El Sínodo urge a una Iglesia que escuche, actúe y transforme la realidad socioambiental

La síntesis del Grupo de Estudio nº 2 plantea cambios en la escucha, la formación, la teología y la acción pastoral ante la pobreza y la crisis ecológica. Sitúa a las personas empobrecidas como protagonistas de la respuesta eclesial
Escuchar el clamor de los pobres y de la tierra es una expresión concreta del amor cristiano. Así lo plantea el preámbulo del informe, firmado por el cardenal Michael Czerny, prefecto del Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, que sitúa esta escucha en el corazón mismo de la fe y de la misión de la Iglesia.
Desde esta clave, la síntesis del Grupo de Estudio nº 2 del Sínodo sobre sinodalidad insiste en que la Iglesia debe avanzar hacia una escucha real, relacional y transformadora de los “gritos interconectados de los pobres y de la tierra”.
Escuchar es encontrarse, comprender y actuar
El documento subraya que la escucha no puede reducirse a un acto puntual ni a un mecanismo de consulta. Se trata de un proceso que implica el encuentro, la comprensión de la realidad, la acción, la evaluación y el acompañamiento espiritual.
En esta perspectiva, la escucha comienza como apertura o sensibilidad, pero debe madurar en relaciones que requieren tiempo, confianza, reciprocidad y compromiso con quienes sufren. No basta con oír: es necesario dejarse afectar, discernir y actuar en consecuencia.
Una escucha que no puede ser solo consulta ni ámbitos concreto
Aunque la Iglesia cuenta ya con múltiples espacios de escucha (parroquias, organismos de participación, redes y estructuras pastorales), el informe advierte de que estos resultan insuficientes si no se traducen en relaciones reales.
Por ello, insiste en que la escucha debe ir “más allá de la simple consulta pasiva” para afrontar “miedos, prejuicios y obstáculos estructurales”.
El reto no es solo ampliar canales, sino transformar la forma de situarse con las personas empobrecidas y con la creación.
El documento plantea que la respuesta a estos gritos no puede quedar solamente en manos de ámbitos especializados. “El ministerio social no puede delegarse”, afirma, recordando que toda la comunidad cristiana de estar implicada en esta tarea.
Esto supone un cambio de enfoque al situar la justicia social y ecológica en una dimensión constitutiva de la vida y misión de la Iglesia.
Los pobres, sujetos de transformación
En coherencia con esta visión, el preámbulo subraya que las personas empobrecidas no son solo destinatarias de la acción eclesial, sino protagonistas.
Son “portadores de esperanza” y “constructores de un destino común”, apunta Czerny, llamados a participar activamente en las respuestas a sus propios sufrimientos y a los de la tierra.
Esta perspectiva cuestiona enfoques asistencialistas y abre a una comprensión más participativa y transformadora de la acción social.
Pobreza y casa común: una misma realidad
El informe insiste en que la pobreza y la degradación ambiental están profundamente conectadas y deben abordarse de manera integrada.
Esto exige articular respuestas que combinen acción caritativa, defensa de derechos, investigación y cuidado de la creación, así como fortalecer el trabajo en red entre Iglesias, organizaciones sociales y otros actores.
Además, reconoce que escuchar el clamor de la casa común requiere nuevas capacidades y una mayor conciencia ecológica en las comunidades cristianas.
Una teología que nace del encuentro
El grupo de estudio propone también una renovación de la reflexión teológica, que debe partir de la experiencia de quienes viven en situaciones de pobreza o exclusión.
La vida de los pobres y el sufrimiento de la tierra se reconocen como un “lugar teológico” privilegiado, desde el que repensar la fe y la misión.
Por ello, se plantea facilitar el acceso a la formación teológica a personas laicas -especialmente mujeres- de contextos empobrecidos y promover redes globales de colaboración entre teólogos y realidades sociales.
Formación para la acción social y el bien común
La formación aparece como un elemento decisivo para este cambio. La escucha, señala el documento, no puede darse por supuesta: debe enseñarse, practicarse y evaluarse.
En este marco, el informe insiste en reforzar la formación en la Doctrina Social de la Iglesia orientada a la acción: defensa de derechos, resolución de conflictos y construcción de alianzas.
También subraya la necesidad de priorizar el encuentro directo con personas empobrecidas, reconocerlas como sujetos activos de la evangelización e integrar las dimensiones sociales y ecológicas en todos los procesos formativos.
Asimismo, se insiste en garantizar el acceso a la formación a quienes viven en los márgenes, superando barreras que hoy limitan su participación.
Además, el grupo de estudio incorporó subgrupos específicos, entre ellos uno dedicado a la discapacidad, presidido por Enrique Alarcón, militante del movimiento de Acción Católica especializada FRATER, que reunió a personas con experiencia directa de discapacidad junto a colaboradores implicados en su inclusión.
La mayoría de sus miembros aportaban esa vivencia en primera persona, contribuyendo activamente a la elaboración del informe.
Junto a este, el subgrupo teológico -integrado por especialistas que trabajan con comunidades empobrecidas y marginadas- refuerza la orientación del documento: una reflexión que nace del encuentro con quienes viven la exclusión.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



