La Delegación de Migraciones de la Iglesia de Jaén impulsa una iniciativa contra el racismo inmobiliario

La Delegación de Migraciones de la Iglesia de Jaén impulsa una iniciativa contra el racismo inmobiliario
El círculo de silencio impulsado por la Delegación de Migraciones de la Iglesia de Jaén ha registrado en el ayuntamiento una propuesta de Bando Municipal para promover el alquiler asequible y combatir lo que denomina “racismo inmobiliario” en la ciudad.

La iniciativa, presentada ante la Concejalía de Vivienda, la de Asuntos Sociales y la Alcaldía, busca situar “el derecho a la vivienda en el centro de la agenda municipal” y reafirmar el compromiso institucional frente a cualquier forma de discriminación en el acceso al alquiler.

La propuesta nace tras la conmemoración, en 2025, del 1200 aniversario de la constitución de Yayyan como capital. Aquella celebración recordó el origen musulmán de la ciudad y su carácter de espacio de convivencia. Hoy, sostienen, esa memoria “interpela el presente” y obliga a decidir “qué ciudad queremos ser”.

Durante el encuentro, se escucharon testimonios de personas procedentes de Afganistán, Venezuela y Honduras que describieron obstáculos reiterados para acceder a una vivienda: precios inasumibles, exigencia de avales imposibles, condiciones desproporcionadas y negativas vinculadas al origen o a la situación administrativa. Una realidad que, según denuncian, responde a prácticas discriminatorias que configuran un auténtico racismo inmobiliario.

La vivienda como derecho “es la base de una vida digna”

En un contexto donde más del 25 % de la población vive en riesgo de pobreza o exclusión social y el precio de la vivienda alcanza máximos históricos, muchas familias quedan atrapadas en un círculo injusto: sin contrato no hay vivienda y sin vivienda no hay estabilidad para trabajar ni para criar a los hijos.

Desde el círculo advierten, además, de una deriva estructural: “Cuando la vivienda se convierte prioritariamente en negocio, deja de ser hogar”. Una afirmación que sintetiza la crítica al proceso de financiarización que, a su juicio, está debilitando la función social de la vivienda.

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El Bando propuesto pretende reafirmar que la vivienda es un derecho humano que no puede depender “del pasaporte, el acento o el color de piel”, al tiempo que reclama una posición clara de las instituciones frente a la discriminación.

Para el círculo de silencio diocesano, recordar los 1200 años de Yayyan como capital “no es solo celebrar el pasado, es decidir qué ciudad queremos ser hoy”. “Un hogar no es un privilegio. Es la base de una vida digna”, concluyen.

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