Pastoral del Trabajo de Jaén denuncia la especulación inmobiliaria como obstáculo a la emancipación de los jóvenes

Pastoral del Trabajo de Jaén denuncia la especulación inmobiliaria como obstáculo a la emancipación de los jóvenes
La Pastoral del Trabajo de la Diócesis de Jaén celebró en Mengíbar su III Jornada Diocesana de Pastoral del Trabajo, centrada este año en la pinza que estrangula el presente y el porvenir de miles de las generaciones jóvenes, la precariedad laboral y el encarecimiento de la vivienda.

Bajo el lema “Derechos sagrados para la juventud: tierra, techo y trabajo”, el encuentro reunió a agentes de pastoral, familias y jóvenes en colaboración con la Delegación Diocesana de Infancia y Juventud.

La jornada comenzó con una oración guiada por el consiliario de la Pastoral del Trabajo, Pedro Montesinos, quien situó en primer plano “los sueños aplazados, los esfuerzos que no alcanzan y la incertidumbre ante un empleo inestable”.

En su intervención denunció que “la vivienda no puede seguir siendo un privilegio”, a la vez que reclamó políticas públicas “justas y solidarias” que garanticen derechos básicos y comunidades capaces de sostener a la juventud en su búsqueda de futuro.

El delegado de Infancia y Juventud, Antonio Blanca, expresó la satisfacción por la diversidad de asistentes, destacando la presencia conjunta de jóvenes, familias y agentes de pastoral.

Afirmó que poner rostro a los problemas es fundamental “para no banalizar el sufrimiento ni reducir la realidad a meras estadísticas”, recordando que “detrás de cada dato hay vidas, anhelos y heridas que piden dignidad”.

Por su parte, el delegado de Pastoral del Trabajo, Bartolomé Mateos, subrayó que estas jornadas buscan “confrontar la fe con realidades donde hoy se niega la dignidad humana”, y advirtió que la falta de acceso a la vivienda ya no es un fenómeno coyuntural, sino una situación estructural que condiciona el presente y clausura el futuro de la juventud.

El momento más contundente llegó con la intervención de Mélani Ruiz, militante de la Juventud Obrera Cristiana (JOC), quien verbalizó un sentimiento compartido entre jóvenes: “El futuro no es nuestro”.

La vivienda, un bien de mercado

Ruiz relató que trabajar “ya no garantiza vivir”, pues los salarios se disuelven en alquileres “inasumibles”, y la emancipación ha dejado de ser un derecho para convertirse en una rareza. Insistió en que no se trata de un fallo individual, sino de un sistema que ha convertido la vivienda “en un bien de mercado y no en un derecho que sostiene la vida”.

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A estas reflexiones se sumó la trabajadora social Anabel Garzón, que compartió su propia dificultad para acceder a una vivienda pese a contar con empleo estable.

“Más de la mitad de mi salario se va al alquiler”, afirmó. Desde su experiencia profesional añadió que las familias vulnerables –especialmente migrantes– viven “auténticos estados de excepción habitacional”, marcados por precariedad, hacinamiento e insalubridad, situaciones que afectan directamente a la salud y la dignidad.

El testimonio de Nelson y Carlos, ambos migrantes, aportó la dimensión más cruda del encuentro. Narraron cómo su condición de extranjeros convierte el acceso a vivienda y trabajo en una sucesión de obstáculos, rechazos y silencios administrativos que erosionan derechos básicos y dificultan cualquier proyecto vital.

La jornada concluyó con un mensaje claro: hablar de vivienda es hablar de dignidad, estabilidad, comunidad y futuro.

“Cuando una generación no puede imaginar su mañana, la sociedad entera se resquebraja”, recordó Bartolomé Mateos en la clausura.

Inspirado en el magisterio social de la Iglesia, subrayó que la fe cristiana “no puede desligarse del compromiso con los pobres”, y que la caridad exige también interpelar al ámbito político para reclamar políticas valientes que garanticen condiciones de vida dignas.

“Solo así —afirmó— la fe se hace carne, la fraternidad se vuelve real y la Iglesia cumple su misión de habitar la historia junto a los últimos”.

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