“Cada euro en armas no va a derechos y genera más conflicto, más miedo, más desigualdad”

“Cada euro en armas no va a derechos y genera más conflicto, más miedo, más desigualdad”
En un mundo preso del “entusiasmo bélico”, se hace más necesario que nunca “reforzar el compromiso ciudadano con la paz”, que no es una abstracción, sino “una tarea política y moral que nos interpela como sociedad”, empezó diciendo la presidenta de la HOAC, Paloma Becerra, en la presentación del último libro de su editorial.

La Biblioteca Pública Iván de Vargas acogió en la tarde de ayer un emotivo acto, cargado de lucidez, esperanza y humanidad que reservó espacio para recordar la figura de Federico Mayor Zaragoza, quien firmó poco antes de su muerte parte de este libro escrito junto a Emilio J. Gómez Ciriano, recién nombrado presidente de Justicia y Paz, “La hora de la ciudadanía. Dignidad, derechos humanos y cultura de la paz”.

“Solo desde el respeto al derecho internacional, la cooperación entre los pueblos y la defensa de la dignidad humana, podremos abrir caminos reales de paz y de futuro”, recordó la presidenta de la HOAC, antes de dar paso a la intervención de Ana Dolores Barrero, presidenta de la Asociación Española de Investigación para la Paz.

Tras recordar a quien fue su maestro durante más de dos décadas, insistió en que el libro sirve como “homenaje póstumo”, pero también  “una llamada urgente a la ciudadanía a movilizarse por la paz, los derechos humanos y la justicia”, insistiendo, como hacía el viejo profesor, en la “inevitabilidad de la violencia”.

Barrero reivindicó el concepto de paz defendido por Mayor Zaragoza: una paz inseparable de la justicia social, la dignidad y el respeto a la vida. Recordó su insistencia en que “no basta con la ausencia de guerra”, sino que se necesita una “cultura profundamente asentada en valores democráticos, cooperación y solidaridad”. “Nos interpelaba a ser ciudadanos y no súbditos”, afirmó. “A no aceptar lo inaceptable, a no permanecer indiferentes”.

Ejercer derechos, asumir responsabilidades

Ante el público presente en la sala, se preguntó si “estamos entendiendo qué es ser ciudadano o ciudadana”, personas capaces de analizar críticamente los retos del mundo actual y de actuar frente a ellos. Esta concepción implica “ejercer derechos y también asumir responsabilidades”, relacionándose con el prójimo y con el planeta desde valores universales como la solidaridad, la empatía y el respeto al pluralismo.

En el acto central de la presentación, el responsable de Difusión de la Comisión Permanente de la HOAC, Ángel Aguas, mantuvo un cordial e interesante coloquio con Gómez Ciriano, sobre los planteamientos recogidos en el libro, aunque también hubo tiempo para los recuerdos y vivencias personales.

La gestación del libro, para su coautor, fue un “regalo inesperado” que resultó ser una de las últimas muestras de generosidad en vida del que fuera director de la UNESCO, además de impulsor de la Fundación Cultura de la Paz. “Tenía un entusiasmo contagioso”, recordó Gómez Ciriano.

Gómez Ciriano explicó que la obra hunde sus raíces en la convicción compartida de la necesidad de una “ciudadanía crítica, activa y consciente”, capaz de “ir más allá del voto cada cuatro años” y de “promover y defender los derechos humanos”.

La conversación derivó hacia el debilitamiento de Naciones Unidas y el aumento de los planes de rearme. Gómez Ciriano matizó el diagnóstico apocalíptico dominante. Aunque admitió que hay voces interesadas en hacer creer que “el multilateralismo está muerto”, en realidad todavía “está vivo”. Su salud, en definitiva, depende del papel de la ciudadanía y de la acción de aquellos Gobiernos que apuestan por defender los derechos humanos.

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Convertir el miedo en coraje para la paz

De ahí, su insistencia en recordar el origen de la arquitectura internacional.

Después de las dos guerras mundiales, hubo una gran esfuerzo, sobre todo del “nosotros, los pueblos”, como se dice en la carta fundacional de las Naciones Unidas, para que la guerra dejara de ser el recurso fácil para resolver las disputas entre Estados y pueblos y para defender la dignidad humana como fundamento de convivencia.

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, fue concebida para liberar a la humanidad “del temor y de la miseria”. Sin embargo, en esta época, “nos están metiendo miedo”, señaló Gómez Ciriano, quien afirmó que “el miedo no debe paralizarnos, sino convertirse en coraje para transformar la realidad”.

El diálogo destacó lo que Mayor Zaragoza repetía como un mantra: “no hay paz sin justicia social”. Gómez Ciriano denunció el modelo económico global que mantiene a los países del Sur en una posición de dependencia estructural y alertó sobre la privatización de servicios básicos en Europa.

“Estamos construyendo bienestar sobre estructuras profundamente injustas”, señaló. Y advirtió sobre los efectos del incremento del gasto militar: “Cada euro que va a armas no va a derechos. Y eso genera más conflicto, más miedo, más desigualdad”.

Para el profesor, uno de los grandes desafíos actuales es la cultura del miedo, alimentada por la desinformación y por un individualismo reforzado por las redes sociales. Defendió la necesidad de recuperar “las plazas”, físicas o virtuales, como espacios de encuentro ciudadano.“La democracia exige vida en la plaza”, comentó.

El público intervino activamente planteando preguntas sobre la madurez social, los dilemas éticos del complejo militar-industrial, el papel de los jóvenes o la responsabilidad de la educación. “Hay que despertarse antes de que sea demasiado tarde”, recordó Gómez Ciriano. “Si no, con nuestras acciones y omisiones seremos cómplices”.

La presentación terminó con una nueva invitación a “no rendirse”. A reivindicar “la palabra, la lucidez, el diálogo”. A ejercer la ciudadanía como tarea cotidiana. “El porvenir está por hacer” había recordado, Barrero citando a Mayor Zaragoza. “Debemos hacerlo entre todas y todos”.

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