Pregón de Cuaresma: “Dibujando el futuro juntos – Batera”

Éste es el tiempo.
No otro.
Ahora.
Tiempo favorable,
dice el apóstol (cf. 2 Co 5, 20–6,2).
Tiempo de volver al corazón
y rasgarlo por dentro (cf. Jl 2, 12-18).
Éste es un tiempo para convencidos.
Para quienes todavía creen
que el polvo puede florecer
si el Aliento de Dios lo visita.
Tiempo de entrenamiento del alma,
de mochila ligera y paso compartido.
No caminamos solos.
Caminamos juntos.
Batera.
Tiempo de escuchar.
Porque Dios escucha el clamor del pueblo
y nos enseña a escuchar el grito
de los barrios heridos,
de las mujeres que sufren violencia,
de las familias rotas,
de la juventud sola frente a pantallas encendidas
y corazones apagados.
Tiempo de desierto,
sí.
Pero desierto habitado.
Silencio donde resuena:
“Crea en mí un corazón puro” (Sal 50).
Tiempo de ayuno verdadero:
ayuno de palabras que hieren,
de juicios rápidos,
de indiferencia cómoda.
Ayuno que ensancha el deseo
y lo vuelve hambre de justicia.
Éste es el tiempo
de dibujar el futuro.
No con tinta de miedo,
sino con lápices de misericordia.
Dibujar comunidades abiertas,
donde quepan todas las familias,
todas las culturas,
todas las búsquedas sinceras.
Dibujar parroquias-casa,
mesa compartida,
abrazo que no pregunta primero,
sino que acoge.
Tiempo de humanidad rota y dividida
que anhela tierra prometida,
que busca unidad sin uniformidad,
comunión sin exclusión.
Tiempo de tentaciones
—de poder, de apariencia, de ego—
y tiempo de decisiones claras:
orar en lo secreto,
dar sin exhibirse,
ayunar con humildad (cf. Mt 6, 1-6.16-18).
Tiempo de traspiés y restauraciones,
de cegueras y luces nuevas,
de perdones que reconstruyen historia.
¡Todo en cuarenta días!
Cuarenta días
para soltar ídolos invisibles,
para dejar caer máscaras,
para volver al Padre
con el corazón desnudo.
Éste es el tiempo de las personas nuevas.
De quienes saben que son polvo
pero también promesa.
De quienes se atreven
a pasar del “yo” al “nosotros”,
del espectador al protagonista,
de la queja al compromiso.
Éste es el tiempo
de la Iglesia que camina
y aprende a caminar junta.
Tiempo de dibujar el futuro
no desde la nostalgia,
sino desde la esperanza.
Que la ceniza en nuestra frente
no sea signo de derrota,
sino trazo primero
de un mundo reconciliado.
Que al final de la Cuaresma
podamos decir:
No caminamos solos.
No ayunamos solos.
No soñamos solos.
Hemos dibujado el futuro
juntos.
Batera.
Amén.

Consiliario de la HOAC de Bilbao



