El obispo de Vitoria pide que el recuerdo los trabajadores muertos sirva para fortalecer la convivencia y el respeto a la dignidad de toda persona

El obispo de Vitoria pide que el recuerdo los trabajadores muertos sirva para fortalecer la convivencia y el respeto a la dignidad de toda persona
La Iglesia de Vitoria celebró ayer tarde la Eucaristía en recuerdo de los cinco trabajadores muertos a tiros hace 50 años. El obispo Juan Carlos Elizalde presidió la ceremonia de “memoria agradecida, sentida y respetuosa hacia quienes perdieron la vida y hacia sus familias y amigos”.

En el mismo escenario que acogió hace ya medio siglo el funeral por las víctimas de la operación policial del régimen franquista, se reunieron familiares de los fallecidos, amigos y representantes de diversas entidades sociales y obreras de la Iglesia.

El obispo Elizalde volvió a leer aquella homilía preparada por los párrocos de Zaramaga y consensuada con el entonces obispo Francisco Peralt, que fue pronunciada desde el púlpito por el sacerdote Esteban Alonso de Mezquía, ante una multitud que desbordó la Catedral.

A continuación, quiso tener unas palabras de reconocimiento y agradecimiento hacia las persona asistentes, pero también exhortó a contribuir a un futuro de paz y convivencia.

Empezó reconociendo que “hoy no deberíamos estar nadie aquí recordando lo que nunca debió suceder aquel trágico 3 de marzo de 1976”.

Bienvenido Pereda Moral, Francisco Aznar Clemente, Romualdo Barroso Chaparro, Pedro María Martínez Ocio y José Castillo García “no son solo nombres en una lista ni cifras en la historia: eran hijos, hermanos, esposos, amigos, con nombres y apellidos, con un futuro por delante”, afirmó.

Su memoria, subrayó, “permanece viva entre nosotros” y constituye “una parte inseparable de la historia de nuestra ciudad y de nuestra Iglesia”.

Durante su intervención, el obispo agradeció públicamente la labor de sacerdotes, religiosas y comunidades cristianas que, en los años previos a la Transición, acompañaron a los trabajadores en sus reivindicaciones por una vida digna.

Mencionó expresamente a la Hermandad Obrera de Acción Católica, la Juventud Obrera Cristiana, Cáritas, el Secretariado Social Diocesano y otros grupos eclesiales que “quisieron estar cerca de aquel sufrimiento y de aquellas justas reivindicaciones”.

Recordó que muchas parroquias y templos de Vitoria abrieron sus puertas para acoger reuniones obreras y ofrecer espacios de diálogo y organización pacífica.

Iglesia cercana

“Aquellas iglesias fueron lugares de encuentro y también de refugio”, afirmó, como signo de una Iglesia “cercana a quienes sufrían y buscaban justicia”.

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Elizalde evocó especialmente la iglesia de San Francisco de Asís, epicentro de los hechos del 3 de marzo de 1976, que definió como “lugar de reunión y esperanza, y también escenario de dolor y caos, símbolo de una España gris y predemocrática”.

Hoy, explico, el lugar es “referencia de cercanía de la Iglesia al mundo del trabajo y al sufrimiento de las víctimas”, y será parte esencial del futuro Centro Memorial del 3 de Marzo.

El obispo quiso hacer explícito que “la memoria es de todos” y apostó por cultivar una visión “inclusiva, completa, justa y compartida”.

Elizalde pidió que el recuerdo de aquellos hechos contribuya a “crecer en humanidad y en perdón”, a impulsar “una sociedad más justa” y a consolidar “una convivencia basada en el respeto y en la dignidad de toda persona”.

El obispo concluyó su homilía invocando a las cinco víctimas mortales —Bienvenido, Francisco, Romualdo, Pedro María y José— para que “ayuden desde la morada eterna del Padre a caminar juntos hacia esa misma y única Patria a la que estamos llamados los que hoy aquí les recordamos: el Cielo”.

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