Trabajadoras y trabajadores cristianos del mundo claman por la igualdad plena de las mujeres

El Movimiento Mundial de Trabajadores Cristianos (MMTC) ha hecho público su mensaje con motivo del Día Internacional de las Mujeres 2026, una declaración que plantea promover la autonomía económica, garantizar condiciones laborales justas, asegurar la igualdad salarial y favorecer una distribución equitativa de las responsabilidades familiares.
En el texto, la organización rinde homenaje a las trabajadoras que sostienen la vida familiar y social con dedicación cotidiana, al tiempo que advierte sobre las “condiciones laborales injustas, la discriminación y las múltiples violencias que siguen afectando a millones de mujeres en el mundo”.
El mensaje parte de una doble intencionalidad: celebración y llamada a la responsabilidad. Por un lado, se reconocen los avances logrados en la búsqueda de autonomía y resiliencia; por otro, subraya que la igualdad plena sigue siendo una tarea pendiente.
“La toma de conciencia de las propias capacidades y el fortalecimiento de la confianza” han impulsado a muchas mujeres hacia mayores espacios de transformación social, pero las estructuras que generan desigualdad persisten.
En este marco, la organización de trabajadoras y trabajadores cristianos sitúa el testimonio personal como eje pedagógico. La voz de Joëlle, miembro del movimiento en Reunión, articula una reflexión concreta sobre la autonomía económica, la discriminación profesional y la sobrecarga de responsabilidades que aún recae mayoritariamente sobre las mujeres. Su historia no se presenta como una excepción, sino como espejo de una realidad compartida.
La autonomía económica como condición de dignidad
El relato comienza con la historia de su madre, quien vivió bajo un modelo tradicional: dedicada al hogar y a la educación de los hijos, dependía económicamente de su esposo. Tras la muerte repentina de este, la familia cayó en una situación de extrema precariedad. “Para sobrevivir, asumió trabajos arduos sin quejarse, cargando sola con la responsabilidad familiar y confiando en Dios”, destaca.
El mensaje de Joëlle señala que esta experiencia, común a muchas mujeres, pone de relieve una fragilidad estructural: “la falta de autonomía económica debilita a las mujeres ante las adversidades de la vida”.
La precariedad no es solo un fenómeno económico, sino también una cuestión de dignidad y de capacidad de decisión.
Frente a ese modelo heredado, Joëlle describe un contexto social distinto. El acceso a la educación le permitió incorporarse al mercado laboral y tomar el control de su propio destino. Casada a una edad temprana y madre de tres hijos, ingresó al mundo del trabajo para sostener a su familia cuando su marido estaba desempleado.
Su compromiso y profesionalidad le facilitaron la obtención de un contrato indefinido y una mejora salarial. Más adelante, retomó sus estudios y obtuvo el bachillerato.
La experiencia de esta mujer de este movimiento mundial subraya así la educación como herramienta de emancipación y la estabilidad laboral como factor clave para la autonomía femenina.
Discriminaciones persistentes en el ámbito laboral
Sin embargo, el itinerario no estuvo exento de obstáculos. Al postularse para estudios superiores, Joëlle experimentó su primera discriminación cuando su supervisor se opuso a su candidatura, considerándola menos prioritaria. Más adelante, fue excluida de una promoción interna pese a sus buenos resultados.
Estos acontecimientos son expresión de desigualdades que aún persisten en el mundo del trabajo. La oposición a su promoción no solo respondía a criterios profesionales, sino también a factores implícitos. “Comprendí que mis compromisos sindicales no eran bien vistos, y que criterios implícitos relacionados con la apariencia y la belleza nos recuerdan que las mujeres son a menudo evaluadas por su imagen antes que por sus competencias”.
La denuncia de Joëlle no adopta un tono polémico, pero sí firme. El testimonio recuerda que, incluso en sociedades modernizadas, subsisten mecanismos de exclusión que limitan el pleno reconocimiento profesional de las mujeres.
Espacios de decisión y liderazgo
La experiencia sindical constituye otro eje central del testimonio. Como única mujer elegida en el comité de empresa, Joëlle observó que los espacios de decisión continúan dominados por hombres. Esta constatación se inscribe en una reflexión más amplia sobre la participación femenina en instancias de liderazgo y representación.
Su compromiso sindical, señala el mensaje personal, “implica presiones y responsabilidades”. Sin embargo, también le permite “defender a los trabajadores en contextos de reestructuración, mejorar condiciones laborales y luchar contra las desigualdades salariales”. La acción colectiva aparece así como instrumento de transformación y como espacio donde la voz femenina puede incidir en la justicia social.
El MMTC vincula esta dimensión con su propia identidad como movimiento de trabajadores cristianos: la defensa de la dignidad laboral y la promoción de la igualdad forman parte de su compromiso histórico.
La “doble jornada” y la carga invisible
Junto al ámbito profesional, la experiencia vital contada aborda la realidad doméstica. La vida cotidiana de Joëlle está marcada por la gestión del hogar, la educación de sus tres hijos y el cuidado de su madre anciana. Esta acumulación de responsabilidades refleja lo que el testimonio denomina “doble jornada”, asumida en gran medida por mujeres.
Aunque la participación femenina en el mercado laboral ha crecido, la distribución de las tareas domésticas y familiares sigue siendo desigual. El reconocimiento social de este trabajo, a menudo invisible, continúa siendo insuficiente.
El manifiesto amplía la perspectiva. La experiencia de Joëlle, y así lo expresa, “no es solo individual, sino representativa de millones de mujeres en su país y en el mundo. En el hogar y fuera de él, las mujeres son pilares esenciales, frecuentemente confrontadas con la injusticia, la precariedad y la discriminación”.
Frente a estas realidades, Joëlle destaca “la perseverancia, la dignidad y la belleza interior” como rasgos que sostienen la resistencia cotidiana de las mujeres. Esta afirmación no pretende idealizar el sufrimiento, sino reconocer una fortaleza que trasciende los criterios superficiales impuestos por la sociedad.
A pesar de los avances logrados, el MMTC considera que la “necesidad de reforzar los derechos de las mujeres” sigue siendo actual. “Denunciar las discriminaciones profesionales y reconocer plenamente su papel, a menudo invisible pero imprescindible en la sociedad”, constituye un desafío permanente.
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Periodista
Militante de la HOAC de Bilbao



