¿Y si la renta básica fuera una liberación espiritual?

¿Y si la renta básica fuera una liberación espiritual?

¡Liberémonos! De las cadenas del trabajo y del consumo
Adbennour Bidar
Editorial Popular, 2025
134 págs.

Quien más, quien menos no le encuentra el sentido a “pasar toda su vida ganándose el pan con el sudor de su frente” y “consumiendo” (pág.107), dentro de este capitalismo del siglo XXI, “una economía perversa basada en una antropología delirante” (pág. 60), que, al fin, condena a la persona a permanecer en un “estado de falsa riqueza y real escasez” (pág. 19), deseando “siempre algo diferente a lo que ya tiene” (pág. 37).

De hecho, parece que “entre las nuevas generaciones, en particular, se evidencia de manera masiva la reacción contra este modo de vida”, “una generación en busca de sentido en el trabajo y en su forma de consumir” (pág. 109).

Sin embargo, no hay mucho margen de maniobra para no seguir siendo “rehenes de quienes quieren ofrecernos trabajo solo cuando conviene a sus intereses…” (pág. 12).

Cuesta imaginar, no digamos ya construir, alternativas a “este sistema de la rentabilidad, la ganancia, la razón económica inhumana y todo poderosa”, como reconoce Abdennour Bidar, autor de este delicioso y sencillo libro sobre la renta universal.

En este punto, la renta universal, independientemente de su viabilidad, su impacto, sus ventajas e inconvenientes, emerge como la propuesta disruptiva y transgresora, en la que depositar la esperanza de cambio.

Fundamentalmente, piensa Bidar, porque “corresponde objetivamente al nivel de desarrollo que ha alcanzado la especie humana” (pág. 65). Tanto así, que el filósofo no duda en hablar del “kairós de la renta universal”, “el momento oportuno y la circunstancia para su implantación” (pág 66).

El debate entonces dejar de ser una cuestión política o técnica para convertirse en filosófica y hasta espiritual. La renta universal dotaría a las personas de la capacidad real de elegir su vida, lo que Amartya Sen llama “capahabilidad” (pág. 94), al tener el tiempo y el dinero para vivir como mejor parezca.

La cuestión ya la planteó Keynes cuando se preguntó, ¿cómo desarrollar “una vida juiciosa, agradable y buena?” (pág. 104), superado el estado de necesidad gracias al desarrollo tecnológico.

Cultivar la interioridad

Por supuesto, admite, el trabajo cumple funciones centrales e indispensables (integración, reconocimiento, por no hablar del ingreso…), por lo que su desaparición, efectivamente, nos enfrentaría al peligro de hacer “estallar la sociedad en mil pedazos”, pero también “a la terrible sensación de perder nuestra identidad” (pág. 85).

A esta cuestión están dedicadas las páginas más estimulantes del libro. Para el ensayista, “la implementación de la renta universal será un suceso no solo social, sino espiritual, porque supondrá un esfuerzo para alimentarnos desde dentro” (pág. 125).

Aumentar la capacidad de elección supondría en muchas personas una “verdadera revelación”, “una experiencia eufórica e iniciática” (pág105). Pero no bastaría, dice el filósofo, si no asumimos la tarea de “liberar nuestra interioridad” (pág. 97).

De ahí su apuesta por una implementación diferenciada, por lo que llama “hogares de tiempo libre”, además de escuelas nuevas, “lugares de coeducación”, donde “ayudarse unos a otros”, “deliberar juntos” (pág. 91), nada menos que para crear un “nuevo ecosistema de civilización reorientado y reorganizado para ofrecer a todas las personas medios de dedicar su tiempo en libertad para cultivar su humanidad” (pág. 131).

En este sentido, la renta universal contribuiría a “adecuar por fin nuestras vidas a nuestros principios”, y permitiría “ocuparnos de nosotros mismos, conocernos en profundidad y ponernos en el centro”, llevar “una vida centrada”, es decir, “una vida en la que conecto no solo con mi ser más profundo, sino también con los demás y con la naturaleza” (pág. 126).