La HOAC se solidariza con las mujeres comunicadoras acosadas por la ultraderecha

La HOAC se solidariza con las mujeres comunicadoras acosadas por la ultraderecha
Ante la proliferación de cada vez más casos, y más graves, de violencia, inclusos física, y acoso a mujeres periodistas, comunicadoras,  divulgadoras y políticas, la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) ha querido hacer explícito su apoyo estas víctimas de los discurso de odio y reclama un escrupuloso respeto a la dignidad humana.

La Comisión Permanente de la HOAC, con su presidenta a la cabeza, Paloma Becerra, se hizo presente en el acto #NiCalladasNiSolas, organizado este lunes por Comisiones Obreras (CCOO) en el Auditorio Marcelino Camacho, para denunciar la multiplicación del acoso, las amenazas y los insultos hacia mujeres que participan activamente en el debate público.

“Resulta inadmisible que hacer su trabajo suponga sufrimiento, amenazas, incluso a sus vidas, o acabe por silenciarlas”, denuncia Paloma Becerra, que estuvo acompañada por la responsable de Compromiso, Marimar González, y la de Formación, Teresa Monfort, de este movimiento de Acción Católica especializada.

Decenas de periodistas, comunicadoras y analistas se reunieron en un acto reivindicativo, en el que no faltó una intervención musical a cargo de la rapera Erika Dos Santos, para denunciar el aumento de la hostilidad hacia las mujeres que ejercen la comunicación pública, desde posiciones feministas.

El incremento de insultos, campañas de descrédito y violencia en las redes, pero también en espacios públicos e incluso en las cercanías de sus hogares, responde a una estrategia de los impulsores de los discursos de odio y la estigmatización de las visiones y opiniones contrarias a la extrema derecha en auge.

Las muchas intervenciones, incluidas de dirigentes sindicales, coincidieron en la denuncia de los ataques que están padeciendo las mujeres que más visibilizan la lucha por la igualdad, al tiempo que hicieron patente la necesidad de una mayor intervención de los poderes públicos en la protección de los derechos y las libertades amenazados.

“Como movimiento de trabajadores y trabajadores cristianas nos preocupan los ataques a la dignidad de las personas, en este caso de las mujeres, y los obstáculos hacia la igualdad muy particularmente en el ámbito en el que se juegan derechos fundamentales”, comenta la presidenta de la HOAC.

Para Becerra es importante notar que “la libertad de expresión requiere que todas las voces, más si tradicionalmente han sido relegadas, estén presentes en el debate público”, aunque advierte que “no se pueden amparar en ella el desprecio y la deshumanización, ni otras formas de violencia, máximo si atentan contra la vida”.

“Solo desde el respeto a las diferencias y el reconocimiento de la igual dignidad de todas las personas es posibles construir la comunidad de hermanos y hermanas que queremos vivir”, añade.

La organización de trabajadoras y trabajadores, que reclama condiciones dignas de trabajo, entiende que “el trabajo digno incluye, lógicamente, también a periodistas y comunicadoras”, de modo que “ellas puedan desarrollarse profesionalmente, pero también como personas”.

Frente a la polarización y el autoritarismo que amenazan la democracia, erosiona las instituciones y degrada la convivencia social, la Iglesia, recuerda Paloma Becerra, apuesta por “la cultura del encuentro y el diálogo” como vías para la resolución no violenta de los conflictos, una insistencia que el papa Francisco defendió durante su pontificado y ha hecho suya también León XIV.

Obstáculo al periodismo y el debate

El acto en el auditorio sindical sirvió alertar de las campañas de descrédito y violencia digital cada más intensa y en la mayoría de los casos impunes, se ha convertido en un obstáculo cotidiano para el ejercicio del periodismo y la comunicación pública.

La periodista Rosa Villacastín, encargada de conducir el evento, subrayó la raíz estructural de esta violencia: “El afán por expulsarnos del debate público no es nuevo. Viene de lejos, del nacimiento del patriarcado”, afirmó, antes de reivindicar el papel histórico de las mujeres en la esfera pública: “Nosotras, las locas, las brujas, las histéricas, seguimos hablando y participando”.

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Entre los muchos testimonios, lo que da idea de la magnitud del fenómeno, sobresalió el de la escritora y periodista Cristina Fallarás, quien relató haber sufrido amenazas de muerte, agresiones físicas y persecuciones entre 2017 y 2021. “Me empujaron, me persiguieron”, denunció, explicando que la violencia también alcanzó a sus hijos y la obligó a mudarse en varias ocasiones: “Todo por hablar, claro”. Fallarás reclamó apoyo institucional y social ante un acoso que, aseguró, “no debería soportar ninguna periodista”.

El sentimiento de desamparo también lo compartió la analista política Sarah Santaolalla, quien recordó la falta de respaldo de algunas estructuras jerárquicas: “Sé lo que es que tus jefes te dejen sola de cara a los fascistas”.

Santaolalla señaló, además, la “complicidad del gobierno” respecto al acoso denunciado por figuras públicas como Irene Montero y Rita Maestre, y llamó a entender este problema como una responsabilidad colectiva que afecta a mujeres periodistas, racializadas o politólogas.

La histórica periodista deportiva Paloma del Río aportó una perspectiva generacional al recordar los obstáculos que afrontó en un entorno “machista y andrógino”. A pesar de haber “tenido que soportar de todo por ser mujer y lesbiana”, insistió en que nunca lograron callarla ni doblegarla.

La artista visual Yolanda Domínguez alertó sobre el impacto social del acoso, que no solo afecta a las víctimas directas, sino que genera un efecto disuasorio: “Cada vez que una mujer con voz pública es atacada, hay otras que abandonan actos o deciden no hablar. Sin la voz de las mujeres pierde toda la ciudadanía”.

Por su parte, la editora de Igualdad de TVE, Carolina Pecharromán, apeló a la memoria histórica para defender los avances logrados y reconocer la resistencia de muchas mujeres que desafiaron “las leyes, amenazas y visión social” a lo largo de los siglos.

La violencia machista digital fue otro de los ejes denunciados. La activista Ayme Román advirtió que estos ataques buscan disuadir a las mujeres de ocupar espacios públicos, mientras que la comunicadora feminista Carla Galeote relató la difusión de falsos desnudos con su imagen, subrayando que esta violencia es “una historia compartida que vivimos todas las mujeres”.

Otras intervenciones visibilizaron la diversidad de formas de violencia. La periodista Sara Plaza, de El Salto, abordó cómo se entrecruzan el racismo y la gordofobia en el acoso, recordando que “la discriminación puede tomar formas específicas según el cuerpo, la raza o los privilegios” y apeló a que las comunicadoras con más apoyo institucional protejan a las más vulnerables.

Desde una perspectiva internacional, la argentina Luciana Peker denunció el intento de la ultraderecha de su país por silenciar a las mujeres y desmantelar políticas públicas, mientras que la periodista nicaragüense Nayel Martínez reivindicó la dimensión colectiva del periodismo feminista: “Cuando una periodista habla, no lo hace solo por ella, lo hace por quienes no pueden hacerlo”.

Villacastín, al final del acto, retomando el espíritu del encuentro, recordó que las profesionales están “para plantar cara” y llamó a no retroceder en los derechos conquistados: “Ni un paso atrás”.

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