León XIV defiende la sanidad universal como “imperativo moral” y llama a mirar el sufrimiento para construir sociedades justas

León XIV defiende la sanidad universal como “imperativo moral” y llama a mirar el sufrimiento para construir sociedades justas
FOTO | Oleg Gapeenko, Vía vecteezy
“La cobertura sanitaria universal no es simplemente un objetivo técnico a alcanzar; es, ante todo, un imperativo moral para las sociedades que aspiran a ser justas”, ha afirmado el papa León XIV, al alertar del aumento de las desigualdades en salud.

El papa León XIV ha situado la sanidad en el centro del bien común al afirmar que “la salud no puede ser un lujo para unos pocos, sino una condición esencial para la paz social”. Lo hizo durante la audiencia con los participantes en la conferencia internacional “¿Hoy quién es mi prójimo?”, celebrada este miércoles en el Vaticano, en un contexto marcado por la creciente desigualdad en el acceso a la salud en Europa.

Su intervención, vinculada a la presentación del segundo Informe Europeo de la OMS sobre la equidad en salud, partió de una constatación concreta: muchas personas viven hoy atravesadas por la pobreza, la soledad y el aislamiento.

Realidades que no son marginales, sino cada vez más extendidas. De hecho, el Papa alertó de que “en muchos países las desigualdades en el ámbito sanitario están creciendo”, hasta el punto de que “menos personas pueden acceder a la atención con los servicios disponibles”.

La salud, condición para la paz social

Ante esta situación, León XIV introdujo una clave ética de fondo. A su juicio, garantizar el acceso a la salud no es solo una cuestión organizativa, sino una exigencia moral que interpela directamente a las sociedades: la cobertura sanitaria universal, afirmó, “no es solo un objetivo técnico que alcanzar; es, ante todo, un imperativo moral para las sociedades que quieren definirse como justas”.

Desde esta perspectiva, la sanidad se convierte en un criterio que mide la calidad humana de una comunidad. Por ello, insistió en que “la protección y el cuidado de la salud deben ser accesibles a los más vulnerables”, no solo por una cuestión de justicia, sino también para evitar que las desigualdades se conviertan en fracturas sociales, advirtiendo del riesgo de que “una injusticia se convierta en semilla de conflictos”.

FOTO | Discurso del papa León XIV a los participantes de la conferencia “¿Quien es mi prójimo”. Vía Vatican Media

“¿Quién es hoy mi prójimo?”

En el contexto de estas consideraciones, León XIV situó su reflexión en una pregunta evangélica que atraviesa todo el discurso: “¿Quién es hoy mi prójimo?”. No se trata -señaló- de una cuestión abstracta ni de una justificación teórica, sino de una interpelación concreta que exige respuesta en la vida cotidiana. “Para mí, en este momento de mi vida, ¿quién es el prójimo?”, planteó, invitando a reconocer en quienes sufren, especialmente entre los que peor lo están pasando, ese rostro cercano que reclama cuidado.

En esta línea, evocó tanto el relato de Caín -“¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?”- como la parábola del buen samaritano, citando la encíclica Fratelli tutti del papa Francisco, para afirmar que cada persona está llamada a “custodiar la humanidad” del otro. Una responsabilidad que hoy pasa, entre otras cosas, por no apartar la mirada ante el sufrimiento social.

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El Papa advirtió del riesgo de la indiferencia, alimentada por la distancia, la distracción o la habituación al dolor ajeno, y recordó que no será posible construir sociedades justas sin contar con quienes hoy son marginados o considerados “descartes”. “Sin ellos no podremos construir sociedades justas, a medida de la persona”, afirmó.

Cuidar al otro para construir comunidad

El pontífice amplió además la mirada al subrayar la urgencia de atender la salud mental, especialmente entre los jóvenes. En un contexto marcado por el malestar emocional, recordó que “las heridas invisibles de la psique no son menos graves que las visibles”, reclamando una atención más integral a la persona.

Frente a la tentación de la indiferencia y de la impotencia, propuso un camino: solo desde una lógica de cuidado compartido será posible generar comunidades donde florezcan el bienestar y la paz. “Solo juntos podremos construir comunidades solidarias y capaces de cuidar de cada uno”, señaló, recordando que “cuidar la humanidad de los demás ayuda a vivir la propia”.

En este sentido, León XIV subrayó también el papel público de la Iglesia, llamada a ir más allá de la asistencia para situarse “al servicio de la promoción del hombre [y de la mujer] y de la fraternidad universal”. En colaboración con las instituciones, afirmó, puede desempeñar un papel decisivo en la lucha contra las desigualdades sanitarias, especialmente en favor de las poblaciones más vulnerables.

Finalmente, el Papa realiza una llamada a vivir una fe encarnada en el cuidado, con una dimensión “fraterna, samaritana, inclusiva, valiente, comprometida y solidaria”. Una orientación que no solo interpela a los creyentes, sino que propone un horizonte común: una sociedad en la que la salud, el cuidado y la dignidad de cada persona sean verdaderamente universales.

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