Silvia Heredia, misionera laica en Honduras: “Paso a paso es apuesta por la dignidad y la justicia”

Silvia Heredia Martínez, de OCASHA LM, lleva casi 24 años en Honduras, donde fue enviada por la diócesis de Orihuela-Alicante. Acogida por la diócesis de San Pedro Tsula, coordina el proyecto de desarrollo comunitario de la Iglesia católica Paso a Paso.
¿Qué es exactamente el programa Paso a Paso? ¿Cómo nació?
Es un proyecto de prevención y acompañamiento a familias y menores en situación de riesgo. Nace después de un estudio sociológico que pidió el obispo Garachana para entender qué necesitaba realmente la Rivera Hernández: un sector empobrecido marcado por desigualdad, maras, pandillas, droga, violencia estructural, pero, sobre todo, abandono y ausencia de Estado. La población infantil no tenía acceso a educación, alimentación o juegos sanos.
Paso a Paso surge para ofrecer una educación liberadora, una oportunidad distinta: un lugar seguro donde crecer y formarse. Somos una organización diocesana: nos envía un obispo y nos acoge otro. Legalmente, pertenecemos a la diócesis, somos misioneros diocesanos. Eso nos da respaldo, presencia y protección.
¿Cómo comenzó el proyecto y cómo ha evolucionado?
Empezó en un local prestado por la comunidad, donde cabíamos 60 personas. Hoy atendemos a más de 500. Hemos crecido en número, en incidencia y en presencia en la comunidad. Veinticuatro años en un sector tan violento no se sostienen, si no se está haciendo algo bien.
¿Qué actividades abarca hoy Paso a Paso?
Muchísimas. Dos cooperativas de mujeres —una de costura y otra de alimentos—; un grupo de música con siete disciplinas; huertas comunitarias y familiares; apoyo escolar; talleres de manualidades, juegos, desayuno y comida diaria; becas de estudio para 86 menores que no podrían estudiar sin esta ayuda; formación permanente para mujeres, jóvenes y niños y niñas y un equipo humano enorme: nueve personas contratadas y unas 60 mujeres voluntarias.
¿Cómo es el día a día para un niño o niña, un o una joven en el proyecto?
Llegan, desayunan, estudian, pasan por la biblioteca o el área de estudio, tienen talleres, por ejemplo, bordado, actividades lúdicas y espacios para hablar de sus sueños personales y colectivos. Paso a Paso no sustituye la escuela: la complementa. Y todo es gratuito, pero participando en grupos de trabajo comunitario para dignificar la ayuda.
¿Cómo participan las familias?
Son esenciales. Para recibir una beca, la madre tiene que colaborar un día en cocina, limpieza, confección de uniformes o tareas comunitarias. Muchas mujeres que empezaron así hoy son líderes o forman parte del equipo educativo. Crecemos juntas. Y lo que obtienen de las ventas en las cooperativas es íntegramente para ellas, la idea es fomentar su autonomía e independencia económica.
Has mencionado los sueños personales y colectivos. ¿A qué te refieres?
A que Paso a Paso no solo da comida o estudio: acompaña proyectos de vida, los seres humanos no solo comemos o trabajamos, hemos venido al mundo a disfrutarlo. El año comienza trabajando sobre nuestro sueño personal y lo que quiero como comunidad. Cada mes trabajamos diferentes actividades vinculadas a un plan: Lo hacemos niños, niñas, jóvenes, mujeres y equipo educativo. Y trabajamos mucho con círculos populares de lectura inspirados en la educación liberadora de Paulo Freire: leer juntas, interpretar, descubrir que el mundo puede cambiar.
“Entendemos la vida
como lo más sagrado
que tenemos y la protegemos”
¿Cómo influye la violencia del entorno en vuestro trabajo?
La violencia es estructural. Estudian en espacios indignos, no hay lugares de recreación para la juventud ni de diversión y entretenimiento para las familias. Transitan en barrios inundables, viviendas hacinadas … Y luego está la violencia ejercida por las maras y las pandillas que son el resultado de esa sociedad desigual y desestructurada, juventud abandonada y poco cuidada, nuestro trabajo es preventivo, apoyar para que tengan oportunidades de vida digna. Entendemos la vida como lo más sagrado que tenemos y la protegemos.
