La Revuelta de Mujeres en la Iglesia exige cambios estructurales y convoca actos en 35 territorios con el lema “Este es mi cuerpo”

La Revuelta de Mujeres en la Iglesia exige cambios estructurales y convoca actos en 35 territorios con el lema “Este es mi cuerpo”
El manifiesto reclama el acceso de las mujeres al diaconado y al presbiterado y denuncia la discriminación estructural dentro de la institución

La Revuelta de Mujeres en la Iglesia volverá a alzar la voz en todo el país con una nueva convocatoria estatal articulada en torno al lema “Este es mi cuerpo”. El núcleo de la movilización es el manifiesto difundido por este movimiento: un texto de fuerte contenido eclesial y social que reclama cambios estructurales y denuncia lo que califican como una discriminación persistente en el seno de la Iglesia.

“Somos mujeres creyentes. Vivimos con pasión el seguimiento de Jesús de Nazaret”, comienza el texto. Desde esa identidad explícitamente eclesial, las mujeres de la Revuelta subrayan su compromiso con “la renovación de la Iglesia y la transformación social desde la perspectiva de las mujeres”.

“Vivimos una profunda discriminación en la Iglesia y ha llegado el momento de decir ‘¡Basta ya!’. Ni podemos ni queremos callarnos”, subrayan.

El manifiesto denuncia “las múltiples formas de injusticia e invisibilización” que, aseguran, padecen en la institución. A su juicio, la estructura eclesial “está quedando al margen de las conquistas sociales en igualdad y corresponsabilidad y está cometiendo un error”.

Entre sus reivindicaciones centrales figura “la necesidad de un cambio en el acceso al diaconado y al presbiterado femenino, para atender a las comunidades cristianas”. También denuncian la “desproporción entre el número de teólogas preparadas y los puestos que ocupan como docentes en las facultades de teología y en otros puestos de responsabilidad”, así como la escasa valoración de la teología feminista como “motor de cambio”.

Las mujeres de la Revuelta recuerdan que constituyen la “mayoría aplastante” en el voluntariado, en las celebraciones religiosas, en catequesis, en pastoral, en la acción social con las personas más empobrecidas, en los movimientos eclesiales, en la enseñanza o en la vida religiosa. Sin embargo, afirman, “somos las manos y el corazón de la Iglesia, pero se nos niega la palabra, tener voz y voto, la toma de decisiones y el liderazgo”.

El manifiesto reclama asimismo la eliminación del lenguaje patriarcal y sexista en homilías, textos litúrgicos y documentos; una revisión de la moral sexual que “se preñe de ternura y misericordia y deje de culpabilizar a las mujeres”; y un diálogo real con los movimientos de liberación femenina, así como el reconocimiento de la diversidad de familias, identidades y orientaciones sexuales.

La Revuelta pide que la Iglesia denuncie “el sistema económico neoliberal que impide que las personas tengamos unas condiciones de vida acordes con nuestra dignidad”, al considerar que este modelo “expolia la tierra, fomenta la feminización de la pobreza y favorece la explotación laboral y sexual de las mujeres”.

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Pese al tono crítico, el texto está atravesado por una afirmación de pertenencia: “Trabajamos en la Iglesia, porque es nuestra comunidad de referencia para vivir el Evangelio. Seguiremos trabajando en ella para que podamos recuperar la comunidad de iguales que trajo Jesús”. Y concluye con una apelación colectiva: “No estamos solas. Formamos parte de una red que crece cada día (…) hasta que la igualdad sea costumbre”.

“Este es mi cuerpo”: una resignificación simbólica

Las convocatorias de este año, el sexto desde su origen, incorporarán una performance pública articulada en torno al lema “Este es mi cuerpo”, expresión central de la Eucaristía que las organizadoras resignifican para denunciar el control institucional sobre los cuerpos y las vidas de las mujeres.

La acción simbólica girará en torno a dos arquetipos femeninos que, según explican, han marcado la tradición eclesial: la Virgen María, asociada a la pureza y la sumisión; y Eva, vinculada a la desobediencia y el pecado. “A lo largo de los siglos, las mujeres en la Iglesia hemos sido categorizadas en estos dos imaginarios de mujer”, sostienen.

Con esta representación quieren denunciar “la inmovilidad con la que el patriarcado clerical” las ha situado históricamente en una posición subordinada. “Basta ya de abusos de poder contra los cuerpos y las vidas de las mujeres”, proclaman. Frente a esa dicotomía reductora, reivindican una identidad plural y compartida: “Somos Marías y Somos Evas, somos una, somos todas”.

Calendario y territorios

La movilización se desarrollará en 35 territorios a lo largo de varios días. Este domingo 1 de marzo tendrán lugar actos en Alicante, Barcelona, Bilbao, Burgos, Córdoba, San Sebastian, Granada, Huelva, Huesca, Pamplona, Las Palmas de Gran Canaria, León, Logroño, Lugo, Madrid, Murcia, Oviedo, Salamanca, Santander, Santiago de Compostela, Tenerife, Valencia, Valladolid, Vigo y Zaragoza.

El 6 de marzo la convocatoria se celebrará en Vitoria-Gasteiz. El 7 de marzo se desarrollará en Almería, Badajoz, Málaga y Sevilla. Y el 8 de marzo culminará en Jaén y Ciutadella.