a “Acompañar a las personas migrantes”. La propuesta invita a las comunidades cristianas a orar y reflexionar sobre la realidad de la migración como una cuestión que interpela directamente a la fe y a la justicia social.

El material de la convocatoria recuerda que el papa León XIV invita a vivir esta actitud de acogida especialmente “en unos momentos en que hay quienes fomentan el rechazo de las personas migrantes”.

Historias de superación y esperanza

El documento elaborado por Acción Católica General (ACG), la Fraternidad Cristiana de Personas con Discapacidad (FRATER) y la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) para esta jornada incluye el testimonio de Tijan Konteh, migrante procedente de Gambia que vive en España, quien subraya que detrás de cada proceso migratorio hay una historia humana concreta.

“Desde mi experiencia, el mensaje que querría transmitir es que cada persona migrante lleva una historia de superación, de resistencia y de esperanza. No somos cifras ni amenazas, somos personas con sueños, potencial y ganas de contribuir”.

El testimonio pone rostro a una realidad que con frecuencia aparece reducida a cifras o debates políticos, recordando que las personas migrantes aportan riqueza social, cultural y humana a las sociedades de acogida.

Un mensaje enraizado en el Evangelio

La reflexión propuesta para este segundo viernes se apoya también en la Palabra de Dios. El texto recuerda la afirmación de san Pablo: “No hay judío y griego, esclavo y libre, hombre y mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3,28).

Asimismo, se evoca el pasaje del Evangelio de Mateo sobre el juicio final, donde Jesús se identifica con quienes necesitan acogida: “Fui forastero y me hospedasteis” (Mt 25, 34-35).

Estas referencias bíblicas sitúan la hospitalidad hacia las personas migrantes en el corazón mismo del mensaje cristiano.

Acoger, proteger, promover e integrar

La propuesta recuerda también el magisterio reciente de la Iglesia sobre las migraciones. En la exhortación apostólica Dilexit te, el papa León XIV recoge la enseñanza del papa Francisco y recuerda que “la respuesta al desafío planteado por las migraciones se puede resumir en cuatro verbos: acoger, proteger, promover e integrar”.

León XIV subraya que cada persona migrante es hija de Dios y debe ser reconocida como un hermano o una hermana. “Se trata, entonces, de que nosotros seamos los primeros en verlo y así podamos ayudar a los otros a ver en el emigrante y en el refugiado (…) a un hermano y a una hermana que deben ser acogidos, respetados y amados”, escribe.

En este mismo sentido, la exhortación destaca que la Iglesia está llamada a mirar la migración con ojos distintos: “donde el mundo ve una amenaza, ella ve hijos; donde se levantan muros, ella construye puentes”. Y advierte: “En cada migrante rechazado, es Cristo mismo quien llama a las puertas de la comunidad”.

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Una llamada a la conversión personal y comunitaria

Las comunidades que participan en los “Cinco viernes solidarios” están invitadas -invitación extensible a todo el pueblo de Dios- a preguntarse qué cambios personales y comunitarios son necesarios para acoger mejor a las personas migrantes en sus entornos.

Entre las sugerencias concretas se plantea acercarse a la labor que realizan organizaciones eclesiales como Cáritas o la Delegación Diocesana de Migraciones y explorar posibles formas de colaboración y acompañamiento.

Este segundo viernes solidario forma parte de un itinerario de Cuaresma que propone mirar de frente diversas realidades de sufrimiento y exclusión. Tras el primer viernes dedicado a cuidar a las personas con enfermedad, el recorrido continuará con la reflexión sobre las esclavitudes modernas, el papel de los movimientos populares en la defensa de los derechos sociales y la necesidad de reconocer a los pobres como sujetos activos de transformación social.

La iniciativa se completa con un gesto concreto: durante estos viernes de Cuaresma se propone alimentarse con un máximo de cuatro euros por persona y destinar el ahorro a causas solidarias, un signo que busca unir ayuno, oración y compromiso.

De este modo, los movimientos que convocan proponen vivir la Cuaresma como un tiempo de conversión que une oración, ayuno y compromiso con las realidades de sufrimiento de nuestro tiempo.

En un contexto donde el fenómeno migratorio se utiliza con frecuencia como argumento de confrontación política, la iniciativa invita a las comunidades cristianas a recuperar una mirada evangélica sobre quienes se ven obligados a abandonar su tierra.

La pregunta que queda abierta para las personas creyentes es: ¿somos capaces de reconocer en las personas migrantes a hermanos y hermanas, o seguimos viéndolas como una amenaza? La exhortación Dilexit te del papa León XIV ofrece una respuesta: en cada persona migrante que llama a nuestras puertas está llamando también Cristo.

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