¿Cómo afecta la situación política actual a la comunidad?
Estamos viviendo un golpe blando. Se ha impuesto un presidente apoyado por Estados Unidos y la ultraderecha. Eso debilita el tejido social, genera miedo, privatiza todo y precariza aún más a los barrios como el nuestro. Honduras va hacia un prologando período de regímenes autoritarios. Nasry Asfura es el inicio de un gobierno de extrema derecha de corte fascista. Hemos llegado al colapso del sistema de partidos políticos, después de 45 años. Significa que el poder real recaerá en los sectores de fuerza. Las élites políticas y el ejército, incluso involucrada la criminalidad organizada. Es el inicio de un período prolongado con un movimiento popular cooptado, un sector político que se entrometió en el gobierno. Un movimiento social que ha vivido a remolque de la cooperación internacional y enjaulada en el concepto de territorial infértil.
En este contexto, ¿qué papel tiene la Iglesia?
Nuestro obispo actual, que es franciscano, nos apoya, nos acompaña y nos cuida. Él sabe que Paso a Paso está donde tiene que estar: en la defensa de la vida. La parroquia es referente en la zona; cuando hay una masacre, la Iglesia es quien sale primero. Aunque dentro de la Iglesia también hay tensiones: hay corrientes que no entienden la educación popular ni el compromiso social. Ante esta realidad, la gran invitación es que las organizaciones y espacios que queremos a este país nos preparemos para una prolongada resistencia, evitando quedar atrapados en los coyunturalismos. Nos toca protegernos como movimiento social para no ser carne de cañón.
También toca repensar cómo transformar toda esta realidad en una oportunidad, desde el acompañamiento, sabernos estar para las realidades. Hacernos compañeros y compañeras de camino. El acompañamiento debe ser la palabra clave de estos años. Y ese acompañamiento debe ser para recuperar lo que es cooperación, visto mucho más allá del financiamiento, acompañamiento a las poblaciones indefensas, pobres y víctimas, generando autonomía ante todos los poderes fácticos, incluidas las iglesias. Queremos ser puente con los movimientos sociales y sectores académicos, intelectuales, profesionales, ONG…
“Formamos personas
que creen en su dignidad”
¿Qué impacto ha tenido Paso a Paso en estos 24 años?
Para mí, el mayor impacto es ver vidas cambiadas. Niñas que hoy son educadoras. Jóvenes que pudieron ir a la universidad. Mujeres que descubrieron su voz. Gente que hoy trabaja en bancos, comercios, empresas… El territorio también ha cambiado, la parroquia es un foco de resistencia y esperanza. No fabricamos 2.000 camisetas al año: formamos personas que creen en su dignidad.
¿Cómo trabajáis la educación desde una perspectiva liberadora?
Formamos pensamiento crítico. Por eso usamos el libro Maneras de vivir, que la HOAC nos ayudó a imprimir. Araceli Caballero nos dio su permiso y también formación. Esa ayuda fue un regalo: nos permitió trabajar con herramientas que generan esperanza y reflexión profunda.
Y también trabajamos educación sexual, derechos, bienes naturales, justicia social… No puedes formar jóvenes sin hablar de aquello que atraviesa sus vidas.
¿Qué te sostiene a nivel personal para seguir después de tanto tiempo?
Que soy muy feliz. Me apasiona ver que la gente cambia, que se dignifica, que encuentra alegría en medio de la dureza. Vivo en comunidad: me cuidan y cuido. Y tengo esperanza. Freire decía que la realidad se puede transformar, y yo lo creo. No hemos venido a la vida para agachar la cabeza. Me consagré a esto porque siento que es donde Dios me quiere, donde debo poner el cuerpo y la vida.
“La ayuda económica es necesaria,
pero también lo es la confianza,
la formación, la educación que libera”
¿Qué te gustaría que quienes os apoyan desde España entendieran de vuestro trabajo?
Que la ayuda económica es necesaria, sí, pero también lo es la confianza, la formación, la apuesta por una educación que libera. La HOAC ha sido muy significativa en esto. Paso a Paso es comunidad. Es apuesta por la dignidad y la justicia.
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