El obispo de Huelva llama a garantizar la dignidad de las personas trabajadoras migrantes y a promover políticas migratorias responsables

El obispo Santiago Gómez advierte de los desafíos de los actuales flujos migratorios y reclama un debate sereno que combine acogida, derechos y bien común.
El obispo de Huelva, Santiago Gómez, ha publicado una carta pastoral con motivo de la Cuaresma en la que reflexiona sobre los desafíos que plantean los actuales flujos migratorios y sobre la responsabilidad de la Iglesia y de la sociedad para afrontarlos desde la dignidad humana, la justicia y la solidaridad.
El texto se da a conocer en un contexto de debate público especialmente intenso sobre la migración en la provincia. En los últimos días, el Secretariado de Migraciones de la diócesis ha denunciado como “un ataque frontal a la dignidad humana” algunas propuestas políticas, concretamente las de VOX en la localidad, dirigidas contra las personas migrantes, subrayando la necesidad de que el debate social se sitúe en el respeto a la dignidad de todas las personas.
En este marco, la carta pastoral propone una reflexión más amplia dirigida tanto a la comunidad cristiana como al conjunto de la sociedad.
“Escuchar es dejar que el Evangelio de Jesucristo incida, ilumine e interprete la realidad concreta de nuestra vida personal y de nuestras relaciones”, señala el obispo, subrayando que la conversión cuaresmal puede ofrecer “un servicio original e insustituible no solo para cada persona, sino también para la sociedad”.
Una realidad ligada al trabajo agrícola
El prelado sitúa su reflexión en el contexto concreto de la provincia de Huelva, donde la migración está estrechamente vinculada a la actividad agrícola.
Actualmente residen en la provincia alrededor de 70.000 personas inmigrantes, lo que representa aproximadamente el 13% de la población, aunque en algunos municipios la proporción alcanza cerca del 35%.
A esta realidad se suma la llegada anual de más de 17.000 trabajadores temporales de distintas nacionalidades (entre ellas Marruecos, Honduras, Colombia, Ecuador, Guatemala y Senegal) que participan en la campaña de la fresa y de los frutos rojos.
Gran parte de estas contrataciones se realizan a través del sistema de contratación en origen, mediante el cual los trabajadores son contratados desde sus países antes de viajar a España. Huelva concentra el 84,7% de estos contratos en todo el país, un procedimiento que, según el obispo, puede representar “una práctica esperanzadora para una migración legal, ordenada y segura”, apunta.
Derechos laborales y responsabilidad social
En su carta pastoral el obispo realiza una defensa de los derechos laborales de las personas migrantes, al recordar que su presencia en la provincia responde en muchos casos a la demanda de mano de obra en sectores donde la población local no cubre las necesidades del mercado de trabajo.
En este contexto, advierte de la responsabilidad de instituciones, empresas y empleadores para garantizar condiciones laborales justas. “Todos -instituciones, empresas y familias que emplean a trabajadores inmigrantes- tenemos el deber de actuar con justicia y garantizar que estas personas no sean objeto de explotación”.
En su carta insiste en que los trabajadores migrantes deben disfrutar de los mismos derechos laborales que los trabajadores nacionales, sin discriminación alguna. La protección de estos derechos, añade, no es solo una obligación legal, sino también “un imperativo moral”, tal como recuerda la Doctrina Social de la Iglesia.
La dignidad humana como fundamento
El texto subraya que el principio central para abordar el fenómeno migratorio es “la dignidad de la persona humana… el fundamento último de la radical igualdad y fraternidad entre los hombres”, afirma el obispo, citando el Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia.
Para reforzar esta idea, recuerda al papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti: “Los migrantes no son considerados suficientemente dignos para participar en la vida social como cualquier otro… se los considera menos valiosos, menos importantes, menos humanos”.
Integración y convivencia social
Junto a la llamada a la acogida, el obispo aborda también uno de los aspectos más debatidos del fenómeno migratorio: la capacidad de integración de las sociedades receptoras.
Advierte de que los actuales flujos migratorios pueden plantear dificultades de convivencia si no se gestionan adecuadamente, especialmente cuando se concentran en zonas socialmente vulnerables o cuando existen diferencias culturales significativas.
“No hace falta ser un experto en sociología para prever que un fenómeno de esta magnitud, sostenido en el tiempo, puede dificultar seriamente la integración de los que llegan”, señala.
Por ello, propone desarrollar políticas migratorias responsables que permitan prevenir tensiones sociales y favorecer una convivencia justa.
Un debate que requiere serenidad
La carta pastoral reclama además un debate público más sereno sobre la inmigración. Según el obispo, en el contexto actual conviven posiciones opuestas que dificultan un discernimiento equilibrado.
Por un lado, advierte contra quienes minimizan los desafíos del fenómeno migratorio; por otro, rechaza las respuestas xenófobas o racistas.
“Ignorar esta preocupación o descalificarla como ilegítima empobrece el debate público y dificulta un discernimiento sereno”, señala.
Derechos y deberes de quienes llegan y de quienes acogen
En este sentido, recuerda la enseñanza del Catecismo de la Iglesia católica, que reconoce tanto el deber de acoger al extranjero como el derecho de las naciones a regular los flujos migratorios atendiendo al bien común.
La acogida, afirma, implica responsabilidades compartidas. Las sociedades receptoras deben respetar la dignidad y los derechos de las personas migrantes y promover su integración, mientras que quienes llegan están llamados a respetar las leyes del país que los acoge y contribuir al bien común.
El derecho a no emigrar
El obispo introduce también una dimensión menos presente en el debate público: el derecho de las personas a no verse obligadas a emigrar. Recuerda en este sentido una afirmación de Benedicto XVI: “Antes incluso que el derecho a emigrar… es necesario reafirmar el derecho a no emigrar; es decir, el derecho a contar con las condiciones necesarias para permanecer en la propia tierra”.
Por ello, sostiene que la solidaridad internacional debe orientarse también a promover el desarrollo de los países de origen para evitar migraciones forzadas y desarraigos traumáticos.
Una llamada a la conversión personal y social
La carta concluye con una llamada a vivir la Cuaresma como un tiempo de conversión que no solo transforme la vida personal, sino también las estructuras sociales.
“Solo desde esa transformación interior podremos promover cambios sociales que realmente sirvan a la dignidad de todas las personas”, concluye el obispo.
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Director de Noticias Obreras.
Autor del libro No os dejéis robar la dignidad. El papa Francisco y el trabajo. (Ediciones HOAC, 2019). Coeditor del libro Ahora más que nunca. El compromiso cristiano en el mundo del trabajo. Prólogo del papa Francisco (Ediciones HOAC, 2022)



