Febrero cerró con un encarecimiento de los precios del 2,3%, a la espera del impacto que tendrá la guerra en Oriente Medio

El Índice de Precios de Consumo (IPC) mantuvo en febrero su tasa interanual en el 2,3%, poniendo fin a tres meses consecutivos de descensos. Así lo reflejan los datos definitivos publicados este viernes por el Instituto Nacional de Estadística (INE), que confirman las cifras avanzadas a finales del mes pasado.
La estabilidad de la inflación se debió principalmente a la bajada del precio de la electricidad, que compensó el encarecimiento registrado en restaurantes, servicios de alojamiento y alimentos, cuyos precios subieron un 3,2% en comparación con febrero de 2025, alcanzando su nivel más alto desde junio de 2024. Según explicó el Ministerio de Economía, Comercio y Empresa, “la bajada de la electricidad contrarrestó las subidas de restauración y alimentos”.
La relativa calma de los precios en febrero se verá muy probablemente alterada por la tormenta bélica desatada. El propio ministro de Economía, Carlos Cuerpo, advirtió de que marzo sí reflejará ya el shock energético derivado del conflicto.
En términos mensuales, el IPC subió un 0,4%, impulsado por el encarecimiento de los restaurantes y servicios de alojamiento (+0,9%), el transporte (+0,8%) —debido al alza de los combustibles— y los alimentos (+0,6%). Entre los productos que más subieron respecto a enero destacan las bayas frescas (+51,4%), el alquiler de vehículos (+21,6%) y las legumbres (+12%). Las mayores bajadas las registraron el transporte aéreo (–11,6%), la ropa de bebé (–2,6%) y la luz (–2,4%).
El informe del INE detalla que, en el último año, los productos que más se encarecieron fueron los huevos, con un aumento del 30,1%, seguidos de la recogida de basuras (+28,6%), la joyería y relojes de pulsera (+27,5%), el transporte combinado de pasajeros (+26,6%) y las hortalizas (+15,2%).
En contraste, entre los bienes que más abarataron su precio destacan los aceites vegetales (–14,1%), los combustibles líquidos (–10,8%), los equipos audiovisuales (–6,4%), el butano y propano (–6,3%) y la gasolina (–6,1%). En el caso del aceite de oliva, tras cuatro meses consecutivos de subidas, su precio no varió en febrero respecto a enero, aunque acumula un incremento del 64% desde enero de 2021.
La inflación subyacente, que excluye alimentos no elaborados y energía, aumentó una décima hasta situarse en el 2,7%, su valor más alto desde agosto de 2024. De este modo, vuelve a situarse cuatro décimas por encima de la tasa general, una brecha que no se daba desde octubre de 2024.
Para CCOO, si bien los salarios pactados en convenio —con una subida media del 2,9% a febrero— han permitido ganar algo de poder adquisitivo, esta mejora está en riesgo si la inflación repunta con fuerza. Los convenios alcanzan a más de siete millones de personas, pero solo un 41% cuentan con cláusula de garantía salarial.
El sindicato denuncia un incremento injustificado del precio de gasolina y diésel desde el inicio de la ofensiva militar y alerta de que determinadas empresas están ampliando márgenes “como ya hicieron en 2022”.
CCOO reclama al Gobierno medidas de vigilancia y, si es necesario, recursos públicos que frenen la escalada de precios, garantizando que no acaben engordando beneficios sino aliviando el bolsillo de las familias trabajadoras. También insiste en la necesidad de acelerar el despliegue de renovables y la electrificación para reducir la vulnerabilidad energética del país.
Ante las tensiones derivadas de la la escalada militar en Oriente Medio que ya está provocando un fuerte aumento de los precios energéticos y dificultando el suministro, lo que afecta especialmente a Europa, ya desvinculada en gran parte del gas ruso, UGT subraya la urgencia de que los convenios colectivos incorporen cláusulas de garantía salarial, la única vía para evitar que una nueva crisis recaiga “de forma desproporcionada” sobre quienes dependen únicamente de su salario.
Esta organización, además, reclama un refuerzo del escudo social que funcionó durante la pandemia y la crisis de 2022, y reabrir el diálogo social para adaptar y actualizar las medidas de protección. El sindicato insiste en que solo mediante políticas públicas firmes se puede amortiguar el impacto en empleo, actividad económica y rentas.
USO advierte de que la electricidad contenida en febrero puede convertirse ahora en uno de los principales factores de asfixia económica por la dependencia del gas. Y recuerda que los alimentos, con un 3,2% de subida anual, siguen creciendo muy por encima de la media.
Este sindicato valora que se estudien medidas para frenar la subida de productos básicos, pero advierte de que las rebajas fiscales sin control estricto pueden terminar debilitando las arcas públicas y fortaleciendo los márgenes empresariales. El sindicato defiende tipos superreducidos de IVA para alimentación y bienes esenciales, pero acompañados de vigilancia y sanciones.
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