Si Foucault hiciera “crossfit”

Había abrazado la ociosa procrastinación y estaba retando al algoritmo, deslizando la interminable sucesión de reels, hasta que una publicación de una cuenta en Instagram llamada @strong.spinelli captó mi atención. Es una cuenta, como tantas, de contenido fitness, que comparte entrenamientos, consejos, frases motivadoras… ¿o no? Con mucho acierto, la publicación reflexionaba sobre los componentes que atraviesan a la práctica del deporte en el contexto neoliberal.
Todos los aspectos de la vida están atravesados por la política, el deporte también. Vivimos en el momento del neoliberalismo, del autogobierno como empresarios de nosotros mismos. Somos individuos meritocráticos responsabilizados de nuestro éxito y nuestros fracasos vitales, en un mercado de interminable competencia y sucesivas múltiples ofertas para la promesa de la libre elección.
En este momento, el consenso colectivo impone que hay que entrenar, cuidarse, estar fuerte, tener un cuerpo normativo. Por eso, pese a aceptar este contexto ineludible e insertarnos en sociedad asumiendo lo imperante de hacer deporte, cuidarnos, buscar la salud y el bienestar emocional y psicosomático, etc., cabría situar algunas cuestiones. Le tomo prestada la reflexión a @strong.spinelli:
El neoliberalismo despolitiza las condiciones sociales estructurales, ignorando respecto a la práctica del deporte cuestiones de origen, clase, salud, género, raza, tiempo, recursos, corporalidad, etc., poniendo todo el foco en el individuo, responsable único de su bienestar físico y emocional. Cualquier persona, con esfuerzo, puede alcanzar el objetivo físico impuesto. Si no te acercas al canon físico, es porque no te lo has tomado en serio, siendo responsable de tu fracaso, porque no lo has merecido lo suficiente.
Todas las sociedades han tenido un canon estético, una idea intersubjetiva de belleza, pero en el contexto individualizado, competitivo, darwinista y meritocrático del neoliberalismo, la belleza canónica del cuerpo “fit” se transforma en una suerte de marcador de virtud, disciplina y autocontrol. El cuerpo no solo es una manifestación física, e incluso una aspiración estética. Pasa a convertirse en una prueba visible del mérito, una marca de adaptabilidad y un anuncio en el mercado del consumo.
La exigencia constante, la disciplina, la disociación entre nuestra aspiración de construir el cuerpo perfecto, la vida perfecta, y la no aceptación de nuestro presente físico, mental y vital, genera un sufrimiento insalvable. Incluso si entreno, si mejoro, sigo teniendo lejos la meta del cuerpo normativo. Me impongo más disciplina, una dieta, suplementación. Incluso si me acerco al estándar aspiracional, ese estándar se sigue deformando, alejando, nunca es suficiente… El “goce”, que se podría esperar como contrapartida al sufrimiento para alcanzar ese cuerpo aspiracional, se reinvierte, se vuelve a apostar en búsqueda de un mayor rendimiento de ese goce. Y vuelta a la disciplina y el sufrimiento, a seguir mejorando, creciendo, adaptándome, siendo más consumible en una vida acelerada y de constante cambio. La exigencia constante, también la física, se presenta como “mejora”, “constancia”, “empoderamiento”.
No sé si era su objetivo, pero el análisis del discurso alrededor del deporte de @strong.spinelli nos estimula a impugnar la responsabilidad individual y el mérito como formas de control ciegas ante el contexto estructural. Además, es un llamado a dejar de aceptar el canon estético como elemento de validación e inserción, y a negar la virtud de la autoexplotación y en última instancia cuestionar la gestión de nuestras vidas como empresarios de nosotros mismos.
Llegados a este punto, la reflexión no ignora cómo este proceso se somete al escaparate público (no colectivo) de las redes sociales. Nuestras vidas neuróticas y absolutamente individualistas se desarrollan en la sociedad del espectáculo de un mundo interconectado y de hiperestimulación. Todos somos creadores de contenido, nos exponemos, y consumimos las vidas de los demás en el escaparate del mercado de carne virtual, donde los individuos muestran la ficción de vidas adaptadas al contexto y a la centrifugación neoliberal, en inacabable competencia.
La insalvable necesidad de comunidad en muchos casos se suple, sin ser una respuesta satisfactoria, con una suerte de “tribalismo digital” en entornos en los que el algoritmo va produciendo cámaras de eco afines a gustos, intereses, procesos vitales. Así se retroalimenta la vorágine, reforzando prácticas, estéticas y creencias desde un sesgo de confirmación alimentado por la necesidad de pertenencia a algún colectivo de individuos atomizados.
El deporte y la actividad física son elementos necesarios, tan necesarios como ser consciente del contexto neoliberal y sus dinámicas. Este es nuestro momento histórico, con sus rasgos de época. No podemos aspirar a escindirnos completamente de ello, pero sí debemos afrontarlo desde una perspectiva consciente, analítica y crítica, observando cómo estos rasgos permean en todos los aspectos de la vida, y teniendo presente que cada uno de esos aspectos es un espacio de disputa política, emocional y económica que se puede impugnar (y al que se le pueden construir alternativas). @strong.spinelli acababa la publicación afirmando que señalar la estructura no elimina la agencia individual, la sitúa, y sentenciando que revisar el discurso que domina un hecho no es atacar la realización del hecho en sí, en este caso el deporte.
Si Foucault hubiera nacido en el 2000, quién sabe si hoy sería crossfitero.




