El trabajo crece con desigualdades en cuidados y formación

El trabajo crece con desigualdades en cuidados y formación
El trabajo crece hasta los 22,2 millones de personas y el paro se sitúa en el 10,5%, pero el empleo se asienta en microempresas, con brechas de género persistentes y una fuerte segmentación por formación, según el INE

La realidad del trabajo en el país continúa mejorando en términos cuantitativos, pero mantiene también sus principales desequilibrios. La Encuesta de Población Activa (EPA) en sus variables de submuestra de 2025 –datos que merece nuestra atención–, publicada este miércoles, sitúa en 22,2 millones el número medio de personas que están trabajando, con un aumento de 567.200 respecto a 2024, mientras que la tasa de paro baja y se sitúa en el 10,5%, esto son 2,6 millones de personas trabajadoras que quieren trabajar y no pueden.

Pero esta investigación del Instituto Nacional de Estadística (INE) ofrece una imagen más detallada: el empleo crece, pero lo hace sobre una estructura productiva atomizada, con desigualdades persistentes y condiciones que siguen trasladando los costes al conjunto de las personas trabajadoras.

Una realidad laboral atomizada

El crecimiento del empleo se apoya en un modelo productivo fragmentado. “El 31,5% de los ocupados trabajaron en 2025 en empresas de menos de 10 trabajadores”, un porcentaje que sigue aumentando y que consolida el peso de las microempresas.

Las pymes concentran una parte significativa del trabajo, pero suelen ofrecer condiciones con menor estabilidad, más dificultad para ejercer derechos colectivos y mayor vulnerabilidad ante crisis económicas.

Mientras tanto, solo el 14,4% trabaja en grandes empresas. El resultado es un ámbito laboral disperso, con menor capacidad de negociación y mayor desigualdad interna. El empleo crece, sí, pero lo hace en los segmentos más frágiles del sistema productivo.

Los cuidados siguen marcando el empleo, especialmente de las mujeres

En relación a los cuidados, el informe señala que “un total de 452.000 ocupados […] trabajaron a tiempo parcial con objeto de disponer de más tiempo para cuidar a personas dependientes”.

Este creciente dato (+8,3% que en 2024) representa una parte significativa del empleo a tiempo parcial y evidencia que el mundo del trabajo sigue sin integrar el cuidado como una responsabilidad colectiva.

Además, nos muestra que 419.500 de estas personas son mujeres, por tanto, el trabajo de cuidados continúa recayendo de forma mayoritaria sobre ellas, condicionando su acceso al empleo, su estabilidad y su carrera profesional.

El tiempo parcial aparece como una salida obligada ante la falta de políticas públicas suficientes y de corresponsabilidad real. El ámbito del trabajo, en lugar de adaptarse a la vida, obliga a adaptar la vida al trabajo.

GRÁFICO | Ocupados a tiempo parcial porque cuidan a personas dependientes. En Miles de personas. Vía INE

Una estructura laboral jerarquizada y con brecha de género

El informe dibuja una realidad laboral claramente jerarquizada. Siete de cada diez personas ocupadas son empleados sin subordinados, lo que refleja una amplia base de trabajadores y trabajadoras con escasa capacidad de decisión.

En el extremo opuesto, los puestos de mayor responsabilidad siguen siendo minoritarios: apenas un 0,7% ocupa cargos directivos en grandes empresas.

A este desequilibrio se suma la brecha de género. Los hombres predominan en todos los niveles de responsabilidad, mientras que las mujeres se concentran en los puestos de menor rango.

La fotografía que emerge en esta muestra es que el trabajo no solo distribuye ingresos, también distribuye poder. Y esa distribución sigue siendo desigual.

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Condiciones de trabajo que exigen disponibilidad constante

El crecimiento del empleo del año 2025 también ha mostrado un tipo de organización del tiempo de trabajo. El análisis de la INE señala que el 32,4% de las personas ocupadas trabajó al menos un sábado al mes y el 20,9% lo hizo en domingo. Además, el 10,8% desarrolló su actividad en horario nocturno.

Estos datos muestran una tendencia hacia la extensión de la disponibilidad laboral. El tiempo de trabajo invade cada vez más espacios de la vida personal, dificultando la conciliación y afectando a la vida familiar y comunitaria.

La flexibilidad del sistema se apoya, en buena medida, en la disponibilidad de las personas trabajadoras. Se flexibiliza el trabajo, pero no necesariamente se mejora la calidad de vida.

La formación marca cada vez más las oportunidades

Los datos de la EPA también confirman que el nivel de formación determina las oportunidades laborales. Las personas trabajadoras con estudios en Tecnologías de la Información y las Comunicaciones alcanzan una tasa de empleo del 81,72%, la más alta del conjunto de sectores.

En el lado opuesto, quienes cuentan con formación básica presentan las tasas más bajas de actividad y las más altas de desempleo, con un paro del 14,08%.

En este sentido, el dato señala un ámbito laboral polarizado entre quienes tienen acceso a empleos más estables y cualificados y quienes quedan atrapados en sectores más precarios.

Esta segmentación no solo reproduce desigualdades, sino que las amplía, dificultando la movilidad social –unido a la crisis de la vivienda– y consolidando brechas de largo recorrido.

Intermediación laboral limitada

En cuanto al acceso al empleo, en 2025, 726.100 personas trabajaron a través de empresas de trabajo temporal ETT), lo que supone el 3,9% del total.

Frente a ello, solo el 1,7% (319.700) accedió a su empleo a través de servicios públicos. Un dato que evidencia la limitada capacidad de las políticas públicas de empleo para desempeñar un papel central en la intermediación laboral y el acceso al trabajo.

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