La diócesis de Vitoria rendirá homenaje a los cinco obreros muertos en el 50º aniversario de la masacre del 3 de marzo

La diócesis de Vitoria ha convocado un acto solemne para conmemorar el 50º aniversario de los sucesos del 3 de marzo de 1976, una fecha marcada en la memoria colectiva de la ciudad. Aquel día, cinco obreros, vecinos de Vitoria-Gasteiz, perdieron la vida durante una protesta laboral, convirtiéndose en símbolo de la lucha por los derechos sociales y las libertades democráticas.
Como parte de esa memoria histórica y de su compromiso con el futuro, la Iglesia local rendirá homenaje a Bienvenido Pereda Moral, Francisco Aznar Clemente, Romualdo Barroso Chaparro, Pedro María Martínez Ocio y José Castillo García, los cinco trabajadores fallecidos.
El acto tendrá lugar el próximo martes, 3 de marzo de 2026, en la Catedral de María Inmaculada, Madre de la Iglesia, el mismo templo que acogió el funeral de las víctimas hace medio siglo.
La misa conmemorativa comenzará a las 17:45 horas y estará presidida por el obispo de Vitoria, Juan Carlos Elizalde, acompañado por sus vicarios episcopales.
La diócesis ha invitado a representantes institucionales, asociaciones y al tejido social de la ciudad, incluida la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) de Vitoria, a participar en esta celebración, que pretende honrar de manera solemne a quienes “rubricaron con su sangre” —según expresan— los derechos laborales y la aspiración de una sociedad más justa en una época convulsa.
De este modo, la Iglesia se suma al sentir de la ciudad, en la que se han convocado infinidad de actos coincidiendo con este aniversario, empezando con un homenaje institucional en el Palacio de Congresos Europa, abierto a toda la ciudadanía, el 28 de febrero, y continuando el 3 de marzo con la tradicional manifestación y la ofrenda floral en el monolito de Zaramaga, en la que participarán asociaciones de víctimas y sindicatos bajo el lema “Atzo eta gaur borrokan – Hacia un futuro justo”.

Acabar a tiros con la movilización obrera
Además, la ciudad acogerá un ciclo cultural con cine, exposiciones y concursos literarios dedicados a la memoria de los sucesos, así como el concierto “M3moria Zuzenean” en la sala Jimmy Jazz, con las actuaciones de Olaia Inziarte, Izaki Gardenak y Nhil, mientras que la gestión de ofrendas en el entorno de Zaramaga se organizará en turnos de 15 minutos dirigidos a partidos políticos, colectivos y asociaciones.
Símbolo de la lucha obrera y por las libertades
El 3 de marzo de 1976, en plena transición española, una intervención policial durante una asamblea de trabajadores en la Iglesia de San Francisco de Asís, en el barrio obrero de Zaramaga, dejó cinco obreros muertos y más de un centenar de heridos. Aquella masacre marcó profundamente a la ciudad y se convirtió en símbolo de la lucha obrera y de la reivindicación de derechos laborales y democráticos.
Miles de trabajadores se habían reunido para conocer y debatir la marcha de la huelga convocada en la ciudad para reclamar mejoras laborales en un clima de alta tensión social.
La entrada de la policía en el templo –hoy descralizado y recién convertido en lugar de memoria–, utilizando gases lacrimógenos, pelotas de goma y fuego real, provocó la muerte de los cinco trabajadores. Los hechos generaron protestas masivas y huelgas en todo el país.
La crónica de los hechos publicada en la revista Noticias Obreras de la segunda quincena de aquel año detallaba que la huelga había comenzado el 9 de enero en la empresa Forjas Alavesas, para luego extenderse a Mevosa, Aranzabal, Gabilondo, Cablenor, Aellaniz, Areito, Crenor, Tubopals y UGO y Orbegozo.
Las reivindicaciones entonces eran la jornada semanal de 40 horas, el derecho a la jubilación, la igualación salarial, la negociación en las empresas a través de “auténticos representantes elegidos en asamblea” y la prohibición de despidos, detenciones o represalias de trabajadores por “luchar por sus intereses”.
Según publicó Noticias Obreras, “lo que pudo ser una lucha económica normal en defensa de unos derechos se transforma en una situación de violencia. La clase obrera no quería sangre, sino pan”.
También se decía que “quizá sería necesario investigar la responsabilidad de quien ha endurecido a lo largo de estos dos meses la intransigencia patronal”.
La extensa información da cuenta de las declaraciones oficiales y reacciones y narra el día del funeral.
“La misa es oficiada por el obispo y más de 50 sacerdotes. Se lee una homilía en la catedral firmada por todos, en que se recuerda que “aunque no fuera más que porque dos de los muertos han sido prácticamente muertos a la sombra de uno de nuestros templos, tendría que decir, no con odio, pero sí con clara firmeza, una palabra de denuncia”.
Teófilo del Valle, abatido en Elda
Las muertes de Vitoria no fueron las primeras ni las últimas de la lucha por recuperar la democracia. Una semana antes, había muerto Teófilo del Valle Pérez, en Elda (Alicante), también abatido por disparos de la policía armada, a la salida de una asamblea del sector del calzado. El joven está considerado como la primera víctima mortal de la represión de las Fuerzas de Orden Público tras la muerte de Franco.

En una marcha en Bilbao, durante la jornada de huelga convocada en el País Vasco el día 8 de marzo, la Policía volvió a disparar y resultó muerto un hombre, además de docenas de heridos. “En una manifestación en Tarragona, donde se hacía alusión a Vitoria, resultó muerto un trabajador al caer de una azotea”, se lee en las páginas de la revista de 1976.
El editorial del número 684 critica abiertamente la cobertura de los medios de comunicación –que justificaron la intervención policial con argumentos que todavía hoy se siguen repitiendo, como la financiación extranjera de acciones contra el orden establecido o el transfondo político de las aspiraciones laborales–, además de la versión de las autoridades del régimen franquista, pero también “la actitud desconsiderada de las empresas empeñadas en prolongar situaciones de confrontación, negándose al diálogo y prosiguiendo la escalada de despidos políticos”.
En otro artículo, ya se advierte que “los sucesos de Vitoria se pueden repetir mañana, dentro de un mes, o en cualquier momento, mientras no existan cauces efectivos para que la voluntad popular se exprese”.
Desgraciadamente, el reguero de muertes y los actos de violencia que siguieron confirmaron los peores pronósticos.
En la portada del “Boletín HOAC” (actual Noticias Obreras), de junio de 1976, se lee: “Francisco Aniano Jiménez Santos”, militante de la HOAC, asesinado en Montejurra”. Pero eso es ya también otra historia.
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Redactor jefe de Noticias Obreras



